Nueva apuesta al fracking

Entrevista AL DORSO | Félix Herrero 08.11.2019. “Es claro que Vaca Muerta está en un proceso de decaimiento. Para este gobierno, para Macri, el destino era Vaca Muerta, el destino argentino era Vaca Muerta. Es una locura pensar una Nación dependiendo de un yacimiento” explica Félix Herrero (…)

 

Nueva apuesta al fracking 

Entrevista AL DORSO | Félix Herrero 08.11.2019.

Uno de los grandes bastiones de la gestión y discurso macrista fue el desarrollo e impulso de la producción en el yacimiento Vaca Muerta. El Estado argentino a partir del mes de abril no pudo cumplir con las obligaciones asumidas en cuanto a subsidios para con las empresas encargadas de la explotación de energía, debido a la situación deficitaria en materia financiera. “Es claro que Vaca Muerta está en un proceso de decaimiento. Para este gobierno, para Macri, el destino era Vaca Muerta, el destino argentino era Vaca Muerta. Es una locura pensar una Nación dependiendo de un yacimiento” explica Félix Herrero. 

El fracking no es una actividad sustentable de por sí. Como lo explica Félix Herrero: “Tiene dos grandes bastones: en Estados Unidos es el endeudamiento continuo y en Argentina es el subsidio de entes públicos de Nación y provinciales que están dando subsidios a las empresas”. Esta situación se da aún cuando los gobiernos provinciales no pueden afrontar esas obligaciones, dando lugar a conflictos como los ocurridos en la provincia de Chubut.

En la actualidad, Techint es la principal productora de Vaca Muerta a través de su empresa Tec Petrol. A partir de un decreto se estableció que los subsidios a las empresas se darán a partir de la producción real del yacimiento y no por la proyección. Ante esta situación, la empresa comienza a realizar una sobre producción para poder recibir subsidios más altos. En este sentido, hoy el conflicto se centra en que hay una diferencia a pagar a la empresa que ronda los 300 millones de dólares.

“No va en sentido de la política energética. Se van adecuando y arreglando, haciendo andrajos de una ley según los intereses del momento” explica Félix Herrero en relación a la Ley de Hidrocarburos, y agrega: “Lo que hay que tener en cuenta es que se ha podido dividir la propiedad y el dominio de la renta. Han podido darle el dominio a las provincias. Ahora hay 10 provincias con dominio pero ninguna tiene el producto bruto interno como para enfrentar las obligaciones que acarrea”.

Al atravesar las últimas semanas de la gestión actual, el presidente electo Alberto Fernández, comienza a dar los primeros pasos en las políticas energéticas que llevará adelante en su gestión. “Hay dos corrientes, una más liberal que es la que representa Alberto Fernández y una línea más peronista, más populista si se quiere, que sería de Cristina Fernández” explica Félix Herrero. Alberto Fernández planea realizar una nueva modificación de Ley de Hidrocarburos, apuntando al ingreso de nuevas inversiones.

24

El «barril criollo» extranjerizado

Entrevista AL DORSO | Félix Herrero 20.09.2019. En diálogo con Félix Herrero analizamos la suba del precio de un 4% en la nafta, la gasolina y del diesel y en qué modo es real el impacto de dichos ataques con estos aumentos (…)

 

El barril criollo extranjerizado

Entrevista AL DORSO | Félix Herrero 20.09.2019.

A partir de un ataque a una de las principales instalaciones petroleras de Arabia Saudita -que dejó como resultado dos grandes focos de incendio en una de las refinerías más importantes- se han sucedido una serie de variaciones en los precios del petróleo a nivel mundial. El precio del petróleo crudo subió en las cotizaciones un 12%, inmediatamente después de que sucedieran los ataques, pero a los tres días la suba se redujo a un 6%. Arabia Saudita exportaba hasta el momento 12 millones de barriles diarios de los 100 millones que se consumen en el mundo. Luego de estos acontecimientos redujo las exportaciones a la mitad. 

DESCARGAR AUDIO ENTREVISTA AQUÍ 

En diálogo con Félix Herrero analizamos la suba del precio de un 4% en la nafta, la gasolina y del diesel y en qué modo es real el impacto de dichos ataques con estos aumentos. Félix Herrero plantea: “En nuestro país se dijo que como hubo un aumento del crudo en el mundo, nosotros tenemos que aumentar el 4%. Esto es curioso porque si nosotros sabemos que de los componentes de la nafta, el crudo es el 40%, si la caída ha sido del 6% ¿por qué aumenta un 4%? Es 2,4% el aumento, acá aumentó un 4%”

Por su parte, al tener en cuenta que la suba primera del 12% a nivel mundial en tres días se redujo a 6%, Félix Herrero aclara: “Cuando el crudo sube en el mundo, las naftas argentinas suben, pero cuando el crudo baja en el mundo la nafta argentina no baja”. Teniendo en cuenta la producción local de petróleo a partir de yacimientos como el de Vaca Muerta, Félix Herrero explica que el costo de producción de un barril en Argentina es de 20 dólares y el de otros yacimientos es bastante menor. “Lo que regula el precio en nuestro país no es la producción sino los precios que imponen las petroleras”, finaliza.

A partir del análisis que realiza Félix Herrero, establece que el aumento que se genera ahora en los combustibles tienen que ver con que “la Argentina está subiendo las naftas en función de su inflación y no en función de los costos. Las petroleras imponen precios según sus costos.” Sin perder de vista que el Estado argentino funciona como un gran subsidiario del sector petrolero. “Todas las cifras tienen poco que ver cuando sabemos que hay un subsidio del estado a Vaca Muerta”.

El círculo de producción económica de nuestro país está regulado y es dependiente del precio de los combustibles porque el traslado es uno de los eslabones principales del mismo. “Si se quiere eliminar la inflación hay que paralizar por lo menos por un tiempo el precio de las naftas”, aclara Félix Herrero en referencia a la incapacidad del gobierno actual de bajar la inflación mes a mes. “Hay nn sector que hace lo que quiere. El poder real es el financiero y el petrolero y hacen lo que quieren y el gobierno hace lo que le dicen” concluye Félix Herrero.

16

Chacra 51: Antropoceno, fracking y la vuelta al páramo

Maristella Svampa 19.04.2019. A partir del avance del neo-extractivismo al que se ven sometidos diferentes territorios de nuestro país, Maristella Svampa analiza las modificaciones y consecuencias socioecológicas de este modelo de mal desarrollo desde la experiencia vivida en su pueblo natal, Allen, en el Alto Valle de Río Negro y que cuenta en su último libro “Chacra 51” (…)

 

Chacra 51: Antropoceno, fracking y la vuelta al páramo

Entrevista AL DORSO | Maristella Svampa (19.04.2019) 

DESCARGAR AUDIO 1 AQUÍ

DESCARGAR AUDIO 2 AQUÍ

DESCARGAR AUDIO 3 AQUÍ

A partir del avance del neo-extractivismo al que se ven sometidos diferentes territorios de nuestro país, Maristella Svampa analiza las modificaciones y consecuencias socioecológicas de este modelo de mal desarrollo desde la experiencia vivida en su pueblo natal, Allen, en el Alto Valle de Río Negro y que cuenta en su último libro “Chacra 51”.

Partiendo de la situación de crisis en términos socioecológicos -como consecuencia directa de la extracción de energías no convencionales a partir de la técnica del fracking-, la socióloga, escritora e investigadora Maristella Svampa utiliza el concepto de “antropoceno” para describir y caracterizar la época actual. Este término refiere principalmente al vínculo del ser humano con el planeta tierr. Durante el holoceno implicó una estabilidad, pero en la actualidad del antropoceno los impactos humanos al planeta se sienten y traspasa un umbral que resulta irreversible para la ecología y que tienen su principal repercusión en términos climáticos.

La propuesta del capitalismo ante este contexto es tecnocrática y gira alrededor de cuatro ejes: la expansión de las energías extremas, la mercantilización de las energías renovables, una falsa salida a partir del uso de los bio-combustibles y la geo-ingeniería a través de la intervención del clima. A partir del análisis que realiza Maristella Svampa, esto significa poner a la ciencia como remedio a los desastres del capitalismo, sabiendo que tendrían además efectos colaterales.   

Ante este panorama, Maristella Svampa hace hincapié en que hace tiempo no hay discusión sobre las alternativas a este modelo que posiciona a distintos países como economías alternativas dentro de la división internacional del trabajo. Agrega además que se genera una geopolítica del antropoceno en la que los países más poderosos cumplen un rol principal, pero también entran en vinculación aquellos que se encuentran en vías de desarrollo.

Resulta de este análisis la necesidad de generar cambios en los modelos de consumo a partir de una mirada más integral en la que se tenga en cuenta la matriz de extracción y de producción que tiene consecuencias devastadoras para el planeta, pero también el modelo de consumo y de distribución. Ante esta perspectiva, la responsabilidad recae en la totalidad de los países, más allá del rol primario o secundario que ocupen.

26

Narrativas de la crisis socioecológica en el Antropoceno

Maristella Svampa. Diciembre 2018. En medio de la crisis ecológica y el calentamiento global, se ha expandido el uso del concepto «Antropoceno» para caracterizar nuestra época. Al mismo tiempo, las imágenes del fin pueblan diversas advertencias, análisis y pronósticos referidos al devenir de la humanidad en un futuro más o menos próximo. En ese contexto, han emergido tres respuestas: la que pone el acento en el colapso civilizatorio, la que busca salidas capitalistas-tecnocráticas y la que impulsa diferentes formas de resistencia antisistémica (…)

Imágenes del fin
Narrativas de la crisis socioecológica en el Antropoceno

Por Maristella Svampa | Nueva Sociedad

En medio de la crisis ecológica y el calentamiento global, se ha expandido el uso del concepto «Antropoceno» para caracterizar nuestra época. Al mismo tiempo, las imágenes del fin pueblan diversas advertencias, análisis y pronósticos referidos al devenir de la humanidad en un futuro más o menos próximo. En ese contexto, han emergido tres respuestas: la que pone el acento en el colapso civilizatorio, la que busca salidas capitalistas-tecnocráticas y la que impulsa diferentes formas de resistencia antisistémica.

Al designar un nuevo tiempo en el cual el ser humano se ha convertido en una fuerza de transformación global con alcance geológico, la categoría «Antropoceno» se ha revelado central para hacer referencia a la actual crisis socioecológica. En términos de diagnóstico, el Antropoceno instala la idea de «umbral» frente a problemáticas ya evidentes como el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad1. El concepto, acuñado por el químico Paul Crutzen en 2000, pronto fue expandiéndose no solo en el campo de las ciencias de la tierra sino también en las ciencias sociales y humanas, e incluso en el campo artístico, razón por la cual devino una suerte de «categoría síntesis», esto es, un punto de convergencia de geólogos, ecólogos, climatólogos, historiadores, filósofos, artistas y críticos de arte, entre otros. Para las visiones más críticas, la evidencia de que estamos asistiendo a grandes cambios de origen antrópico o antropogénico, a escala planetaria, que ponen en peligro la vida en el planeta, se halla directamente ligada a la dinámica de acumulación del capital y a los modelos de desarrollo dominantes, cuyo carácter insustentable ya no puede ser ocultado.

Para no pocos especialistas y científicos, entre ellos el citado Crutzen, habríamos ingresado en el Antropoceno hacia 1780, esto es, en la era industrial, con la invención de la máquina de vapor y el comienzo de la era de los combustibles fósiles. Para otros, como el Anthropocene Working Group del Servicio Geológico Británicointegrado por un grupo de científicos de la Universidad de Leicester bajo la dirección de Jan Zalaslewicz, el planeta habría atravesado el umbral de una nueva era geológica hacia 1950, pues las marcas estratigráficas que determina ese cambio son los residuos radiactivos del plutonio, tras los numerosos ensayos con bombas atómicas realizados a mediados del siglo xx. Finalmente, para el historiador ecomarxista Jason Moore, habría que indagar en los orígenes del capitalismo y la expansión de las fronteras de la mercancía, en la larga Edad Media, para dar cuenta de la fase actual, que él denomina «Capitaloceno»2.

El concepto mismo de Antropoceno se instala pues en un campo de disputa, no tanto ligado al alcance de la crisis socioecológica –cuya gravedad es subrayada de manera amplia– como a la cuestión de dilucidar cuáles son las vías de la transición o los mecanismos de intervención propuestos para superar esa crisis. En razón de ello, en este artículo quisiera explorar algunas de las narrativas3 contemporáneas en torno de la crisis socioecológica: la «colapsista», la tecnocrática y la de las resistencias antisistémicas, con el objetivo de explorar sus alcances, a la vez políticos y civilizatorios. En un segundo momento, me detendré a dar cuenta de cómo, al calor de la crisis socioecológica, se ha afianzado la crítica a los paradigmas dualistas asociados a la Modernidad occidental, cuya contracara es la revalorización de los enfoques relacionales en el vínculo sociedad/naturaleza, humano/no humano.

La narrativa del colapso

Existe una profusa bibliografía acerca del colapso civilizatorio, un campo que desafortunadamente en la actualidad revela una gran potencialidad explicativa. No son pocos los especialistas que postulan que el ecocidio es la mayor amenaza que pesa sobre la sociedad mundial, incluso mayor que la hipótesis de una guerra nuclear o de una pandemia. Las narrativas del colapso constituyen un relato del fin del mundo, pero a diferencia del pasado, no se nutren de creencias religiosas sino de datos duros y finas argumentaciones que proveen las diferentes ciencias de la tierra (geofísica, paleontología, climatología, hidrografía, oceanografía, meteorología, geomorfología, biología, entre otras), a las que hay que sumar las ciencias ambientales (ecología política, economía ecológica, historia ambiental, entre otras). Son nuestras nuevas y modernas teorías sobre el fin del mundo, ahora con sustrato científico.

Para ilustrar esta visión quisiera tomar tres textos diferentes. El primero es el conocido libro de Jared Diamond, geógrafo y ambientalista de renombre internacional, quien en 2004 publicó Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen4¿Qué es lo que hace que una determinada cultura, otrora una sociedad pujante, llegue a desaparecer? ¿Cuáles son los factores que hacen especialmente vulnerable a una sociedad?, se pregunta Diamond. Por colapso, este autor no entiende la desaparición de un día para el otro de una cultura o una determinada civilización, a la manera de las películas apocalípticas del cine hollywoodense. El colapso presupone un «drástico descenso del tamaño de la población humana y/o la complejidad política, económica y social a lo largo de un territorio considerable y durante un periodo de tiempo prolongado»5. Entre los factores que llevaron al colapso a sociedades del pasado están la deforestación, la erosión del suelo, la mala gestión del agua, la sobrepesca, la caza excesiva, la introducción de especies alógenas, el aumento de la población y el impacto humano sobre su entorno. Todos estos factores de riesgo están presentes en nuestra civilización y a ellos se suman otros agravantes, como el cambio climático y la quema de combustibles fósiles. Pero a esto hay que añadir la mayor amplitud de los impactos, esto es, la gran escala, el nivel planetario que tendría un desastre en nuestros días.

El segundo texto sobre el colapso es del notable ecologista español, ingeniero de profesión, Ramón Fernández Durán, fallecido hace unos años, quien dejó una obra inconclusa en dos tomos en la que analiza el declive y hundimiento del capitalismo global. En un texto más breve, publicado en 20116, Fernández Durán sostiene que el colapso no sería repentino, sino «un lento proceso con altibajos, pero con importantes rupturas», un largo declive de la civilización industrial que podría durar 200 o 300 años. Sus causas: los límites ecológicos del planeta y el agotamiento de recursos, muy especialmente debido a la (in)capacidad de aprovisionamiento de combustibles fósiles. El gran problema del capitalismo global es que no cuenta con un plan b energético para sustentar la actual civilización industrial. Ninguna fuente energética podrá sustituir el «tremendo vacío que dejarían las energías fósiles en su declive, debido a su intensidad energética». Nadie quedaría al margen de este declive, ni siquiera las elites, lo cual no quita que habría –inevitablemente– ganadores y perdedores. Durán tampoco descartaba que la ambición por conservar a cualquier costo la glamorosa sociedad hipertecnologizada actual pudiera llevarnos a un colapso más brusco, a una crisis sistémica sin transición posible.

El tercer texto nos sumerge en una ciencia ficción de carácter posapocalíptico, cargada de datos duros. Escrito por dos historiadores de la ciencia, Naomi Oreskes y Erik Conway, se trata de un libro publicado en 2015 bajo el título The Collapse of Western Civilization [El colapso de la civilización occidental]7. La historia nos sitúa en un tiempo lejano, en 2393, bajo la Segunda República Popular China, época en la cual un historiador de esa nacionalidad se pregunta acerca de las razones del hundimiento de la civilización occidental, conocida como la «Edad de la Penumbra», ocurrido a mediados del siglo xxi.Los tres relatos aquí evocados están recorridos por consensos básicos: el primero es que el derrumbe es leído como una reducción importante de la complejidad en diferentes planos (económico, social, político, cultural). Cuanto más compleja es una sociedad, más expuesta y vulnerable deviene; es decir, es más dependiente de esa complejidad y de los recursos (energéticos) que la mantienen en funcionamiento. Segundo tópico en común: pese a que Diamond habla de «la sociedad mundial» y Durán del «capitalismo global», ambos coinciden en que el derrumbe civilizatorio implicaría también la desaparición de valores políticos democráticos que creíamos fundamentales. Se habla así de «nuevos capitalismos regionales», fuertemente autoritarios y conflictivos entre sí, lo cual conllevaría una «refeudalización de las relaciones sociales». Oreskes y Conway llegan a una conclusión similar, agregando que la posibilidad de sobrevivir a un gran desastre aumentaría si contáramos con un régimen centralizado y un fuerte aparato estatal (al estilo de China), aun si esto implicara una pérdida inevitable de valores democráticos. Por encima de la diferencia ideológica de los autores citados, hay otros puntos en común. Por un lado, a diferencia de las anteriores culturas que colapsaron y terminaron desapareciendo, no hay dudas de que el nuestro no es un problema de carencia de información; más bien, nuestra civilización sabeconoce, está al tanto de los efectos devastadores de su acción. La consecuencia de sus actos no solo es previsible, sino que ha sido prevista8. Por otro lado, como nos dice el paciente historiador chino imaginado por Oreskes y Conway, existen también obstáculos de orden epistemológico que explicarían la caída de la sociedad del siglo xxi, entre ellos, la «convención occidental arcaica» que imponía la división y el estudio separado del mundo físico y del mundo social; en otros términos, la persistencia de una ontología dualista respecto de la relación entre sociedad y naturaleza, expresada también en el ámbito del conocimiento. La posibilidad de repensar nuestra crisis y abrirnos camino exige, por ende, un enfoque posdualista y relacional.

La narrativa capitalista-tecnocrática

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que los resultados de las últimas cumbres climáticas son muy desalentadores y parecen formar parte de la crónica de una muerte anunciada. Así, pese a que en 2017 el Acuerdo de París fue ratificado por 171 países entre los 195 participantes, implicó un retroceso, dado que se decidió que el cumplimiento de lo pactado y la forma de implementación –reducción de emisiones de co2 a fin de no sobrepasar el aumento de la temperatura media de 2 ºC– son voluntarios y dependen de cada país. A esto hay que sumar la salida de Estados Unidos, concretada por Donald Trump, reconocido por su negacionismo climático y por su fuerte apoyo a las industrias de combustibles fósiles, lo cual tuvo también un impacto negativo en la Unión Europea.

En este escenario, de cara a la cada vez más escasa credibilidad que despiertan los acuerdos globales para controlar las emisiones de co2, el capitalismo prepara su plan b para reciclar el proyecto de modernidad capitalista sin tener que salir del capitalismo. Ese plan b se llama «geoingeniería» y está basado en el principio de que es posible superar los riesgos del calentamiento global mediante una intervención deliberada sobre el clima a escala planetaria.

La geoingeniería provoca expectativa entre quienes buscan mantener los actuales patrones de desarrollo –el sistema de producción, circulación y consumo de mercancías– y evitar tener que reducir las emisiones de co2, es decir, es un camino que avala la visión dominante del progreso y el conocimiento científico apoyada, entre otros, por sectores ligados a la industria de los combustibles fósiles. El caso es que la hipótesis de la geoingeniería comenzó a dejar el ámbito de la ciencia ficción para formar parte de una agenda pro-establishment, un proyecto de continuidad del capitalismo y sus estándares de vida para las elites de poder mundial.

Los métodos de la geoingeniería pueden clasificarse en dos grupos generales: manejo de la radiación solar y secuestro de co2. Como nos dice Jordi Brotons, biólogo ambiental y miembro de la Plataforma por la Soberanía Alimentaria de Alicante,

la geoingeniería incluye tecnologías descabelladas tales como la cobertura de grandes extensiones de desiertos con plásticos reflectantes; megaplantaciones de cultivos transgénicos con hojas reflectantes; almacenamiento de co2 comprimido en minas abandonadas y pozos petroleros; inyección de aerosoles de sulfatos (u otros materiales, como el óxido de aluminio) en la estratosfera para bloquear la luz del sol y blanqueamiento de las nubes para reflejarla; desvío de corrientes oceánicas; fertilización de los océanos con nanopartículas de hierro para incrementar el fitoplancton y, así, capturar co2; enterrar enormes cantidades de carbón vegetal para eliminar co2; etc.9

Desde 1996, las discusiones sobre estas alternativas atraviesan las diferentes cumbres climáticas y vienen suscitando críticas y resistencias sociales. No se trata solo de un cuestionamiento a la tecnocracia o a la «razón arrogante». La geoingeniería supone una manipulación que entraña grandes riesgos y no pocos efectos colaterales, que han sido expuestos en diversos informes científicos que concluyen que las nuevas tecnologías de la geoingeniería son falsas soluciones. Ya en 2007, el Grupo etc(Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) divulgó un informe titulado «Jugando con Gaia»10, en el que denunciaba el lobby del gobierno estadounidense en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático para imponer una salida técnica, reestructurando el planeta Tierra a través de la geoingeniería. El etc sostiene que cualquier experimentación que alterase la estructura de los océanos o la estratósfera no podía realizarse sin un debate público profundo e informado sobre sus posibles consecuencias y sin autorización de la Organización de las Naciones Unidas (onu).

Entre 1993 y 2009, 11 gobiernos realizaron una docena de experimentos de geoingeniería en aguas internacionales, vertiendo partículas de hierro sobre el océano para ver si podían capturar y precipitar co2 en el suelo marino. Se vertió hierro en más de 50 km del océano y, como no hubo resultados, se aumentó la superficie experimental seis veces; hacia fines de 2009 el área «fertilizada» con hierro se extendía a 300 km2. Pero esto siguió sin dar resultados. La oposición de sectores de la sociedad civil terminó por forzar la cancelación de otros proyectos de fertilización oceánica y en 2010 condujo al establecimiento de una moratoria internacional en la Convención sobre la Diversidad Biológica de la onu y en el Convenio sobre la Prevención de la Contaminación del Mar por Vertimiento de Desechos y otras Materias, también llamado Convenio de Londres. Esa moratoria, que rige hasta la actualidad, no fue firmada por eeuu, entre otros países11.

Sin embargo, dados los endebles acuerdos de París, la geoingeniería va ganando cada vez más terreno entre las elites políticas y científicas de los países centrales. Esta es presentada cada vez más como un medio «esencial» para lograr la meta de que la temperatura no suba más de 1,5 o 2 ºC respecto de los niveles preindustriales. Un artículo firmado por Bjørn Lomborg, promotor del llamado Consenso de Copenhague, proyecto iniciado en 2004, afirma que gastando tan solo 9.000 millones de dólares en 1.900 barcos de pulverización de agua de mar, se podría impedir el calentamiento global que se prevé para este siglo. En contraste, afirma que las promesas del Acuerdo de París costarían un billón de dólares por año y se obtendría además una reducción de emisiones de carbono mucho menor. Desde su perspectiva, los acuerdos de París son tan débiles como costosos, lo cual abre la puerta a otras oportunidades, como la geoingeniería, que son vistas como «una póliza de seguro prudente y asequible» (frase atribuida a Bill Gates)12. Pero apelar a la geoingeniería no solo no ataca las causas de fondo, sino que implicaría además ceder el control del termostato del planeta a las grandes potencias globales, que son por otra parte las más contaminantes. Quienes apuestan por esta estrategia minimizan los impactos directos reales, que pueden incluir, según la tecnología desarrollada, desde sequías intensas y prolongadas en ciertas regiones del planeta (manejo de la radiación solar), hasta la generación de zonas muertas en los océanos (fertilización marítima) o devastación de millones de hectáreas (técnica de captura y almacenamiento de las llamadas «emisiones negativas»). Asimismo, pueden producir alteraciones metereológicas: por ejemplo, una de las intervenciones sobre el clima consiste en inyectar sulfato en la estratosfera, lo cual no disminuye las concentraciones de gases de efecto invernadero sino que las pospone. Esta técnica imita las erupciones volcánicas, que reducen la temperatura mediante la liberación de sulfato, tal como fue demostrado en 1991 tras la erupción del volcán Pinatubo en Filipinas, que disparó unos 20 millones de toneladas de dióxido de azufre y produjo una disminución de la temperatura global de 0,4 ºC; sin embargo, al año siguiente decayeron las lluvias y hubo una baja afluencia de aguas. De modo que el remedio podría resultar peor que la enfermedad. Y a esto hay que agregar que, una vez iniciado el experimento de geoingeniería a gran escala, toda cancelación de este –por ejemplo, a raíz de los impactos directos que podría causar en ciertas regiones del planeta y la ola de protestas que podría desencadenar– provocaría un recalentamiento fuerte y acelerado, debido a la concentración de emisiones nuevas en la atmósfera.

En términos antropológicos, el plan b está lejos de ser un llamado a la autolimitación. Más bien, a la manera de las corrientes ligadas a la «modernización ecológica», como lo es hoy la denominada «economía verde», la geoingeniería privilegia las soluciones tecnológicas que consideran la naturaleza como un ente completamente manipulable, lo que marca una continuidad agravada respecto del paradigma moderno antropocéntrico, aun si su promesa es la supervivencia de la especie. En realidad, su aspiración es a «rehacer» la naturaleza13, adaptándola al patrón de desarrollo vigente, con un horizonte poshumano14, sea en el lenguaje de las elites o en el de los minoritarios desvaríos aceleracionistas15.

En suma, como sostiene Clive Hamilton16, la geoingeniería es uno de los grandes dilemas éticos, geopolíticos y civilizacionales a los cuales la humanidad será confrontada en la década próxima. Pero queda claro que no hinca el diente en el modelo de desarrollo vigente; supone más bien su preservación. Implica intervenciones a gran escala, experimentos altamente riesgosos cuyas consecuencias son impredecibles y que, de hacerse, requerirían de un acuerdo global; sin embargo, en la práctica también pueden ser llevados a cabo unilateralmente, lo cual está lejos de ser una fantasía si tenemos en cuenta que, además de eeuu y la ue, existen otros países que manejan ya las técnicas de geoingeniería, entre ellos Rusia y China.

Las narrativas anticapitalistas y de transición socioecológica

Narrativas en clave ambientalista existen desde hace mucho tiempo y sus tópicos son variados, pero sin duda, al calor de la crisis socioecológica y el surgimiento de resistencias locales y nuevos movimientos ecoterritoriales, estas se han ido multiplicando para adquirir un mayor espesor discursivo y simbólico en nuestras sociedades. Desde el Sur, las consecuencias de la crisis socioecológica se conectan directamente con la crítica al neoextractivismo y la visión hegemónica del desarrollo, ya que es en la periferia globalizada donde se expresa a cabalidad la mercantilización de todos los factores de producción, a través de la imposición a gran escala de modelos de desarrollo insustentables: desde el agronegocio y sus modelos alimentarios, la megaminería y la expansión de las energías extremas hasta las megarrepresas, la sobrepesca y el acaparamiento de tierras17. Asimismo, plantean el desafío de pensar alternativas al desarrollo, como ya planteara Arturo Escobar, al introducir la categoría de «posdesarrollo»18.

En coincidencia con los planteamientos de Alberto Acosta y Ulrich Brand, la transición puede ser pensada mediante dos conceptos cada vez más arraigados en el campo contestatario a escala global: posextractivismo y decrecimiento19. Desde mi perspectiva, se trata de dos conceptos-horizonte de carácter multidimensional, que comparten diferentes rasgos: por ejemplo, aportan un diagnóstico crítico sobre el capitalismo actual, no solo en términos de crisis económica y cultural, sino también desde un enfoque más global, si se entiende esta como una crisis socioecológica de alcance civilizatorio. Al mismo tiempo, ambos conceptos conectan la crítica al paradigma productivista y el perfil metabólico de nuestras sociedades (basado en la demanda cada vez mayor de materias primas y energías) con la crítica al capitalismo. Ambos ponen el acento en los límites ecológicos del planeta y enfatizan el carácter insustentable de los modelos de consumo y alimentarios, difundidos a escala global, tanto en el Norte como en el Sur. Por último, se constituyen en el punto de partida para pensar horizontes de cambio y alternativas civilizatorias, basadas en otra racionalidad ambiental, diferente de la puramente economicista, que impulsa el proceso de mercantilización de la vida en sus diferentes aspectos.

Para revertir la lógica del crecimiento infinito, es necesario explorar y avanzar hacia otras formas de organización social, basadas en la reciprocidad y la redistribución, que coloquen importantes limitaciones a la lógica de mercado. En América Latina existen numerosos aportes desde la economía social y solidaria, cuyos sujetos sociales de referencia son los sectores más excluidos (mujeres, indígenas, jóvenes, obreros, campesinos), cuyo sentido del trabajo humano es producir valores de uso o medios de vida. Existe, así, una pluralidad de experiencias de autoorganización y autogestión de los sectores populares ligadas a la agroecología y la economía social y el autocontrol del proceso de producción, de formas de trabajo no alienado, otras ligadas a la reproducción de la vida social y la creación de nuevas formas de comunidad. Incluso en un país tan «sojizado» como Argentina se han creado redes de municipios y comunidades que fomentan la agroecología, proponiendo alimentos sanos, sin agrotóxicos, con menores costos y menor rentabilidad, que emplean a más trabajadores. Va surgiendo así un nuevo entramado agroecológico, un archipiélago de experiencias que crece al margen del gran continente sojero que hoy aparece como el modelo dominante, basado en el cultivo transgénico para la exportación. En suma, desde América Latina la transición tiende a pensarse desde nuevas formas de habitar el territorio, al calor de las luchas y las resistencias sociales al neoextractivismo. Estos procesos de reterritorialización van acompañados de una narrativa político-ambiental asociada al «buen vivir» y los derechos de la naturaleza, los bienes comunes y la ética del cuidado, cuya clave es tanto la defensa de lo común como la recreación de otro vínculo con la naturaleza.

Por otro lado, en Europa, hacia 2008, reapareció la idea de «decrecimiento», que fuera lanzada hacia los años 70 por André Gorz. Lejos de la literalidad con la que algunos asocian el concepto (leído simplemente como la negación del crecimiento económico), el léxico experiencial desarrollado en Europa en las últimas décadas profundiza el diagnóstico de la crisis sistémica (los límites sociales, económicos y ambientales del crecimiento, ligados al modelo capitalista actual) y abre el imaginario de la descolonización a una nueva gramática social y política en la que se destacan diferentes propuestas y alternativas: auditoría de la deuda, desobediencia civil, renta universal ciudadana, ecocomunidades, horticultura urbana, reparto del trabajo, monedas sociales20. Por ejemplo, en el marco de la transición energética, se vienen impulsando las transition towns, un movimiento pragmático en favor de la agroecología, la permacultura, el consumo de bienes de producción local y/o colectiva, el decrecimiento y la recuperación de las habilidades para la vida y la armonía con la naturaleza. Nacido en Irlanda en 2006, este movimiento apunta a crear sociedades más austeras, sostenidas en energías limpias y renovables, y con un fuerte aumento de la eficiencia energética21.

Resulta claro que el Antropoceno como diagnóstico hipercrítico conlleva el desafío de pensar alternativas a los modelos de desarrollo dominantes, de elaborar estrategias de transición que impliquen una descolonización del imaginario social y marquen el camino hacia una sociedad poscapitalista, en una época en la cual no existen modelos macrosociales ni tampoco socialismos realmente existentes. En los diferentes foros globales que reúnen a la militancia anticapitalista, suele resaltarse la capacidad de irradiación de las experiencias locales y se subraya su carácter ejemplar en términos de otra racionalidad social y ambiental.

Desafíos del Antropoceno y enfoques relacionales

Las tres narrativas reseñadas coexisten en la actualidad. Algunos podrán decir que el «realismo capitalista»22 hará que la humanidad opte por la hipótesis tecnocrática. Es probable que así suceda, aunque habrá que adjudicar tal decisión a las elites de los países del Norte, no tanto a los países del Sur, y mucho menos a los movimientos sociales antisistémicos, hoy decididamente opuestos a lo que consideran como una «falsa solución»23. Es probable incluso que, ante el agravamiento del calentamiento global y sus consecuencias, negacionistas como Trump terminen por apoyar la geoingeniería. Sin embargo, para los proyectos altercivilizatorios, no se trata de buscar engañosos atajos a través de la solución tecnocrática, como plantean los defensores del capitalismo verde, que conciben al ser humano como un demiurgo capaz de manipular y rehacer la naturaleza. Tampoco se trata de caer rendido a los pies de las narrativas «colapsistas», pues el riesgo más evidente es quedar atrapado en una lógica paralizante que anule la capacidad de acción colectiva, tan necesaria a esta altura de la crisis civilizatoria. Sin embargo, un detalle no menor que nos advierte esa visión es la certeza de que ya hemos cruzado un umbral de riesgo y como tal, la transición, cualquiera sea, ya ha comenzado. El giro antropocénico tiene hondas repercusiones filosóficas, éticas y políticas; obliga a repensarnos como anthropos, pero también, de modo central, nos lleva a replantear el vínculo entre sociedad y naturaleza, entre humano y no humano. El Antropoceno exige pensar las consecuencias de la gran separación –le grand partage– entre orden cosmológico y orden humano, como dice el antropólogo Philippe Descola24, y nos desafía a reelaborar desde otras coordenadas la relación entre sociedad y naturaleza, entre las ciencias de la tierra y las ciencias humanas y sociales.

Hace siglos que hemos abandonado la visión organicista de la naturaleza, Gaia, Gea o Pachamama, aquella que profesaban nuestros ancestros. Somos hijos de la Modernidad o vástagos colonizados por ella; nos hemos vinculado a la naturaleza a partir de una episteme antropocéntrica y androcéntrica, cuya persistencia y repetición, lejos de conducirnos a dar una respuesta a la crisis, se ha convertido finalmente en una parte importante del problema. En esta línea, la antropología crítica de las últimas décadas ha hecho avances interesantes al recordar la existencia de otras modalidades de construcción del vínculo con la naturaleza, entre lo humano y lo no humano. Dicho de otro modo: no todas las culturas ni todos los tiempos históricos, incluso en Occidente, desarrollaron un enfoque dualista de la naturaleza, que la considera un ámbito apartado, exterior, al servicio del ser humano y su afán predatorio. La crisis civilizatoria nos obliga a abdicar del pensamiento único, para asumir la diversidad en términos no solo epistemológicos sino también ontológicos. Existen otras matrices de tipo generativo, basadas en una visión más dinámica y relacional, tal como sucede en algunas culturas orientales, donde el concepto de movimiento, de devenir, es el principio que rige el mundo y se plasma en la naturaleza, o aquellas visiones inmanentistas de los pueblos indígenas americanos que conciben al ser humano en la naturaleza, inmerso y no separado o frente a ella.

Estos enfoques relacionales, que subrayan la interdependencia de lo vivo y dan cuenta de otras formas de relacionamiento entre los seres vivos, entre humanos y no humanos, toma diversos nombres: «animismo», para el ya citado Descola; «perspectivismo amerindio», para Eduardo Viveiros de Castro, quien en su ensayo La mirada del jaguar conceptualiza el modelo local amazónico de relación con la naturaleza.

Se trata de la noción, en primer lugar, de que el mundo está poblado por muchas especies de seres (además de los humanos propiamente dichos) dotados de conciencia y de cultura y, en segundo lugar, de que cada una de esas especies se ve a sí misma y a las demás especies de un modo bastante singular: cada una se ve a sí misma como humana, viendo a las demás como no humanas, esto es, como especies de animales o de espíritus.25

En contraste con la visión moderna, el fondo común entre humanos y no humanos «no es la animalidad, sino la humanidad»26.

Por ende, la humanidad no deviene la excepción, sino la regla; cada especie se ve a sí misma como humana, por ende, como sujeto, bajo la especie de la cultura. Estas formas de relacionamiento y apropiación de la naturaleza cuestionan los dualismos constitutivos de la Modernidad. Estas «ontologías relacionales», como las denomina Escobar27 siguiendo al antropólogo Mario Blaser, tienen el territorio y sus lógicas comunales como condición de posibilidad. En diversas latitudes, dieron origen a una profusa literatura antropológica sobre el «giro ontológico»28.

Por otro lado, a la hora de repensar nuestro vínculo con la naturaleza desde una perspectiva relacional, sin duda la ética del cuidado y el ecofeminismo abren otras vías posibles. Sus aportes pueden contribuir a cuestionar la visión reduccionista basada en la idea de autonomía e individualismo. Ciertamente, la ética del cuidado coloca en el centro la noción de interdependencia, que en clave de crisis civilizatoria es leída como ecodependencia. La revalorización y universalización de la ética del cuidado, vista como una facultad relacional que el patriarcado ha esencializado (en relación con la mujer) o desconectado (en relación con el hombre), como afirma Carol Gilligan, abre a un proceso de liberación mayor, no solamente feminista, sino de toda la humanidad29.

En la actualidad, esto aparece reflejado en la acción e involucramiento cada vez mayores de las mujeres en las luchas socioambientales, en sus diferentes modalidades. Los llamados feminismos populares se abren a una dinámica que cuestiona la visión dualista; proyectan una comprensión de la realidad humana a través del reconocimiento con los otros y con la naturaleza; van tejiendo una relación diferente entre sociedad y naturaleza a través de la afirmación de la interdependencia. Asimismo, la dinámica procesual de las luchas conlleva también un cuestionamiento del patriarcado, basado en una matriz binaria y jerárquica que separa y privilegia lo masculino por sobre lo femenino. No pocas veces, detrás de la desacralización del mito del desarrollo y la construcción de una relación diferente con la naturaleza, va asomando la reivindicación de una voz libre, honesta, «una voz propia», que cuestiona el patriarcado en todas sus dimensiones y busca recolocar el cuidado en un lugar central y liberador, asociado de modo indiscutible a nuestra condición humana30.

Así, al calor de las luchas se van afirmando otros lenguajes de valoración del territorio, otros modos de construcción del vínculo con la naturaleza, otras narrativas de la Madre Tierra, que recrean un paradigma relacional basado en la reciprocidad, la complementariedad y el cuidado, que apuntan a otros modos de apropiación y diálogo de saberes; a otras formas de organización de la vida social. Estos lenguajes se nutren de diferentes matrices político-ideológicas, de perspectivas anticapitalistas, ecologistas e indianistas, feministas y antipatriarcales, que provienen del heterogéneo mundo de las clases subalternas.

En suma, el Antropoceno como paradigma hipercrítico exige repensar la crisis desde un punto de vista sistémico. Lo ambiental no puede ser reducido a una columna más en los gastos de contabilidad de una empresa en nombre de la responsabilidad social corporativa, ni tampoco a una política de modernización ecológica o la economía verde, que grosso modo apunta a la continuidad del capitalismo a través de la convergencia entre lógica de mercado y defensa de nuevas tecnologías proclamadas como «limpias». Finalmente, la actual crisis socioecológica no puede ser vista como «un aspecto» o «una dimensión más» de la agenda pública o inclusive como una dimensión más de las luchas sociales. Esta debe ser pensada desde una perspectiva inter- y transdisciplinaria, desde un discurso holístico e integral que comprenda la crisis socioecológica en términos de crisis civilizatoria y de apertura a un horizonte poscapitalista.

10

GNL: CHORROS SIN SOCIOS, O EL GRAN SISTEMA CORRUPTIVO

Félix Herrero 04.11.2017.
El juez Claudio Bonadío ordenó la detención de Roberto Barata y solicitó el pedido de desafuero de Julio De Vido, ambos señalados por el juez como “ideólogos de la importación de gas licuado con sobreprecios”, al señalar que la estafa al Estado argentino alcanzó una cifra cercana a los 7.000 millones de dólares como suma de 8 años de importaciones (…)

 

CHORROS SIN SOCIOS, O EL GRAN SISTEMA CORRUPTIVO

Por Félix Herrero (04.11.2017)

¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un
cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para
colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada
oculto que no debe ser revelado y nada secreto que no
deba manifestarse. Marcos 4,21-25

                                                                                      Cuando los empresarios asumen directamente la
conducción del Estado, la figura de la coima a veces se
vuelve simplemente irrelevante. Nadie necesitar
coimearse a sí mismo como incentivo para hacer lo
que más le conviene. Ezequiel Adamovsky (De
batir la corrupción en serio)

PRIMERA PARTE: Chorros sin socios I

Introducción

  1. Corrupción individual y corrupción sistémica
  2. La corrupción individual e institucional necesita activo y pasivo
  3. El Caso De Vido

SEGUNDA PARTE: Chorros sin socios II

  1. Los precios de la importación
  2. Quiénes venden GNL a Argentina
  3. La tasa de corrupción
  4. Las tres posiciones
  5. Resumen: la corrupción combate a todos los responsables o no combate

 

Introducción

El juez Claudio Bonadío ordenó la detención de Roberto Barata y solicitó el pedido de desafuero de Julio De Vido, ambos señalados por el juez como “ideólogos de la importación de gas licuado con sobreprecios”, al señalar que la estafa al Estado argentino alcanzó una cifra cercana a los 7.000 millones de dólares como suma de 8 años de importaciones[1]. La operatoria institucional del desvío del dinero público fue diseñado desde el sector privado, según Nicolás Gandini[2], por Roberto Dromi que fuera el perito de las privatizaciones menemistas y de sus legítimos continuadores. El juez se centró en los delincuentes pasivos y no de los activos que se beneficiaron vendiendo más caro.

En la citada edición del diario Perfil se afirma que “En la nómina de procesados (23 personas)… no figura ningún ejecutivo de las empresas privadas que vendieron el GNL a Enarsa. Es decir, a Bonadío no le pareció pertinente indagar a  ningún ejecutivo de los privados que cobraron los sobreprecios que pagó el Estado”.

Uno de los argumentos de un ex presidente de Enarsa respecto a la inocencia propia y del ex ministro De Vido consiste en afirmar que no se habría cometido delito porque el juez Claudio Bonadío no investigó ni implicó a ningún empresario petrolero responsable de las importaciones de GNL que realizara y realiza el país. Walter Fagyas, dicho ex presidente, también procesado por el juez de la servilleta, no considera la posibilidad que haya habido delito pasivo de los funcionarios estatales y delito activo de los funcionarios empresariales, más allá que los últimos sean o no perseguidos por la justicia.

  1. Corrupción individual y corrupción sistémica

Todos sabemos distinguir al carterista o al moto chorro de los delincuentes institucionales, o de un sistema económico que funciona como nido de corrupción. Parodiando al Contrato Social del ginebrino que recuerda Felipe Pigna en su reciente biografía de Mariano Moreno, refiriéndose a la tiranía, podemos decir que “será tal vez nuestra suerte mudar de corruptos, sin destruir la corrupción.”

Como todos sabemos diferenciar el consumo individual de droga o el gran negocio internacional del narcotráfico, o sea la drogadicción del narcotráfico con sus carteles mafiosos. El Código penal argentino incrementa las penas cuando se trata de bandas organizadas, pero como consecuencia de su inspiración individualista tiene más penas el funcionario público corrompido que el empresario corruptor. Así, vale como ejemplo de agravante la acción colectiva cuando en el artículo 210 del Código Penal se establece que “Será reprimido con prisión o reclusión de 3 a 10 años, el que tomare parte de una asociación o banda de 3 o más personas destinadas a cometer delitos por el solo hecho de ser miembro de la asociación.”

El artículo 259 castiga más al funcionario estatal que al funcionario privado cuando dice que “Será reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación absoluta de uno a seis años, el funcionario público que admitiere dádivas, que fueran entregadas en consideración a su oficio, mientras permanezca en el ejercicio del cargo. El que presentare u ofreciere la dádiva será reprimido con prisión de un mes a un año.”

En el artículo 303 y 304 sobre los delitos contra el orden económico y financiero la pena se aumenta en un tercio del máximo y en la mitad del mínimo cuando el autor fuera funcionario público que hubiera cometido el hecho en ejercicio u ocasión de sus funciones. En este caso, sufrirá además pena de inhabilitación especial de tres (3) a diez (10) años. La misma pena sufrirá el que hubiere actuado en ejercicio de una profesión u oficio que requirieran habilitación especial.

En nuestro léxico común el delincuente individual o de pequeña pandilla es el chorro, pero cuando son grandes instituciones privadas como cuando se trata de las multinacionales del petróleo, según nuestro Código Penal, conformarían bandas o asociaciones delictuales. Cuando se ve solamente el  delito del funcionario, sea ministros o agente menor de la administración pública no se quiere ver el delito en forma integral.

  1. La corrupción individual e institucional necesita activo y pasivo

Se ha repetido hasta el infinito el dicho de que la corrupción es como un tango: necesita de dos bailarines. Pero cuando se pasa a los casos concretos el refrán es ignorado. Si se ve a uno solo robando puede ser una danza, clásica incluso, pero no es tango ni danza de a dos.

En la corrupción hay un delincuente activo (el que paga coima) y un delincuente pasivo (el que la recibe). No se trata de un delito de una sola parte; es muy común que por razones políticas y no necesariamente económicas la culpabilidad se centre en el delincuente pasivo, o sea el corrompido. Por razones de poder económico es también común dejar al activo de lado o en la sombra, no de la cárcel, sino de la investigación. El choreo repetido y sin que se lo termine hace que muchas personas vivan la zozobra del peligro, incluso de vida, sea callejero o casero, pero en general no pone en peligro a la Nación, ni a su forma Republicana de gobierno y de convivencia.

El delito institucional de la corrupción si las pone en riesgo de subsistencia. Por eso no entendemos que se pene más al funcionario público que al privado, ya que ambos son coparticipes en poner en peligro las instituciones sociales, ya se trate de un agente intermedio de la administración estatal o de un presidente de una petrolera, como pueden ser Shell, ExxonMobil, o Total. Ambas formas de delito económico, la estafa o choreo individual y el robo a los bienes y recursos comunes que se administra por sí o por intemediarios tienen dos responsables;  el corruptor y el corrompido.

Otras veces se considera que el dueño de la idea define ser activo o pasivo; en la referencia de esta introducción Roberto Dromi sería el activo por crear el modelo de corrupción, aunque ha sido activo por participar de una empresa que habría coimeado a funcionarios (del ministerio de la empresa Ebisa). El modo de corrupción, por ejemplo pagar más caro la obra pública, o pagarla incluso cuando no se la hace, configura la actividad o pasividad del delito porque se hace para recibir coimas de las empresas: el activo es el que paga, y pasivo el que recibe los dineros de origen común.

Hasta etimológicamente el uso de corrupción (y de corruptela) conlleva el sentido de la coparticipación. Co o cor acompaña a rupción , que es ruptura, quebranto, fractura de una norma legal o moral, o de una costumbre u orden. Que esa ruptura sea grande y abundante o pequeña y de menor importancia hace que también se clasifique en Gran Corrupción y Pequeña Corrupción. Dice el mataburro moderno que es wikipedia: La gran corrupción que genera la desconfianza en las autoridades centrales, pervierte el funcionamiento del aparato estatal y desvía recursos. Por su parte la pequeña corrupción tiene a movilizar pequeños montos de recursos eco- nómicos u otros bienes, y se ubica e el escenario procesal de atención al ciudadano.  Hay fuerte tendencia de relacionar corrupción con funcionario público, pero hay autores de la definición de la corrupción que no se quedan en el campo político solamente que dicen que la corrupción es un sustantivo femenino, que se refiere a la acción y resultado de corromper o corromperse, en enviciar, depravar, viciar, degenerar, pervertir, sobornar o cohechar. En una definición de las tantas consultables se dice que como circunstancia o eventualidad en la que los funcionarios públicos u otras autoridades con el fin de sobornar o del mal uso del poder sea público o privado.

  1. El Caso De Vido

Las implicancias de las importaciones de GNL llegan a De Vido no en el año que fuera desaforado. Ya en 2014 comenzaron las acusaciones a los funcionarios públicos sin alcanzar a los ejecutivos privados. Fueron denuncias de la ex diputada Laura Alonso, muy permisiva con las responsabilidades de Chevron en la firma y el ocultamiento del contrato secreteado que firmara con la empresa mixta YPF. También fueron denunciantes el actual senador Federico Pinedo y la actual ministra Patricia Bullrich. Todos denunciaron a los funcionarios públicos pero no a los ejecutivos privados de las compañías petroleras.

Los antecedentes económicos y políticos de las importaciones con sobre precios son de materia sistemática institucional, que no se investigan integralmente. Por ejemplo, nadie podría decir que es incoherente afirmar que la privatización produjo la falta de inversiones, y ella la necesidad de importar más que extraer o producir. El Estado productor al pasar a ser Estado concedente y regulador debe realizar estas funciones con las capacidades que tuvo cuando extraía, industrializaba y lograba superávits (de grandes utilidades sociales) que le permitía disminuir la importación de petróleo que hacía sangrar al fisco argentino hasta los ochenta. Con Gas del Estado, una de la más eficiente empresa de gas del mundo, ocurría lo mismo en la comercialización de ese hidrocarburo.

El Estado concedente debe fijar la obligación de invertir a las empresas concesionarias: esto no se hizo, y así pasamos de ser país autoabastecido a importador neto de petróleo crudo y gas natural. Pero la adicción a las ganancias mayores con menores producciones y pocas inversiones se hizo crisis, mientras se impuso un rentismo petrolero con la creación local de subsidiaje a  las grandes petroleras del mundo: el “globo criollo” para elevar el precio que reciben las petroleras por el gas natural, y el “barril criollo” que les permitió un sistema de extracción de rentas sin aumento de extracción de hidrocarburos. Este acuerdo de políticos y petroleros instituyó estos artificios criollos.  Para justificar el barril criollo primero se lo aplicó a la extracción por fracking, afirmándose que por ser más cara debía tener mejor precio: fue una gran excusa. Enseguida se extendió a todo el sector. Los beneficios, o precio del gas a las petroleras,  también se justificaron para el aumento de extracción que venía en descenso. El criterio de la simple declaración jurada de lo extraído por parte interesada quedó como otro hito criollo único en el mundo.

Inquietante combinación de políticas que terminó con resultados inimaginables en Argentina: con combustibles entre los más caros del mundo, con juicios por precios de importación de gas, con subsidios inmantenibles donde los Estados nacional y provinciales, deficitario el nacional y también la mayoría de las Provincias con petróleo que mantenían un subsidios a compañías petroleras extranjeras y superavitarias. Nada más patético: los estados deficitarios son subsidiadoras de las compañías petroleras superavitarias del mundo.

Ahora se comienza rastrear para atrás y buscar a quién culpar, pero tratando de mantener la responsabilidad en los políticos sin tocar a las empresas cómplices: ¿Por qué tan caras las importaciones de gas? ¿Por qué tan bajos los impuestos a la renta petrolera? No se trata de terminar con malhechores que aprovechan las oportunidades de delinquir, sino de eliminar los sistemas que crean una forma corrupta de producir y comercializar.

Es claro que el barril criollo y el “globo criollo” para el gas, al aumentar el precio establecido dentro del país facilitan la importación de gas, ya sea de Bolivia como se venía haciendo desde la década de los setenta, hasta la importación de GNL desde varios países del mundo pero comercializados por un conjunto no mayor de quince (petroleras y comercializadoras de hidrocarburos) que durante trece años conformaron una práctica monosópnica que favoreció los sobreprecios.

  1. Los sobreprecios de la importación

En pleno proceso electoral y de juzgamiento de algunos ex ministros, el juez Claudio Bonadío se dio a la tarea de encontrar sobreprecios en la importación de gas natural licuado. Hacia el mes de abril inició la investigación. Antes de seguir reflexionando hay que repetir que la corrupción es un delito muy difícil de comprobar, porque a diferencia de otros crímenes aquí hay asociación. En el asesinato o desaparición de personas hay un activo asesino y un pasivo asesinado o desaparecido. En la corrupción la víctima es el pueblo, que se supone es el propietario de los recursos naturales del país a través del Estado. El pacto de omestá de los ladrones es manifiesto, pero la víctima tiene pocos defensores. En el delito de corrupción hay socios que con sus silencios se resguardan entre sí.

El juez Bonadío, ante las denuncias de Pinedo, Alonso y Bullrich constituyó un grupo de peritos, dos judiciales de oficios que son sorteados, y otros cinco de parte (incluso Enarsa se hizo parte del peritaje).

Uno de los peritos, presidente del Consejo Nacional de Ingeniería Industrial hizo su dictamen, que los demás peritos no aplaudieron precisamente, pero que tiempo después conformaron un segundo peritaje donde se juzga de inocente a las prácticas importadoras, pero que tampoco son liberadas expresamente las empresas petroleras y comercializadoras que trajeron y vendieron el GNL.

Para obtener una respuesta a la razonabilidad de un precio, o de sus excesos de sobre y subvaloraciones hay dos maneras de hacerlo. El perito Ing. David Cohen, ex funcionario de YPF, utilizó la metodología de comparar los precios de las importaciones pagadas por Argentina con el precio teórico que deviene del cálculo del valor promedio del gas extraído comerciado en gasoducto en Estados Unidos (el Hub Henry), más los gastos de licuación, de puerto, fletes de transporte. La diferencia le resultaba notable: entre 2008 y 2015 sobre un total de operación de 15.316.193.280  dólares con un desvío por sobreprecios de 6.995.926.798[1] lleva a la conclusión que hubo mayúsculo desvío superior al 45%. Este es el monto que acepta no solamente Bonadío, sino también el que difunden los diarios Clarín y La Nación, y algunos periodistas televisivos como Rolando Graña. El otro método más directo consiste en un análisis de precios comprados: se cotejan los de importación que realmente pagó Argentina (dato) con algún país que tenga alguna similitud (distancias, tasas portuarias, costos de extracción, etc.) y ver el desvío comparado. El Ing. Martín Scalabrini Ortiz[2], nieto del afamado ensayista, afirma que se debió comparar con el precio de importación de GNL que hace el Japón, u otro país asiático: afirma que se debe comparar el precio que pagó Argentina con los precios que pagaron otros países. Este segundo procedimiento se basa en precios reales negociados en el mercado mundial; rechaza el análisis que se construye un precio teórico en base al gas natural en gasoducto de Estados Unidos por  no tratarse de un precio internacional y porque el gas natural de gasoducto HH de Estados Unidos no es un precio del mercado internacional[3].

Con argumentos parecidos el ex presidente de Enarsa, Walter Fagyas denunció penalmente por falso testimonio agravado contra David Cohen por la presentación de su peritaje judicial[4]. Por otra parte, Nicolás Gandini informa que al menos tres de los 25 procesados por Bonadío pidieron que se citara a declarar a los ejecutivos de las empresas[5]

 

  1. Quienes vendieron GNL a Argentina, o Siga el Baile…

Entre 2008 y 2015 se encuentran las compraventas que habrían sobreestimado el precio del GNL importado por Argentina. La investigación de Bonadío alcanza hasta el año 2015, pero no analiza el año 2016 con el cambio de gobierno y las continuidades o discontinuidades en la política energética.

En los años 2016 y 2017 era presidente y Ceo de una de las empresas vendedoras de GNL a Argentina el ahora ministro de Energía y Minería. Manifiesta incompatibilidad por intereses cruzados. Como ejecutivo de Shell estaba de un lado del mostrador vendiendo GNL, y después está del otro lado del mostrador comprando GNL. No era muy neutral la relación: casi cuarenta años como ejecutivo de la empresa vendedora y apenas dos años de ministro comprador, pero siempre accionista de la británica Shell central, ahora con única sede en La Haya.

En 2016 Enarsa contrató 79 embarques, 50 por Escobar y 29 por Bahía Blanca. Shell vendió 8 cargamentos de gas natural licuado, 4 por Escobar y 4 por Bahía, o sea que en 2016 tuvo una participación del 12,7% de los embarques.

El precio más alto de Shell alcanzó a 6,95 dólares el millón de BTU[6] (d/MMBTU) introducido por Escobar (sus precios osciló entre 5,36 y 6,95 d/MMBTU), mientras que el promedio de compra de los 79 embarques fue de 5,641 d/MMBTU.

Las empresas vendedoras en 2016, entre petroleras y comercializadoras de recursos primarios alcanzó un número total de 15 (10 por Escobar y 11 por Bahía) y son las siguientes:

Empresas Escobar Bahía Blanca Total
1. GNA 21 0 21
2. Trafigura 12 3 15
3. Shell 4 4 8
3. Gazprom 5 3 8
5. Vitol 1 6 7
6. BP 0 6 6
7. Petrobrás 5 0 5
8. Statoil 0 3 3
9. Iberdrola 1 0 1
9. Engie 1 0 1
9. Vitol 1 0 1
12. Cheniére 0 1 1
13. ENI 0 1 1
13. Koch Industries 0 1 1
13. Gunvor 0 1 1
Total 2016 50 29 79

Por su parte, en Bahía Blanca el precio más alto de Shell fue de 5,88 d/MMBTU (osciló entre 4,66 y 5,88), el más alto lo obtuvo Vitol (6,78) y el promedio de los 29 embarques fue de 5,272.

Es curioso como Shell, el año de cambio de gobierno cuando asumieron muchos Ceos de las empresas, esta petrolera baja su provisión de embarques a solo el 12,7%, que fueron contratados por el gobierno anterior. Ya se discutía la situación de los sobreprecios. Pero en este año 2017 con el ministro de Shell se acuerdan 8 embarques lo que la coloca en el en tercer lugar junto con la estatal rusa. Pero en 2017 salta a convertirse en el mayor vendedor con 22 embarques.

 

En 2017 el precio máximo de Shell fue de 6,18 d/MMBTU por Bahía Blanca (oscilando entre 5,21 y 6,18) 6,95 por Escobar. Durante este año la participación de Shell ha sido el 31,9% de los embarques superando ampliamente los embarques del año anterior.

Las operaciones, que antes Enarsa no hacía público, en 2017 fueron con mayor concentración que el año anterior, las 10 empresas siguientes:

Empresas Escobar Bahía Blanca Total
1. Shell 13 9 22
2. Trafigura 12 6 18
3. Glencore 6 3 9
4. GNA 7 0 7
5. BP 0 5 5
6. Chéniere 0 3 3
7. Petrobrás 2 0 2
8. Engie 1 0 1
8. Vitol 1 0 1
8. Gunvor 0 1 1
TOTAL 2017 42 27 69

La nacionalidad jurídica de las empresas está dispersa en 7 países, donde priman las europeas (9 empresas) y una empresa de Estados Unidos (Cheniere). Hay dos empresas de Reino Unido, Suiza y Holanda. Por ejemplo, en este año la primera empresa es la británica Shell, y le siguen las suizas Trafigura y Glencore, en cuarto lugar la española GNA seguida por la hoy BP (antes British Petroleum).

En el año 2016 Argentina se proveyó de GNL en un 29% desde Trinidad y Tabago, y por Catar (21%), Nigeria (15%), Estados Unidos (11%), Noruega (9%), El total de GNL importado en ese años fue de 182.033.382 millones de BTU.

 

  1. La tasa de corrupción

De Vido judicialmente tiene una persecución por la causa Río Turbio. En ese caso se lo investiga porque empresas de la construcción no realizaron los trabajos comprometidos pero habrían cobrado por ellos.

Sobre la tasa de corrupción, dijimos uno de los peritajes que está en la causa del juzgado, es del orden del 45%. Debemos pensar que esta tasa de robo o corrupción oscila entre 0 y 100; 0% cuando hay funcionarios honestos y ausencia de empresarios deshonestos: no hay corrupción. La tasa del 100% es irreal, el cien por ciento del contrato se cobró, lógicamente en forma adelantada, y nunca no se hizo ninguna inversión. Sucede cuando alguien cobra por hacer una obra y no la hace: el monto total del contrato es igual al del chorreo. Algo de esto hubo en algún caso en el Yacimiento Carbonífero de Río Turbio, pero por los datos periodísticos, la tasa de corrupción total en este caso sería del 21%,

  1. Las tres posiciones

El debate sobre el desafuero de De Vido fue instructivo, porque marcó acentuadamente las tres posiciones.

  1. a) Quiénes consideran que De Vido es inocente ya sea en Río Turbio y los sobreprecios del GNL. Es cierto que mientras no sea sentenciado no es delincuente.
  2. b) Los que no dudan que De Vido sea inocente, por lo que antes de octubre votaron sin lograrlo su desafuero, Razones electorales habrán tenido pero no se puede tomar esta medida tan importante sin seguir rigurosamente los pasos legales.
  3. c) Quienes creen que hay fuertes presunciones delictuales en cabeza de De Vido y de 21 funcionarios de Enarsa[1] y del ministerio de Planeamiento, pero que la responsabilidad en la importación de Gas licuado y de YCRT no se agota en los funcionarios, sino que debe completar con los responsables de las firmas exportadoras.

Cuando en la segunda oportunidad, días después de las elecciones, se desaforó al ex ministro de Planeamiento, diputadas como Alcira Argumedo, Araceli Ferreyra y Nathalia González preguntaron sin respuesta porqué las acusaciones se paralizaban en la figura de De Vido. La diputada González afirmo que “no alcanza con juzgar solo a De Vido si se quiere combatir la corrupción” y se preguntaba por qué el nuevo ministro estaba eximido de indagación.

 

  1. Y la importación sigue hasta… Dale que va.

Nadie ignora que el déficit comercial de la balanza de pagos se debe en gran parte al verse convertido el país de autoabastecido en importar. El tema resulta patético: los gobiernos privatistas aceptaron la construcción de gasoductos para exportar, hoy son cañerías que traen el gas, incluso el GLP que importa Chile. La caída de la extracción petrolera produce que el país importe crudo. Hasta electricidad de Paraguay o Brasil hemos traído en algunos veranos.

El estudio de Bonadío alcanza a 8 años (2008-2015) pero en el año 2016 y en el presente se continuó importando GNL.

A la corrupción se la combate de verdad y en plenitud o se es socio de la corrupción.  Usar la corrupción como arma política partidaria o electoral va en menoscabo de la construcción de una política moderna y honesta. La lucha contra la corrupción nunca debe ser instrumento partidario o ideológico.

La corrupción no es un simple acto asociado entre el corruptor y el corrompido: es parte de un sistema pre-parado para permitir dichos actos, donde corrompidos y corruptos. Para extraer coima en el petróleo se creó un gran sistema de subsidios al crudo: el barril criollo. Este es el modelo de la gran corrupción. Este nuevo partido político se introduce en los países para explotarlos y para debilitarlos. Con razón Xi JinPing en su reciente discurso al PC Chino afirmó que el gran enemigo de China es la corrupción.

En resumen, De Vido es un corrupto pasivo que no hace historia; Aranguren es un Ceo devenido en ministro que mantiene la práctica corruptiva en el país, y Macri es un cómplice del delito que su gobierno denuncia pero silencia gran parte de la realidad.

 

[1] ENARSA fue una empresa que se pretendió reemplazar a YPF cuando fue privatizada. Operó fundamentalmente como negociados de contratos energéticos, y en pleno situación de denuncia sobre la compra del GNL extranjero, fue disuelta por el Dec. 882/2017 del 1 de noviembre de 2017, fusionándola con Ebisa (administradora de los beneficios de las centrales hidroeléctricas binacionales. La nueva empresa no productora se denomina Integración Energética Argentina S.A. (IEASA) y hereda los conflictos provocados por las importaciones de GNL con facultades para vender activos energéticos nacionales.

18

CEOS SIN RECUSACIONES

Félix Herrero 26.03.2017.
El derecho es tan flexible como las fuerzas que lo impulsan; hacia adelante acercando al ciudadano con los funcionarios,  o hacia atrás con formulaciones que parecen legado de las épocas monárquicas (…)

 

CEOS SIN RECUSACIONES

Por Félix Herrero (26.03.2017)

El derecho es tan flexible como las fuerzas que lo impulsan; hacia adelante acercando al ciudadano con los funcionarios,  o hacia atrás con formulaciones que parecen legado de las épocas monárquicas. También lo empujan hacia la derecha, donde se concentra el poder real de las democracias corporativizadas, o hacia la izquierda, donde aún esperan los pueblos que la democracia representativa se acerque más a su voluntad soberana.

Este manipulado derecho administrativo encuentra rápidamente formas que lo llevan hacia atrás y hacia el costado derecho.  Así, el funcionario estadual que ha pertenecido y aún ––aunque lo jure–– pertenece, se puede recusar y no tomar medidas sobre su empresa.

Para ver a quiénes sirven, sería bueno que usted tenga la posibilidad y oportunidad de  preguntar a míster Rexx Tillerson  en Estados Unidos, o al ingeniero Juan C. Arangueren en nuestro país cuánto tiempo estuvieron sirviendo a ExxonMobil uno, y a Shell Dutch el otro, y seguramente sabremos contestar la pregunta sin equivocarnos. Tomando un ejemplo, 34 años dedicados a una multinacional tiene algún peso cuando apenas tienen un año en el gobierno federal o nacional de sus respectivos países.

Claro que hay otras muchas jugarretas para dejar de lado la voluntad  del legislador de que se establezca un conflicto de intereses. Se recusa pero los secretarios de los ministros, o los ministros del presidente no hacen excusar a sus funcionarios inferiores.  Decidir, regular, definir contra la empresa del jefe es prácticamente presentar  la renuncia al cargo, y para el funcionario corrupto es dejar de lado la potencialidad de servirse a sí mismo o a su o sus empresas, cuyas acciones para continuar con la farsa suelen ser transferidas a hijos y entenados.

Hay empresas de tan gran extensión por lo cual son actores de cientos de decisiones, y por lo tanto, Tillerson ,y lo mismo los que están en situaciones similares, no debería haber aceptado el ofrecimiento para convertirse en ministro de Relaciones Exterior del aún más poderoso país del mundo. En muchísimos de los casos internacionales o energéticos domésticos tienen que ver con su cargo doble de Presidente de directorio y CEO de ExxonMobil. En estos días se ha recusado y no participa de las decisiones o definiciones acerca del oleoducto XL y de su tramo Dakota Acces. Pero para algunos estadounidenses lo que es bueno para la Standar Oil es bueno para Estados Unidos.

El secretario de Energía y el presidente del ente regulador del ambiente y la energía también debieron abstenerse de las decisiones que fueron a favor del oleoducto y modificaron normas que había adoptado el ex presidente Barak  Obama.

En el caso argentino, no parece lógico el juego de papeles en que un ministro no firma lo suyo pero si lo del secretario, y que el secretario firme lo que le interesa al ministro de Energía y Minería. Así, el ministro firma los precios subsidiados de exportación de crudo pesado de Cerro Dragón de la triada británica BP, de la china CNOOC y la local Bridas,  mientras el subsecretario puede firmarle cuando Shell está interesada, por ejemplo los precios de importación de gas licuado y la cantidad que se traiga al país.

Además de la excusación de los cargos superiores pero no de los inferiores que debe decidir ante la excusación del superior, tenemos otra triquiñuela.  Es cuando pueden aparecer obstáculos del derecho administrativo en la designación de parientes:  se aplica el principio “yo por vos y vos por mí, y ganamos los dos”. Es fácil imaginarse que el ministro de Energía nombre al hijo del secretario, y el secretario del ministro nombre a la cuñada del ministro.

El otro juego es respecto a la tenencia de acciones de las grandes empresas:  Tillerson lo arregló vendiéndolas por decisión superior, y Juan C. Aranguren también debió  hacerlo con las acciones de Shell.

Lo real es que cuando un ministerio es tomado por funcionarios de las empresas energéticas no hay método indiscutido de recusaciones, excusaciones y otras salvedades en situaciones  singulares, porque hay vivezas que permiten superar el espíritu de la ley.  La solución es única: no permitir que los interesados en beneficiar a sus empresas o a sus ex patrones puedan asumir cargos de decisión relacionados. El caso argentino justifica el uso del verbo “tomar”. La Universidad Nacional de San Martín en una investigación de Ana Castellani y Paula Canelo, según publica la revista Realidad Económica, concluye que son 114 los ejecutivos de las principales empresas y estudios jurídicos que fueron designados en algunos de los 367 cargos de ministros, secretarios y subsecretarios del gobierno nacional.

No basta que Rexx Tillerson se coloque una venda en su boca para “no beneficiar” a ExxonMoibil en el oleoducto, ya que la multinacional petrolera de los Estados Unidos tiene intereses inmediatos porque su filial canadiense Imperio Oil tiene participación en la firma constructora TransCanadá que tiene el contrato de obra. Las empresas interesadas en mantener a sus ex (¿ex?) empleados en los cargos decisión del gobierno propician que el tratamiento debe ser “caso por caso” que provoque la recusación o excusación. No debe ser así: cuando se gobierna para un sector poderoso que es parte de las decisiones de gobierno no se debe asumir: debe ser “todo por todo”. En el oleoducto de casi 2.000 kilómetros de largo hay otros interesados directamente, como el ministro de energía que tiene acciones de la empresa constructora.

Pero todo es un asunto de la moral y ética media de los llamados a cargos en función de las empresas y no por su capacidad, experiencia gubernamental y comportamiento legal y ético. Claro que hay personas que no deben pertenecer a la empresa  para “ayudarla”. Nunca se podrá olvidar que la ex diputada que preside la Oficina Anticorrupción no provenía de Chevron, firma a la que favoreció en no dar a conocer del corrupto y “confidencial” contrato con YPF.

 

26

CEOs trumpistas y la política energética

Félix Herrero 11.03.2017.
El gobierno de Donald Trump no es vergonzante ni intermedio. Ha decido entregar áreas enteras de la economía, del campo social y la política inmigratoria a los amplios poderes de las corporaciones estadounidenses (…)

 

CEOs trumpistas y la política energética

Entrevista Al Dorso 11.03.2017

 

LOS CEÍSTAS

Por Félix Herrero

El gobierno de Donald Trump no es vergonzante ni intermedio. Ha decido entregar áreas enteras de la economía, del campo social y la política inmigratoria a los amplios poderes de las corporaciones estadounidenses.

La aplicación de este proyecto populista de corte antisocial tiene varias características: se aplica rápidamente, en los primeros cien días, que muchos desean que terminen con un Waterloo republicano,  provoca a los pueblos latinoamericanos y de otros continentes, designa como Macri en Argentina a gerentes y directivos de empresas privadas sin experiencia política de gobierno, creando una conducción ceísta ignorando a los políticos honestos que es tan necesario que sean parte de los gobiernos, especialistas universitarios, dirigentes de organizaciones sociales del trabajo, de los movimientos de derechos humanos y defensa del papel moderno de la mujer, de organizaciones laborales no institucionalizadas, etc.

Dentro de este sistema del gobierno de los presidentes, directores e integrantes de empresas es notable como ocupan los lugares relacionados con sus negocios. Si los empresarios energéticos toman el Departamento de Estado (cancillería), el Departamento de Minería y Energía (ministerio), y el ente regulador de la Energía tienen, de hecho, a todo el sector, tanto en el campo local como internacional.

Recordemos los cargos del sector energía y petróleo durante el gobierno de George W. Bush: su vicepresidente fue presidente y CEO de Halliburton,  y su secretaria (ministra) de seguridad llegó al directorio de Chevron, petrolera que bautizó un buque-tanque con su nombre. Pero todavía era una época en que los políticos eran designados por las Corporaciones  económicas, pero ahora hay un cambio fundamental: las Corporaciones asumen directamente los cargos sin tanta necesidad de los políticos.

En el modelo empresario de Trump el sector privilegiado  es el energético.  No es por casualidad: los mayores contribuyentes de su candidatura a presidente fueron las petroleras y otras empresas energéticas, alcanzó a ser el 70% de todos los aportes declarados.

Entones no debe llamar tanto la atención la designación de Rex Tillerson, presidente de ExxonMobil, —que hiciera juicio a una empresa frackinera por devaluar su mansión con la construcción de tanques de almacenamiento—, como responsable de la política exterior, por donde pasa gran volumen de Estados Unidos operando como imperio, y también para Exxon,  la mayor petrolera de Estados Unidos que tiene una participación exterior que supera la actividad estadounidense. El propósito de Donaldo Trump y de Rex Tillerson (Rexx, para los periodistas críticos del gobierno, con las dos equis de Exxon) es reemplazar la actual importación de crudo en Estados Unidos (más del 30% de lo que utiliza) por petróleo no convencional, del deshielo ártico, y de las aguas profundas tanto del golfo de México como de la costa del Pacífico. Estados Unidos está importando de sus dos vecinos (Canadá y México), de dos países sudamericanos Venezuela y Ecuador, y de dos países del Medio Oriente Arabia Saudita e Irán.

Como ministro de energía fue designado Rick Perry, un gobernador del segundo Estado norteamericano por su actividad económica (Texas está luego de California y antes de Florida y Nueva York). Como gobernador texano apoyó a la industria del petróleo, del gas y a la eólica, resultando Texas en el séptimo lugar considerando todos a todos los países del mundo y a los Estados norteamericanos como unidades nacionales. De familia y el mismo de actividad rural (ganadería y algodón) apoyó con fuerza a las empresas petroleras y gasíferas, y a los discutidos oleoductos  Keystone XL y Dakota Access. Tiene un gran motivo: la obra la ejecuta Energy Transfer Partners, empresa con sede en Dallas y con un directorio integrados por  accionistas de Apache, Sunoco y de la ex Enron, entre otras petrogasíferas, mientras que Rick es miembro de la comisión de directorio de Energy Transfer Partners.

Por último lo más sorprendente si el sentido común se impusiera, Se trata del caso de la designación de Scott Perry en el organismo regulador ambiental (la EPA o agencia de protección ambiental). Durante la campaña,  D. Trump afirmaba que había que disolver a la EPA pero –por ahora– prefirió debilitarla en su capacidad reguladora. Por otra parte, Perry, que fuera procurador general de Oklahoma, durante más de seis años demandó a la EPA por sus “regulaciones injustificadas”.  Su designación fue aprobada por 52 a 46 votos y se dijo entonces que fue un día victorioso para el Big Oil. Además de lo patético que resulta presidir un organismo que se prometió deshacerlo, también lo es el hecho de que el miembro de la suprema corte que lo ratificó fuera Samuel Alito, quien a su vez tuvo su conflicto de interés: para asumir como miembro de la suprema corte debió desprenderse de las acciones de ExxonMobil que estaban en su patrimonio, situación que brotó en nuestro país en ocasión del conflicto de intereses de Juan C. Aranguren por su tenencia de acciones de Shell.

Este gobierno de la energía por los empresarios energéticos, y sobre todo petroleros, no asegura un futuro donde haya más trabajo como se dice pero si donde haya más destrucción de la propia tierra de los norteamericanos.

LAS MEDIDAS

La velocidad desreguladora de Trump y sus ceístas ha sido remarcada por el quizá más importante diario de Estados Unidos. El lunes 5 de marzo en un extenso artículo de Eric Lipton y Binyamin Appelbaum contaban todas las medidas antirreguladoras que decidió el nuevo gobierno estadounidense.

Estos autores señalan que el 20 de enero, el mismo día que asumió Donald Trump, por la tarde, “la administración comenzó su campaña contra la regulación con una nota de Reince Priebus, jefe de gabinete del Sr. Trump, instruyendo a las agencias a detener el trabajo sobre las nuevas normas y reglamentos para retrasar la puesta en práctica de la regulación”.

En pocas palabras, en dicho artículo del TNYT, se menciona que Stephen Bannon, el jefe de la estrategia de Trump, denominó a esta política como “la deconstrucción del estado administrativo”.

Más de 90 son las medidas deconstructivas de la regulación de Obama se tomaron en poco más de 45 días. Entre ellas, estos autores mencionan:

  1. Los bancos no deben cobrar más a los clientes en previsión de crisis financiera.
  2. La Seguridad Social no puede bloquear la compra de armas de fuego a los enfermos de salud mental (Trump derogó a la norma el martes 21 de febrero).
  3. Los cazadores podrán tirar con balas de plomo a los animales en las tierras fiscales federales.
  4. Más de noventa son las normas modificadas o derogadas, originadas en los entes reguladores federales o en el Congreso, para deshacer regulaciones existentes.
  5. Reducción efectiva de personal regulación, la que se está desarrollando en varias actividades
  6. Derogación de las tres reglas de Obama sobre carbón, petróleo y gas: cálculo de las regalías de petróleo y gas, exploración y explotación petrolera en el océano Atlántico y en el Ártico, y en el territorio federal.
  7. Se preparó una norma destinada a modificar a la que protege las aguas de la contaminación.
  8. Designaciones de nuevos responsables de las principales agencias reguladoras, como la FCC de comunicaciones, la SEC sobre acciones y otros valores, y la EPA de medio ambiente.
  9. Las empresas públicas ya no están obligadas a publicar los ingresos de sus funcionarios comparados con los salarios medios de sus empleados (el JPMorgan Chase pidió que no se publicara esta información).
  10. El 2×1: por cada nueva norma reguladora que se proponga deben ser derogadas dos; esta novedad ya está siendo impugnada en los tribunales.
  11. Modificación de las normas de regalías del carbón, gas y petróleo para que se cobre menos en la extracción en suelo federal.
  12. Trump hace modificar la Ley de Revisión del Congreso con el objeto de no dar salida a proyectos como la contaminación del aire, compensación por desempleo, cuidado de especies en peligro de extinción, sobre tarjetas de débito y la extracción de petróleo y gas en tierras federales, y en la plataforma continental del mar Ártico.

Estos son los 12 ejemplos del New York Time, que eligen un modelo desregulado y destrucción del territorio y ambiente de Estados Unidos por los propios estadounidenses.

LA ENERGÍA TRUMPIANA

Como se dijo antes, el mayor contribuyente de la campaña electoral del presidente Donald Trump es el sector de la energía, especialmente el petrolero.

El modelo actual de Estados Unidos se manifiesta como el gobierno de los Ceos para beneficiar a las grandes corporaciones de donde provienen, sabiendo que la puerta giratoria les permite tener asegurado su futuro en la empresa original.

Las medidas del gobierno ceísta están a la vista de todos y, sobre todo, de la prensa norteamericana que está muy crítica porque se siente perseguida: hoy día son una especia de payador perseguido. No hay que ir a buscar la opinión de sectores no beneficiados para obtener las mayores críticas: basta leer los diarios más tradiciones, conservadores y que más venden.

En energía y sus actuales medidas no pueden dejarse de lado: a) las designaciones, que vimos en la parte primera de este artículo, b) la autorización de la construcción del oleoducto central XL (de Canadá a Florida) y su anexo Acceso Dakota), b) negación del acuerdo ambiental de París y de Encíclica del ambientalismo integral, c) Declaración para potenciar la extracción doméstica de gas y petróleo para evitar la importación, d) lo que hace que se permita el fracking con descuido de los riesgos al ambiente y a la salud pública, e) apoyo al carbón y al biocombustible,  e) cálculo para disminuir el pago de regalías al carbón, gas y petróleo, f) suspensión de dar determinadas información por parte de las petroleras y gasíferas a la Agencia de Protección Ambiental (EPA),

Es notable la velocidad impresa a la modificación de las normas energéticas a favor de las corporaciones: nadie podrá decir que el gobierno es lento o incumplidor, por ahora. En este sentido hay que comparar y ver los hechos. Este ejercicio de comparación de medidas en Argentina hace aparecer al macrismo como gran seguidor, en muchas de las actividades, del cristinismo. Hay más continuismo que discontinuísmo.

En Estados Unidos la comparación de hechos aleja a Trump de Obama, y lo acerca como cumplidor de su plan energético y del video en el cual expuso las medidas en los primeros Cien Días de gobierno.

Resumiendo: en America First Energy Plan propone:

  1. Independencia energética, de ahí más fracking, más carbón, menos importación de crudo.
  2. Desregular y desburocratizar el sector y explorar las reservas que está prohibido (océano y Ártico).
  3. La política energética debe ser compatible con el medio ambiente (no se cumple cuando en la explotación petrolera se afirma más trabajo y menos ecología, o cuando se niega el calentamiento global y un cuento chino en el que mienten el Papa y la Cumbre ambiental de París).
  4. La energía es fuente de riqueza y de trabajo.
  5.  La preeminencia energética de Estados Unidos en el mundo debe ser objetivo de la política exterior. Reducción de impuestos.

En el video que se preparó para avisar como Plan y que fuera titulado Los Primeros Cien días de gobierno, se afirma entre otras medidas:

  1. Cancelar las restricciones a la extracción de carbón.
  2. Los funcionarios públicos que se van del gobierno deben dejar pasar 5 años para hacer lobbing.
  3. El princpio 2×1: por cada regulación nueva se deben derogar dos anteriores.

Hay dos males en el mundo de la política: prometer para no hacer y ganar las elecciones, y prometer medidas reaccionarias para justificar ejecutarlas. ¿Cuál es peor fraude?

15

¡Es el petróleo, estúpido!

Félix Herrero 02.01.2017.
El petróleo conserva su actualidad, una de las causas de que la política exterior de Trump se haya dispuesta a asociar a Estados Unidos con Rusia y no con China. Cuando más fuertes sean los lazos con Rusia (dirigida por blancos y cristianos) será más fácil desligarla del no hace mucho conocida por los occidentales como el peligro amarillo.

 

¡Es el petróleo, estúpido!

Por Félix Herrero (02.01.2016)

Me tomo la libertad de titular este artículo parafraseando la frase electoral de Bill Clinton, y que hace poco fuera glosada por un notable especialista en geopolítica petrolera[1], dada la importancia que tiene el petróleo en la política internacional actual.

El petróleo conserva su actualidad, una de las causas de que la política exterior de Trump se haya dispuesta a asociar a Estados Unidos con Rusia y no con China. Cuando más fuertes sean los lazos con Rusia (dirigida por blancos y cristianos) será más fácil desligarla del no hace mucho conocida por los occidentales como el peligro amarillo.

Con la guerra fría, los occidentales se denominaban sí mismos “occidentales y cristianos”, aunque Japón no era ni lo uno ni lo otro. Hoy la unión de EEUU con Rusia podría ser de denominación menos errónea, ya que Putin es un miembro practicante de la religión ortodoxa. Y para colmo, su sector europeo es el aventajado que se impone sobre el asiático: los rusos son blancos y no amarillos. En el año 2016 se desplegaron varias políticas que signarán los años próximos. En el año recientemente pasado el mundo del norte vivió dos hechos fundamentales: la separación del Reino Unido de la Comunidad Europea, y la elección de Estados Unidos consagrando a D. Trump. En ambos casos hay autores que entienden que son algunos de los recientes actos logrados por corrientes populistas, ya sean de  izquierda como la de Jeremy Corbyn el nuevo líder laborista  inglés o de derecha como Trump.

El nuevo presidente de Estados Unidos promete cambios de muchas de las políticas que se presentaban como inquebrantables por ciertos sectores del poder económico. Pero vino alguien que no quiere intermedios entre el poder económico y el gobierno. No son necesarios los intermediarios. Los empresarios pueden de manipular a los gobiernos pero consideran que deben dar el siguiente paso con el gobierno de las empresas; con algún parecido con lo que pasa en nuestro país: que con la ceocracia los empresarios necesitan menos mediadores.

  1. El petróleo en la geopolítica de las grandes potencias. Algunos se preguntan por qué hay tanta influencia creciente del petróleo en la política mundial cuando el mundo está transformando su matriz energética. Pero esto ¿es así? ¿Es real esta transformación verde de la matriz mundial?

El poder petrolero tiene cada vez más influencia en los gobiernos y en la política universal. Como antes, pero con mucho más profundidad ahora, el que no tiene petróleo no puede existir ni influir. Estados Unidos pierde el primer lugar como potencia económica[2] por la creciente China (no se discute  que militarmente conserva la primacía). La amenaza de Trump de poner aranceles del 45% a los productos chinos aún  se discute fuertemente en los propios sectores empresarios de Estados Unidos. El populismo trumpeano planteó como eslogan electoral que EUA debe volver a ser la más grande potencia mundial. Pero mientras sea el gran deudor de China vive una inestabilidad en el sector económico como segundón.

Entonces, la estrategia para recobrar el primer lugar perdido consiste en debilitar a China en sus asociaciones internacionales y en sus proveedores de petróleo, como es Rusia. China agotó el petróleo de su mar, pero hoy se supone que posee el no-convencional que necesita el uso del fracking.  Rusia está en el primer lugar como exportador de crudo en el mundo, y quien dependa del petróleo ruso, y también del de Medio Oriente, quedaría desamparado si se separa de Rusia, porque la provisión de origen árabe entra en una faz cada vez más inestable  por los conflictos armados de la región (“dónde hay petróleo hay guerra” siempre se dijo). “En Siria, en Yemen, en Egipto, en Camboya, la gente y los niños son bombardeados por tres  barriles de petróleo”, afirma Beatriz Aguirre-Urreta, del CONICET argentino[3].

Según analistas occidentales en reciente trabajos llegan a la conclusión que la Energy Statistics Administration del government of United States ( EIA[4]) no repetiría el error que cometió cuando atribuyó erróneamente gigantescos recursos a una nueva región no-convencional en Monterrey.

No en vano el presidente y accionista importante de ExxonMobil (la primera empresa petrolera norteamericana) es designado canciller de relaciones exteriores (Departamento del Estado) mientras se asegura que un petrolero tejano sea el ministro de Energía (Departament of Energy).

  1. Volver al “príncipado rojo”. Estados Unidos no tuvo diferencias con Rusia y China en las dos guerras mundiales: estuvieran asociados entre ellas. Pero el canciller que asumió el 20 de enero es además amigo del líder ruso. Putín, desde el  primer cargo de gobierno fue generoso en otorgar concesiones a ExxonMobil, la antigua Standard Oil, símbolo con la británica Shell del imperialismo petrolero del siglo veinte.

Mientras ExxonMobil obtiene concesiones, las otras firmas adquieren acciones del fondo de Rosneft (Glencore de origen estadounidense, la italiana ENI, la noruega Statoil). BP se asoció con otra petrolera rusa y terminó siendo  intervenida por el gobierno.  El 30 de agosto de 2011 ExxonMobil y Rosneft firmaron una importante asociación  con exclusividad sobre el mar Ártíco. Los rusos consiguieron la promesa de abordar territorio de EEUU, y en el golfo de México.

Pero la asociación petrolera tiene sus espacios secretos: en los Panama Papers aparece la empresa Exxonefts inscripta en el paraíso fiscal británico de las Bermudas.

Pero esta no es la primera vez donde un sector petrolero norteamericano mantiene una relación estrecha con los intereses rusos. Vladislao Lenín fue amigo de Armand Hammer. Todo el mundo conoce a Lenín, pero no siempre al petrolero estadounidense.

Hammer era descendiente de rusos  cuyos padres emigraron  a Estados Unidos. Hay historiadores que afirman que su padre conoció a quien fuera el líder de la revolución comunista. Armand Hammer fue un médico enriquecido en el comercio del arte de las pinturas, y de ese modo hizo una fortuna. Compró una pequeña petrolera que comenzó a tener grandes éxitos en el descubrimiento de petróleo (primero en Libia,  luego en América Latina, Medio Oriente y en los propios Estados  Unidos). Así Hammer se convirtió en multimillonario y su empresa  Occidental, conocida como Oxy (en Argentina logró uno de los contratos de  Arturo Frondizi en Mendoza), pasó a ser una de las más grandes petroleras norteamericanas.  Según varios historiadores Armand fue amigo de Lenín, y según algunos incluso le pagó su exilio en Suiza, y le habría financiado el viaje triunfal a Moscú cuando la corriente bolchevique hace cien años se hizo del gobierno ruso. Incluso, Oxi habría favorecido a la Unión Soviética a través de la comercialización de crudo. A Armand lo bautizaron el “príncipe rojo” por esta amistad.

O sea que la amistad petrolera ruso-norteamericana tiene una tradición de más de un siglo, ayer entre A. Hammer y Lenín, y hoy entre R. Tillerson y Putín.

  1. Resumen: aislar a China. Separar Rusia de China, para que esta última se quede sola y sin petróleo es parte de la estrategia de importantes sectores empresarios norteamericanos. ¿Podrán hacerlo? Los últimos esfuerzos de Obama de conflictuar la relación con Rusia no van en esta dirección. En esto se juega el destino de Trump y de la geopolítica mundial. Nosotros lo veremos sin tener participación alguna: el gobierno de Macri y Malcorra eligieron a Clinton contra Trump. Para remediarlo, Macri designa como nuevo ministro en el área de economía a N. Dujovne, hijo de un socio de Trump en el negocio inmobiliario y de la construcción de edificios, mientras Malcorra que tambae por sus continuos errores (apoyo a H. Clinton, fracaso como secretaria de Naciones Unidad, nuevos acuerdos sobre Malvinas), llora por haber apoyado a la señora Clinton.

[1] F. Willliam Engdahl, “¿Darfur? Es el petróleo, estúpido…”, en referencia a la guerra de Darfur entre firmas petroleras de Estados Unidos y de China.

[2] Bloomberg, “China derrotará a EEUU en una guerra comercial”, 29 de diciembre de 2016.

[3] En “Retrato del Cretácico en unas cuantas caracolas”, Ñ, 31 de diciembre de 2016.

[4] “Shale gas: China se esfuerza por explotar sus recursos”, por Alain Ruello, corresponsal en Beijing, de Ecos, París, 29 de agosto de 2016: “El país tiene las mayores reservas del mundo. Pero mucha complicación geológica e hídrica en sus proyectos. ¿China, gigante en la fabricación de gas de esquisto? Con 31,500 billones de metros cúbicos de reservas técnicamente recuperables, según la administración, el país tiene el mayor potencial del mundo. Pero un potencial que podría permanecer mucho más tiempo como una promesa, porque Beijing cuenta con una situación menos favorable que el que prevalece en Oklahoma o en Texas.”

 

1