LA DEUDA EN EL PRESUPUESTO 2018

Héctor Luis Giuliano 16.09.2017.
El Proyecto de Ley de Presupuesto 2018 prevé un aumento total de la Deuda Pública de 46.500 millones de dólares (MD) durante el ejercicio caen vencimientos de Capital o Principal por 66.600 MD y se contempla emitir nueva deuda por 113.600 MD.  Para el año 2018 el proyecto de ley prevé que el pago de intereses aumente a  21.200 MD, de los que poco más de la mitad se abonarían en moneda extranjera.

 

LA DEUDA EN EL PRESUPUESTO 2018

Por Héctor GIULIANO (16.9.2017)

El Ministerio de Hacienda acaba de dar a publicidad el Proyecto de Ley (PL) de Presupuesto 2018 y de una lectura preliminar del mismo surge que hay novedades importantes en materia de endeudamiento público, noticias éstas que son el motivo del presente trabajo.

Entrevista AL DORSO (16.09.2017)

AUMENTO DE LA DEUDA

El PL 2018 prevé un aumento total de la Deuda Pública[1] de 46.500 MD[2]: durante el ejercicio caen vencimientos de Capital o Principal por 66.600 MD (≡ 1.284.400 M$) y se contempla emitir nueva deuda por 113.600 MD (2.180.700 M$).

Esto ocurre porque la totalidad de los vencimientos no se amortiza en forma neta, es decir, no se paga con desembolsos de dinero y/o divisas (según el caso) que reduzcan el stock de las obligaciones sino que se renueva o refinancia íntegramente – hasta el último centavo – con nueva deuda; y además se toma deuda adicional, que en el próximo año serán los 46.500 MD citados.

El año pasado la Deuda se incrementó en 34.500 MD, como producto de 254.00 MD de saldo final del 2015 – administración Kirchner – contra el stock de la deuda al 31.12.2016 – primer año de gestión Macri – que se elevó a 288.500 MD.

Todo esto, según cifras oficiales del Ministerio de Finanzas (MF), que incluyen la deuda remanente con los Holdouts (8.500 MD) y los Cupones PBI (13.000 MD).

La Ley 27.341 de Presupuesto 2017 prevé para el corriente año completar un endeudamiento nuevo por 38.200 MD, como resultado de vencimientos de deuda por 58.200 MD y toma de deuda nueva por 96.400 MD; siempre bajo el mismo régimen de refinanciación total de los vencimientos y toma de deuda adicional.

Según el Mensaje del PL de Presupuesto 2018 este aumento de la deuda del Estado aparece ahora modificado: conforme las proyecciones actuales el aumento del stock de la deuda sería este año de unos 44.000 MD y no ya de 38.200 MD, como producto de 103.800 MD de endeudamiento público contra amortizaciones de capital por 59.800 MD.

No se conoce cuál sería el respaldo legal de esta deuda adicional por unos 5.800 MD más de lo previsto en el Presupuesto del año en curso pero si ello fuera así se trataría de obligaciones nulas porque la Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado establece taxativamente – en su artículo 60 – que no se pueden formalizar operaciones de crédito público si no están contempladas en la ley de presupuesto del año respectivo o en una ley específica al efecto.

El extraordinario crecimiento de la Deuda Pública en lo que va de la administración Macri superaría así el aumento del endeudamiento bajo la administración Kirchner 2003-2015 que – pese al discurso del des-endeudamiento – aumentó el stock de la deuda del Estado en unos 100.000 MD (151.000 MD al 2003 contra 254.000 MD a fin del 2015).

Sumando la nueva deuda Macri en sus dos primeros años de gestión, por más de 70.000 MD – 34.500 MD del 2016 más los 38.200 MD del 2017 – y agregándole ahora los 46.500 MD previstos para el 2018, su gobierno elevaría así el endeudamiento fiscal en unos 120.000 MD (119.200) en tres años.

Colocar 2.180.700 M$ (≡ 113.000 MD) de deuda en un año – según lo prevé el PL de Presupuesto 2018 – representa un promedio de colocaciones de deuda de 6.000 M$ (≡ 310 MD) por día: 250 M$ (≡ 13 MD) por hora.

 

INCREMENTO DE LOS INTERESES

A diferencia de los vencimientos de capital, que se refinancian en forma total, los servicios por intereses de la Deuda Pública, en cambio, se pagan en efectivo y son parte muy importante del Gasto Público Corriente.

Este año 2017 estaba previsto originariamente abonar 247.600 M$ (≡ 13.800 MD, al tipo de cambio 17.92 $/US$) por concepto de intereses pero ahora esa previsión aparece modificada, elevándola a 16.600 MD (unos 320.000 M$) según el PL; y algunas versiones recientes la hacen sobrepasar los 19.000 MD.

Presumiblemente esta relevante diferencia entre los intereses del Presupuesto 2017 original (Ley 27.341) y los que terminarían siendo efectivamente abonados durante el año se explique por el pago de intereses a los Holdouts, que fue arreglado con los acreedores en Abril del año pasado (conforme la Ley 27.249) pero los términos e importes, así como el cuadro de situación actual, se desconocen porque el gobierno no ha cumplido todavía con su deber legal de informar al Congreso al respecto.

Para el año 2018 el PL prevé que el pago de intereses aumente a 406.500 M$ (≡ 21.200 MD), de los que poco más de la mitad se abonarían en moneda extranjera.

Este pago de los Intereses de la Deuda Pública constituye el rubro de mayor importancia dentro del Gasto Público del Presupuesto 2018 después del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (1.293.400 M$), aunque éste último conlleva toda la masa del Sistema Previsional que se contrabalancea con los ingresos respectivos.

El gasto total por Intereses – los 406.500 M$ citados – es casi el doble de Seguridad (120.900 M$) y Defensa (116.500 M$) juntos, duplica igualmente la suma de Educación (163.200 M$) y Ciencia/Tecnología (19.300 M$), también la de Desarrollo Social (174.600 M$) y multiplica la de los gastos de Salud (56.500 M$).

Hoy el Gasto por Intereses es el que tiene el mayor ritmo de aumento interanual: 28.0 % para el 2018 contra un promedio general de aumento del Gasto Público Primario (sin contar intereses) del 16.0 %, comparados ambos con el 2017 (los 21.200 MD contra la cifra ajustada de 16.600 MD), siendo así uno de los factores determinantes de mayor peso dentro del Déficit Fiscal que notablemente es el principal motivo de las lamentaciones del gobierno y del establishment financiero.

El Gasto por Intereses constituye el 14.0 % del Gasto Público Total (406.500 M$ / 2.904.400 M$) y el 15.1 % del Gasto Corriente pero reviste una gravedad mucho mayor porque representa el 28.3 % del Gasto de la Administración Central.

La Administración Pública Nacional comprende tres grandes áreas, cuyos gastos respectivos en el Ejercicio 2018 serían: 1.438.400 M$ la Administración Central, 123.300 M$ los Organismos Descentralizados y 1.342.700 M$ las Instituciones de la Seguridad Social. En total, los 2.904.400 M$ de Gasto Público del Estado.

Los Intereses, sin embargo, están a cargo sólo de la Administración Central (AC) – salvo una suma no relevante de 220 M$, dentro de los 406.500 M$, que corresponden a Organismos y Seguridad Social – de modo que cotejados contra el subtotal de la AC la proporción de tal gasto es del 28.3 % mencionado (406.500 / 1.438.400 M$).

Esto significa que casi 3 de cada 10 $ de Gasto Público de la Administración Central van destinados al pago de los servicios de intereses de la Deuda Pública.

El pago de estos intereses por 406.500 M$ (≡ 21.100 MD) anuales significa un promedio de 1.100 M$ (≡ 57.5 MD) por día ó 46 M$ (≡ 2.4 MD) por hora que pasa de nuestra vida.

 

ANATOCISMO DE LOS INTERESES

La capitalización de intereses o anatocismo es el estadio más grave en que se encuentra un deudor y consiste en que los intereses devengados y no pagados se suman al capital original adeudado y generan nuevos intereses.

Así, por aplicación del Interés Compuesto, el anatocismo identifica uno de los puntos más graves del sistema de Deuda Perpetua que condiciona las Finanzas del Estado Argentino: la refinanciación total y permanente de los vencimientos de capital a medida que se van produciendo – por falta de capacidad de repago –  aumenta en forma continua y extraordinaria el monto del principal y el consiguiente  pago de más intereses.

Estas experiencias ya las ha sufrido nuestro país – directa e indirectamente – como producto del aumento extraordinario de la Deuda Pública y del crecimiento desproporcionado de los Intereses a Pagar a lo largo de su Historia y particularmente en los tiempos recientes.

La Crisis de Deuda del 2001 se produjo precisamente bajo circunstancias análogas: un vertiginoso aumento sistemático de la Deuda y sus Intereses, sin capacidad de repago por parte del Estado y con un soporte de liquidez prestada pero sin solvencia propia.

El PL de Presupuesto 2018 informa[3] que 95.200 M$ (≡ 4.900 MD) en 2017 y 122.600 M$ (≡ 6.400 MD) de intereses no se abonarían a los acreedores sino que se capitalizarían; un procedimiento que por ahora tocaría los servicios de la Deuda Intra-Estado (que representa el 51 % de la Deuda Total) y no los de la deuda con terceros (acreedores privados y organismos financieros internacionales).

Se trata de una noticia importante – aunque poco perceptible para el observador común dentro del fárrago de datos del PL de Presupuesto 2018 – pero que denota la gravedad de la situación con respecto a los límites de la capacidad de pago de los intereses de la Deuda y, a la vez, acentúa la tendencia de arrastre – que viene desde la administración Kirchner – hacia una licuación progresiva de la Deuda intra-Estado para seguir aumentando la Deuda Externa con Terceros.

El anatocismo configura una zona de alerta roja para cualquier deudor e igualmente para las finanzas fiscales y es materialización de la Lógica del Sistema de la Deuda, que es la Usura, entendida no sólo como la dependencia condicionante frente a los acreedores sino además – y más grave aún – el callejón sin salida de una trampa de deuda perpetua frente a los capitales financieros donde el Deudor nunca puede dejar de ser Deudor.

En este marco de Usura – que implica gravísimas consecuencias económico-financieras, sociales y políticas para la Argentina – la administración Macri avanza hacia las elecciones parlamentarias del 22.10 soslayando la agenda económica en general y la gravísima problemática de la Deuda en particular, vendiendo expectativas a la opinión pública a falta de resultados y redoblando su apuesta de gobernar con deuda como requisito indispensable de su estabilidad financiera y política.

[1] Cuando hablamos aquí de la Deuda del Estado según el Presupuesto Nacional nos referimos siempre a la Deuda y al Presupuesto del Estado Central – que es el que aprueba el Congreso – no al consolidado de la Nación Argentina en su conjunto dado que aquí no figura la deuda de Provincias/Municipios, Empresas Públicas, Organismos Nacionales y Fondos Fiduciarios, Banco Central (BCRA) y Juicios contra el Estado con sentencia en firme.

Salvo los datos conocidos por vía separada de la deuda del BCRA – que sólo por Lebac es del orden del billón de pesos (1 B$ ≡ 60.000 MD) y del monto desactualizado de la deuda consolidada de las provincias (incluyendo la CABA) que al 30.9.2016 era de 419.400 M$ (≡ 27.500 MD) , el resto de los pasivos se ignora por falta de información oficial, de modo que el total de la Deuda Pública Nacional de la Argentina es un misterio, un misterio siempre  encubierto por los gobiernos de turno.

[2] Las abreviaturas MD/M$ significan Millones de Dólares/Pesos respectivamente y se expresan siempre con redondeo, razón por la cual pueden darse mínimas diferencias entre totales y sumatoria de términos. A veces estas diferencias menores se derivan también de los importes tomados del propio PL. En la mayoría de los casos, los montos se consignan en pesos y en dólares equivalentes (≡).

Salvo que se indique  lo contrario, la conversión peso-dólar se hace aquí a razón de 19.3 $/US$ promedio, conforme la nueva proyección presupuestaria para el 2018.

[3] Tabla 3.1 – Ingresos y Gastos del Sector Público no Financiero (página 57 del Mensaje del PL de Presupuesto 2018).

81

DEUDA DEL BANCO CENTRAL Y NEGOCIADO DE LAS PASO

Héctor GIULIANO  19.8.2017.
La votación de las PASO del 13.8 – una encuesta pre-electoral obligatoria donde no se elegía básicamente nada – dio lugar a una maniobra financiera que le ha costado muy caro a la Argentina.

 

DEUDA DEL BANCO CENTRAL Y NEGOCIADO DE LAS PASO

Por Héctor Luis Giuliano (19.08.2017)

La votación de las PASO del 13.8 – una encuesta pre-electoral obligatoria donde no se elegía básicamente nada – dio lugar a una maniobra financiera que le ha costado muy caro a la Argentina. El costo directo de estas supuestas elecciones internas se ha estimado en unos 2.800 M$ (Millones de Pesos) pero la movilización total de la ciudadanía y todos los servicios conexos inherentes a la jornada electoral es probable que eleven esa cifra mucho más arriba todavía.

Sin embargo, este costo directo no resulta tan relevante comparado con el negociado financiero que estas PASO han servido para inducir y enmascarar.

Con el falso argumento de un pánico o temor inexistente los grandes operadores financiero-bancarios y cambiarios – en el marco de una verdadera acción psicológica colectiva – consolidaron uno de los zarpazos especulativos más grandes de los últimos tiempos y, lo que es peor, lo hicieron en connivencia fáctica con el Banco Central (BCRA) que, caso contrario, debiera haber denunciado este tipo de maniobras (una maniobra que, por otra parte, es también un clásico histórico de corrupción en casi todas las convocatorias electorales):

  1. Los capitales financieros – locales e internacionales – provocaron la escapada del dólar mayorista de las últimas semanas previas al 13.8 (como ya lo habían hecho antes del mega-vencimiento de Lebac del 18.7) retrayendo unos parte de la liquidación de exportaciones (grandes grupos agro-exportadores, principalmente de soja) y pasando otros fuertemente sus posiciones de divisas a pesos (agentes bursátiles y bancos), coincidentemente con una retracción de ingresos y/o aumento de salidas de fondos especulativos externos o dinero golondrina, que lucra con el arbitraje entre tipo de cambio y tasa de interés. Esto, como agravante, se habría dado en un momento de menores ingresos de divisas por nuevas deudas (siendo que las que entraron luego se usaron para atender la pérdida de reservas que ya se había producido).
  2. El BCRA respondió a esta movida aumentando sus tasas de interés a corto y muy mediano plazo – por Lebac y por Pases Pasivos – en el mercado secundario (donde habría llegado a pagar tasas implícitas de hasta el 28 % anual los días previos al fin de semana de las PASO). Y también respondió con intervenciones directas en el mercado cambiario, donde en 10 jornadas se desprendió de más de 1.800 MD (Millones de Dólares) de Reservas debido al mismo proceso especulativo.
  3. Como las PASO se daban sólo dos días antes del nuevo mega-vencimiento de Lebac, por 535.000 M$[1] – el 56 % del stock total de estas letras, que suman más de 950.000 M$ (una cifra superior a la Base Monetaria, que al 7.8 era de 832.300 M$) – el BCRA terminó reconociendo a los acreedores bancarios otra vez una tasa del 26.5 % anual, la misma que la licitación anterior del 18.7.

Ergo, la movida artificial de los grandes oligopolios sobre la cotización del dólar sirvió para que el BCRA – como supuesta víctima de esta operatoria – mantuviera elevadas las tasas con que remunera a los grupos financieros que manejan el macro-negocio del arbitraje entre Dólar y Tasa de Interés; un negociado armado sobre la base de la extraordinaria sangría financiera que se viene produciendo y aumentando cada vez más a costa del BCRA.

Es decir, que se produjo una enorme masa de ganancia especulativa, financiera y cambiaria a la vez, por la acción combinada de especuladores y BCRA: ganancias que se dieron por el diferencial de cotización del dólar y ganancias por el aumento de las tasas de interés de las Lebac.

Los hechos reflejan crudamente las magnitudes que esta vez estuvieron en juego:

  1. El martes 15.8 le vencían al BCRA Lebac por valor de 535.000 M$ (más de la mitad del total de las letras) cuya renovación – como todos los meses – deviene una necesidad inexorable para el Banco ya que nunca podría inyectar al mercado una suma ni mínimamente cercana a esa cifra.
  2. De esos 000 M$ el BCRA renovó 453.400 M$ aceptando pagar – como el pasado mes de Julio – una tasa del 26.5 % anual por las letras más cortas (a 35 días), que son la mayoría, y elevando a la vez el resto de las tasas que abarcan la curva de rendimientos:
Plazo de las nuevas Lebac Importe adjudicado Tasa de Corte aceptada
35 días 266.800 M$ 26.50 %
63 días 76.000 M$ 26.50 %
91 días 71.600 M$ 26.50 %
154 días 14.500 M$ 26.25 %
217 días 9.700 M$ 25.95 %
273 días 14.700 M$ 25.85 %

Fuente: Comunicado 50875, del 15.8.2017, del BCRA.

  1. La diferencia de 81.600 M$ por letras no renovadas (535.000 – 453.400 M$) supuso obviamente una reducción del stock de Lebac pero, en forma simultánea y como contrapartida, significaba un fuerte aumento del circulante dentro de la Base Monetaria, con el consiguiente peligro cierto de presión inflacionaria.
  2. El importe de los pesos inyectados el Martes pasado era, en realidad, mayor aún porque a los 81.600 M$ de Lebac no renovadas se sumó el pago en efectivo de intereses por unos 15.000 M$ correspondientes a las letras vencidas ese mes, junto con otras operaciones menores: en total, más de 100.000 M$.
  3. El destino de este remanente de fondos de Lebac no renovadas no se informó oficialmente pero habría tenido varios canales de colocaciones alternativas:
  4. Unos 21.000 M$ fueron reabsorbidos por el propio BCRA vía colocación de Pases Pasivos, que son títulos de cortísimo plazo (a 7 días) y pagan el 26.25 % anual (que es la Tasa de Interés de Referencia fijada por el Banco).
  5. Otros 15.000 M$ fueron también reabsorbidos por el BCRA pero a través de ventas de Lebac de su cartera en el Mercado Secundario.
  • Una parte de los fondos de estas letras no renovadas habrían ido a la Bolsa para posicionarse en la compra de Títulos Públicos ajustables por Inflación (CER) y/o por Tasa Badlar.
  1. Una masa no cuantificada habría ido nuevamente a la compra de dólares, sumándose al leve rebote alcista que se dio después de la baja relativa inmediata posterior a la renovación de Lebac del 15.8.
  2. A lo que cabría agregar otras sumas – igualmente no identificadas – que jugaron a contratos de Dólar Futuro en el Mercado Rofex, donde se pactan operaciones con dólar a 19.30 $ para fin de año pero se arbitra también con la fecha electoral del 22.10.

Bajo cualquiera de estas alternativas, lo cierto es que al costo de tales operaciones financieras del BCRA por Lebac tienen que agregarse así las correspondientes a las otras operaciones de esterilización complementarias que se hayan registrado en esta semana que pasó.

  1. De las operaciones de venta de reservas internacionales del BCRA por 1.800 MD el Banco ya habría recomprado en Agosto algo más de la mitad – unos 1.000 MD – utilizando para ello divisas adquiridas a exportadores después de la suba del dólar y divisas ingresadas por desembolsos de deudas externas contraídas por el gobierno Macri.
  2. Es importante destacar que – en el caso de las Lebac que estamos tratando – las letras que no se renuevan (y que tampoco son reabsorbidas por otros instrumentos) más los intereses que se pagan por las letras que vencen mensualmente implican una gran inyección de dinero al mercado, siendo que ese dinero se emite sin respaldo para poder atender los pagos respectivos. Se trata de una típica operación de impresión de billetes sin correlato en valores y, por ende, con efectos inflacionarios; pero sobre la cual notablemente el establishment financiero no se lamenta, pese a que se está emitiendo dinero sin respaldo para pagar deudas financieras, lo que también es fuente de Inflación.

En síntesis: que por la acción especulativa de los grandes operadores financieros durante el período de las inútiles elecciones de las PASO aumentó el precio del dólar, que por este incremento del dólar el BCRA subió o mantuvo elevadas sus tasas de interés, y que por esta maniobra el BCRA perdió 1.800 MD de sus reservas internacionales y tuvo y tiene que sufragar mayores costos financieros por sus Lebac, cuyo monto – solamente por intereses – ya sobrepasa los 250.000 M$ anuales.[2]

El BCRA ha sido y es cómplice de estas maniobras, que contradicen abiertamente el discurso del libre y honesto juego de Oferta y Demanda de los Mercados – Mercado de Dinero (regido por la Tasa de Interés) y Mercado de Divisas (regido por el Tipo de Cambio) – porque, caso contrario, frente a este tipo de coaliciones distorsivas debiera denunciar tales prácticas por ser tan contrarias a las reglas de competencia como perversas y costosas para el Estado Argentino; y actuar en consecuencia en lugar se someterse a dicho juego extorsivo.

El BCRA debiera dar a conocer la lista de todos los grandes operadores que hicieron estos movimientos financieros y cambiarios, antes y después de las PASO,  para permitir al menos que dichos operadores sean identificados por la opinión pública y no mantenerlos en secreto amparando la in-transparencia y la corrupción de los mercados, a los que tanto se pondera.

El BCRA macrista sostiene una política de ocultamiento de estas informaciones clave inherentes al Sistema Financiero con las que encubre su manejo secreto con los grandes operadores del mercado, que son precisamente los sectores que están batiendo récords de rentabilidad especulativa en el país a costa del Estado; y lo hace a través de nuevos mitos que se tratan de instalar desde el mismo gobierno:

  1. El mito del Tipo de Cambio Flotante, cuando el BCRA no sólo interviene para cubrir los desequilibrios provocados por acuerdos espurios de los grandes operadores del Mercado sino que lo hace permanentemente, en forma indirecta, a través de su política de altas tasas de interés, para arbitrar así el pase de dólares a pesos por medio de las Lebac; y para mantener con ello retrasado el tipo de cambio ante el ingreso de divisas.
  2. El mito de que ahora la Devaluación no se traduce en Inflación – Sturzenegger dixit – como si el aumento del dólar y el aumento de las tasas de interés no se transmitieran a los precios, cuando ambos son justamente factores causales directos y clásicos  de Inflación.
  3. El mito de que el objetivo primario de las altas Tasas de Interés es contener la Inflación cuando, en los hechos, las tasas hoy son el instrumento básico de contención del Dólar y que esa contención responde a la política macrista de Dólar bajo o retrasado frente a la inflación interna con la finalidad elemental de garantizar el pago de intereses crecientes en moneda extranjera a los acreedores del Estado. Porque el gobierno necesita un dólar bajo debido a que recauda en pesos y cada vez tiene que pagar más servicios de deuda en dólares.

Dicho con otras palabras: el presidente del BCRA, Sturzenegger, dice que sube y mantiene elevada la Tasas de Interés como forma de lucha contra la Inflación pero, en la práctica, la realidad muestra que la Tasa de Interés – en lo concreto e inmediato – antes que un instrumento anti-inflacionario es un intento de ancla cambiaria, que es lo que esencialmente le preocupa a la administración Macri para poder sostener el pago de intereses de la Deuda Externa, fuerte y rápidamente creciente, que su administración sigue produciendo con su Política de Gobernar con Deuda.

[1]  Todos los importes – en Millones de Pesos/Dólares (M$/MD) – se expresan siempre con redondeo, por lo que pueden existir mínimas diferencias entre totales y  sumatoria de términos.

[2] Esto significa que, en realidad, el BCRA terminó recomprando casi toda la masa de Lebac cuyo vencimiento se producía el 15.8, con el consiguiente costo financiero.

Aceptar el pago de intereses del orden promedio de un 26 % anual sobre 500.000 M$ implica pagar en total 130.000 M$ en el año: aproximadamente 11.000 M$/Mes ó 360 M$/Día.

Siendo que esto corresponde sólo a la mitad del stock de las Lebac existentes, de modo que en total los intereses que paga el BCRA en el año son prácticamente el doble: 250.000 M$.

Un solo punto porcentual más de interés sobre los 500.000 M$ de las letras renovadas  – como el caso de haber pasado del 25.5 % al 26.5 % de Junio a Julio, y haberlo mantenido ahora también para Agosto – representa unos 5.000 M$ adicionales por año (500.000 x 0.265 / 26.5): son más de 400 M$/Mes ó 14 M$/Día (solamente por ese 1 % incremental).

Estas cifras – como acabamos de decir, y precisando su cálculo – virtualmente se duplican si aplicamos la tasa promedio del 26 % a toda la deuda cuasi-fiscal por Lebac, que hoy pasa los 950.000 M$ (976.300 al 7.8): son más de 250.000 M$/Año (21.000 M$/Mes ó 700 M$/Día).

El BCRA paga así tantos intereses por su deuda en letras como paralelamente  el Tesoro Nacional paga por la Deuda del Estado Central: el total de ambos está entre los 1.400 y 1.500 M$ por día; y el total anual conjunto por concepto de interés supera entonces los 500.000 M$.

27

Re-endeudamiento vía letras del Banco Central

Héctor Luis Giuliano 21.07.2017.
Conforme lo vinimos advirtiendo en nuestros dos trabajos anteriores sobre este tema[1], el Banco Central (BCRA) concretó esta semana una de las operaciones de deuda a corto plazo más costosas de la historia financiera argentina. El stock de la deuda cuasi-fiscal por Lebac (Letras del BCRA) era de unos 984.000 M$ (≡ 59.300 MD[2] al 30.6 pasado y este martes 18.7 le caía una mega-vencimiento por más de la mitad del total: 532.000 M$ (…)

 

Re-endeudamiento vía letras del Banco Central

Por Héctor Giuliano (21.7.2017)

Conforme lo vinimos advirtiendo en nuestros dos trabajos anteriores sobre este tema[1], el Banco Central (BCRA) concretó esta semana una de las operaciones de deuda a corto plazo más costosas de la historia financiera argentina. El stock de la deuda cuasi-fiscal por Lebac (Letras del BCRA) era de unos 984.000 M$ (≡ 59.300 MD[2] al 30.6 pasado y este martes 18.7 le caía una mega-vencimiento por más de la mitad del total: 532.000 M$.

Esta altísima concentración de vencimientos mensuales no es ocasional sino que  proviene de la política del BCRA de realizar operaciones a cada vez menor plazo, siendo que hoy la gran mayoría de tales operaciones se hacen a 28 días en el caso de las Lebac y a sólo 7 días por Pases Pasivos.

La suma de Lebac – los 984.000 M$ citados – es actualmente superior a la Base Monetaria (BM), que a la misma fecha de fines de Junio era de 833.100 M$ (≡ 50.200 MD).

El BCRA no tiene capacidad de repago sobre esta masa de obligaciones, que contrae y renueva todos los meses, como no sea la alternativa teórica de imprimir sin respaldo billetes en cantidades siderales. Pero si lo hiciera inyectaría así una masa monetaria adicional que presionaría de forma incontrolable sobre los precios – aumentando la elevada inflación ya existente – por lo que, en principio, sólo le queda la opción de refinanciar sistemáticamente los vencimientos tratando de retener si no la totalidad la mayor parte de esos fondos en pesos que, caso contrario, se desplazan en forma inmediata al mercado cambiario, provocando el aumento del dólar.

Tal es la trampa de deuda perpetua en que está metido el BCRA, una trampa perfectamente comparable con la del Tesoro Nacional y también de las Provincias, cuyo patrón común es la incapacidad de pago, la consecuente refinanciación permanente de todas las obligaciones y la toma de deuda adicional, aumentando con ello no sólo el stock de la deuda – que se recicla continuamente – sino además el quantum de los intereses a pagar, que a su vez aumentan todavía más los déficits fiscal y cuasi-fiscal argentinos.

Bajo este marco, el oligopolio[3] de los grandes bancos que manejan el negocio de la deuda pública del BCRA vía Lebac y Pases Pasivos habrían arreglado de hecho  con el gobierno Macri una maniobra de suba de la tasa de interés a pagar por estos pasivos en los días previos a la nueva mega-licitación de Lebac del 18.7, una movida ésta que le dejaría al capital financiero tantas ganancias extra-ordinarias como pérdidas para el Estado Argentino.

Por qué decimos esto?

La operación técnica a través de la que se consolidó este nuevo y mayúsculo negocio financiero a costa del Estado – el primero o segundo más grande de la historia nacional – se dio en tres pasos:

  1. A fines de Junio y principios de Julio, se produjo un aumento del dólar mayorista piloteado por grandes operadores del mercado cambiario que retrajeron el ingreso de divisas: se estima que los grandes grupos exportadores de granos retuvieron entre 5 y 6.000 MD y que las entradas de moneda extranjera se habrían limitado coyunturalmente por demora en desembolsos de la Deuda Externa de Nación y Provincias por otros 4 a 5.000 MD.[4] A lo que podría agregarse quizás un menor ingreso circunstancial de capitales especulativos externos o capitales golondrina, que siguen obteniendo en la Argentina ganancias récord en el mundo a través de sus operaciones de arbitraje entre tipo de cambio y tasas de interés (carry trade), con el negocio de las Lebac a la cabeza.
  2. El BCRA, ante esta suba sorpresiva del dólar generada no por corrida de la gente a las casas de cambio (dólar minorista) sino por movimientos deliberados de grandes operadores comerciales y financieros (dólar mayorista) – y producida esta leve escapada justo pocos días antes del macro-vencimiento de Lebac – respondió elevando aún más las tasas de interés que paga. Pero no lo hizo reconociendo por causa esta maniobra especulativa indirecta vía dólar sino con el argumento de una acción precautoria frente al temor de un aumento de la Inflación (en un momento en que el IPC Nacional de Junio mostraba, en cambio, un índice del 1.2 % mensual, que era algo menor a los meses precedentes).

Más aún, fue el propio BCRA el que convalidó anticipadamente esta movida interviniendo en el Mercado Secundario de Lebac[5] durante la semana previa a la gran licitación.

  1. Todo este movimiento, que involucraba las letras, hizo que en la subasta del Martes 18.7 los grandes bancos obtuviesen por su renovación de Lebac una tasa de interés implícito un punto porcentual por encima de la licitación del mes pasado: 26.50 % contra 25.50 % en Junio para la mayoría de las colocaciones, que son a 28 días de plazo.

El incremento de un punto porcentual sobre el monto renovado significa – de un plumazo – el pago de intereses adicionales aproximados por 5.000 M$ más por año, obviamente por sobre el 25.5 % que ya se viene pagando.

O sea, que fue la escapada de la cotización mayorista del dólar, producida muy pocos días antes de los vencimientos del 18.7, y no una corrida del público hacia el dólar minorista la que condujo así – muy oportunamente para los acreedores de Lebac – a que el BCRA decidiera aumentarles las tasas para renovación de las letras.

Notablemente, nadie ha denunciado la existencia de una posible colusión en esto – ni sugerido siquiera la posibilidad de la misma – cuando se sabe que este tipo de maniobras corruptas constituyen la esencia clásica de las especulaciones financieras contra deudores que se encuentran tan impotentes frente a las condiciones de sus acreedores como la Argentina.

Por el contrario – casi como amparando o cubriendo este comportamiento – el presidente del BCRA, Sturzenegger, se apresuró a convalidar lo actuado y a restarle importancia a la nueva elevación de tasas aceptadas por las Lebac diciendo: “No voy a especular por qué el dólar se mueve para un lado o para el otro. Pero la volatilidad es sana, es la que hace que se desacoplen los precios del movimiento del tipo de cambio”.[6]

Agregando que: “Le permite al tipo de cambio cumplir con su rol de reasignar los recursos y absorber los shocks externos, si cuando el tipo de cambio se mueve, los precios no se mueven” (cosa que todavía no sabemos si va a ocurrir o no).

Y terminando con una frase medio críptica: “El resultado de la licitación tiene contenido informacional cero.” (El destacado es nuestro).

Esto es, que el presidente del BCRA hizo tres cosas a la vez: a) convalidó como algo natural y sano las sobre-tasas aceptadas por el Banco derivadas de las acciones especulativas de grandes operadores, b) soslayó la importancia de la relación tipo de cambio-tasa de interés pese a  que la misma es el ABC de toda operación financiera interna o externa, y c) desvió la atención de la incidencia determinante que tuvo la artificial escapada previa del dólar mayorista – que fue la que forzó en la práctica la elevación de las tasas de las Lebac – atribuyéndola en cambio a que tal aceptación de tasas más caras en la gran renovación de letras del 18.7 se debió a sus temores por la Inflación (precisamente en un momento en que el nuevo IPC Nacional muestra una disminución relativa de este indicador; del 1.2 % en Junio).

Aspectos básicos de la licitación de Lebac

Esta mega-operación de Lebac obliga a considerar al menos tres aspectos que están vinculados entre sí: a) Los números propios de la operación, b) El dinero no renovado y las Operaciones de Pase, y c) La relación Dólar versus tasa de Interés.

  1. a) Los números de la operación

Sobre 532.000 M$ de vencimientos el BCRA renovó letras por 467.600 M$ (el 88 % del total).

Los montos adjudicados por las nuevas Lebac (a VN-Valor Nominal), según plazos y tasas de corte aceptadas, fueron los siguientes:

Plazo (días) Tasa de Corte (%) Monto adjudicado (M$)
28 26.50 306.700
63 26.20 72.800
91 26.00 62.500
154 25.65 6.300
217 25.45 4.700
273 25.35 14.600
Total 467.600

Obsérvese que:

  1. La mayor parte de las renovaciones se ubicaron lógicamente en el plazo más bajo, que es el más corto y más rentable para los acreedores: un 66 % del total colocado a 28 días, con la consecuente continuidad de la asfixia financiera del BCRA debido a la proximidad de los nuevos vencimientos.
  2. Las tasas de interés – tasas implícitas que surgen por diferencia entre colocaciones bajo la par y vencimientos a valor nominal – siguen bajo curva de rendimientos inversa: las letras a menor plazo pagan mayor tasa de interés que las letras a largo plazo.
  • Las colocaciones a 28 días eran, de hecho, condicionantes de la indispensable pero transitoria tranquilidad financiera que el gobierno Macri necesita previa a las PASO, del 13.8. Y las que vencen a 63 y 91 días – sumadas a la forzosa renovación de las de primeras (de 28) y al resto de los vencimientos que le siguen cayendo – mantienen dicha condicionalidad extorsiva de los bancos hasta las elecciones parlamentarias del 22.10.

Este cronograma y sus gravosas condiciones preanuncian la continuación y/o empeoramiento de la situación financiera del BCRA hasta después de los comicios, cualquiera sea su resultado.

Las tasas de interés de Lebac y Pases Pasivos determinan el piso de las tasas del mercado, de manera que su aumento no es neutro ya que se traslada a la Economía Física o Real, con sus tradicionales efectos recesivos.

Es la resultante clásica del modus operandi (modo de obrar) del Capital Financiero convalidado por las autoridades de los gobiernos de turno.

 

  1. b) El dinero no renovado y las operaciones de pase

Los 64.400 M$ restantes de la operación de Lebac del 18.4, esto es, las letras no refinanciadas que da la diferencia entre vencimientos por 532.000 M$ y renovaciones por 467.600 M$, es dinero que pasa – por expansión o aumento – a la Base Monetaria (BM), presionando así sobre la inflación existente.

Se ha dicho que el BCRA tendría previsto y en curso volver a absorber la mayor parte de esta gran masa de dinero excedente (se habló de unos 50.000 M$) por medio de los instrumentos paralelos que tiene para menores plazos todavía – Pases Pasivos a 7 días que pagan una tasa de referencia del 26.25 % – por lo que la reabsorción de pesos abonando altas tasas de interés se mantendría y agravaría; aunque esto no fue confirmado.

Sin contar aquí con el drenaje permanente de las operaciones de pase overnight – a menos de un día de plazo – por las que el BCRA remunera a los bancos por sus saldos de caja inactivos entre el cierre de cada jornada y el comienzo del día siguiente: un subsidio más que privilegiado e injustificable del que goza el sistema financiero en la Argentina.

Lo mismo que en el caso de las Lebac, los montos de Pases Pasivos – deudas del BCRA con los bancos por cortísimos plazos a 1 y 7 días – han crecido sustancialmente como operaciones del Banco: sumaban 67.200 M$ al 31.12.2014 (≡ 7.900 MD, con dólar a 8.55 $/US$), aumentaron a 184.900 M$ a fines del 2015 (≡  14.200 MD, con dólar a 13.01 $/US$), pasaron a 267.300 M$ a fines del 2016 (≡ 16.900 MD, con dólar a 15.85 $/US$) y actualmente suman 348.100 M$ (≡ 21.000 MD, al 30.6.2017, con dólar a 16.60 $/US$).

Notablemente, mientras el stock de Pases Pasivos (dinero de cortísimo plazo que los bancos prestan al BCRA) es siempre menor al de su contrapartida por Pases Activos (dinero que el BCRA presta a los bancos), y pese a que la tasa de referencia pasiva es también menor que la activa (25.5 % contra 27.0 %) el saldo neto de intereses a pagar es desfavorable al BCRA: en el ejercicio 2016 fue  negativo de 6.100 M$ (≡ 400 MD).

En síntesis, que el BCRA opera hoy en gran escala desde dos ventanillas diferentes de endeudamiento paralelo con los grandes bancos y agentes de Bolsa: las Lebac para colocaciones que van de 28 a 273 días, y los Pases, que son a sólo 7 días y pagan una tasa anual casi equivalente, que ahora es del 26.25 %.

Téngase presente que ante estas magnitudes de deuda a corto plazo el efecto de los intereses se potencia en los casos de capitalización o anatocismo (que se supone son la mayoría): una masa de 984.000 M$ de Lebac como la actual, a una tasa promedio del 26 % significa más de 250.000 M$/año de intereses a pagar, que es tanto como lo que, a su vez, paga el Tesoro Nacional por su Deuda Pública, hoy de unos 300.000 MD (≡ 5.100.000 M$): en conjunto, medio billón o millardo (mil millones) de pesos por año.

 

  1. c) Dólar versus Tasas de Interés

La clave de todo el gran negocio financiero en la Argentina actual reside fundamentalmente en la relación entre Tipo de Cambio y Tasa de Interés: si el BCRA sube la Tasa de Interés – con el argumento de lucha contra la Inflación – tiende a retraer la demanda de dólares; y si baja la tasa los pesos se trasladan al dólar haciendo aumentar su cotización.

El planteo oficial de la administración Macri – que históricamente no es nuevo sino clásico en la Argentina – de usar la tasa de interés como freno inflacionario soslaya, sin embargo, que la tasa de interés es también un factor de inflación porque la retro-alimenta trasladándose a los precios a través del mayor costo financiero de las empresas. Con el agravante que lo hace más rápidamente que los costos económicos, comerciales y laborales.

Todo esto se ensambla o interactúa con el mito del Tipo de Cambio Libre o Flotante – hoy otra vez pregonado por la actual administración – un mito porque tal libertad de mercado no existe en la práctica frente al poder de los grandes operadores y porque el BCRA no sólo puede intervenir excepcionalmente en forma directa en el Mercado de Cambios sino que ya lo hace sistemáticamente en forma indirecta, regulándolo a través de la tasa de interés; con la particularidad que lo hace a favor de los grupos privados más concentrados de la Economía Financiera.

Pero volvamos al caso concreto de la licitación de Lebac del 18.7.

La escapada controlada de la cotización del dólar previa a la mega-renovación de Lebac condujo al aumento de las tasas de interés del BCRA pero no revirtió el retraso cambiario relativo que se sigue dando porque el ritmo de devaluación es inferior al ritmo de la inflación interna.

Hoy el Dólar corriente estaría estabilizado dentro de una banda de cotización que se considera controlable, el Dólar Futuro ROFEX de corto o mediano plazo se pacta a 18 $ al 31.10.2017, la Tasa Mayorista Badlar – la que se usa para operaciones superiores a 1.0 M$, a 30-35 días de plazo, entre grandes bancos – está en el orden del 20 % anual (y se mantiene alta pero estable en ese valor), las tasas de Lebac y Pases Pasivos están entre el 26 y 27 % anual y, pese a la proclamada confianza de los mercados, la Tasa Riesgo País (RP) de JP Morgan (EMBI+) sigue por encima de los 400 Puntos Básicos (PB, que al 15.7 son 4.26 puntos porcentuales por encima de la tasa mundial de referencia, que es la de los Bonos del Tesoro de los Estados Unidos y actualmente está en 2.33 %), esto es, un piso teórico del orden del 6.6 %, que sin embargo es inferior al que pagan por sus nuevas deudas Nación y Provincias.

Este último dato es relevante ya que denota que pese a todas las expresiones triunfalistas de la administración Macri en cuanto a confianza de los capitales internacionales y colocaciones de nueva deuda externa a tasas supuestamente algo más bajas, la sobretasa por RP sigue elevada y sin cambios, las tasas de interés locales continúan siendo un múltiplo de las internacionales – con las Lebac a la cabeza – y el dólar flota artificialmente dentro de una banda previsible, en principio, con lo que se favorecen las condiciones de la llamada bicicleta financiera – por arbitraje meramente especulativo  entre tipo de cambio y tasas de interés – mientras simultáneamente se des-incentiva las Inversiones Extranjeras Directas (IED), para proyectos productivos.

Empero, esta situación financiera no es genuinamente estable ni el aumento de las tasas de interés es un reaseguro frente a eventuales nuevas mini-corridas hacia el dólar mayorista.

De hecho, la liberación de esa masa de 64.400 M$ de Lebac no renovadas – cualquiera sea el grado de reabsorción producido vía Pases Pasivos – ya incidió sobre la cotización del dólar, llevándolo ayer 20.7 a 17.46 $/US$ contra 17.39 $ del día anterior; y ello, después de haber subido aproximadamente un peso en las últimas semanas (que fue el hecho que determinó la suba de 1 punto en la tasa de las Lebac).

Tal como fue dicho antes todo esto es, en definitiva, el producto de aceptar un determinado modus operandi en el funcionamiento de la política económico-financiera nacional; y ello constituye sólo un capítulo dentro del proceso de sangría financiera permanente y en gran escala que representan las letras del BCRA, que se renuevan todos los meses y en forma prácticamente total.

Estos hechos permiten vaticinar que el gobierno Macri no podrá liberarse del arbitraje entre Tipo de Cambio y Tasas de Interés, que el costo financiero argentino seguirá forzosamente elevado y que el tipo de cambio mantendrá su retraso relativo frente al aumento de los precios internos.

Y esto último ocurre porque la actual administración es deuda-dependiente y para seguir endeudándose – con total irresponsabilidad fiscal por toma sistemática de deuda pública sin capacidad alguna de repago – necesita un tipo de cambio bajo para poder comprar más dólares con la recaudación tributaria en pesos y con ello garantizar el pago de los servicios de intereses crecientes que afronta la Argentina.

De hecho, el total de Intereses a Pagar- tanto del BCRA como del Tesoro Nacional – se ha venido prácticamente duplicando en los últimos dos años.

Para asegurarse una sub-valuación del dólar para poder pagar Deuda Externa – o su equivalente contrapartida de apreciación artificial del peso – el BCRA tiene que subir y mantener altas las tasas de interés domésticas, para evitar que los capitales financieros se vayan al dólar. Y entonces el círculo vicioso recurrente entre tipo de cambio y tasa de interés deviene constante.

De allí el por qué las altas tasas de interés constituyen un requisito necesario dentro de este esquema económico-financiero macrista, ya que sirve para cumplir un triple objetivo: 1. Sostener esas altas tasas de interés – que frenan el crecimiento de la Economía – con el argumento anti-inflacionario, 2. Ofrecer con ello la mayor rentabilidad posible al sector especulativo financiero-bancario, y 3. Favorecer a los capitales golondrina externos que lucran con el diferencial de tasas de interés locales-internacionales bajo condiciones de tipo de cambio retrasado y estable.

Haber aumentado en un punto la Tasa de Interés promedio ponderada de todas las deudas a corto plazo del BCRA – entre Letras y Pases – significa que de un plumazo el país pasa a pagar unos 5.000 M$ más de intereses por año, que se suman al enorme  total de intereses a pagar durante el ejercicio, del orden de los 250.000 M$/año antes citado.

Se trata probablemente del más alto costo financiero que haya pagado gobierno alguno a lo largo de la Historia Argentina, que se está dando virtualmente bajo las narices de la población mientras se sigue distrayendo a la opinión pública con la venta de expectativas a falta de poder mostrar realidades concretas y mejores que las heredadas de la administración K.

Y todo ello, con el objetivo primario del gobierno Macri de llegar de cualquier forma a las elecciones de medio término de Octubre – después de un año y medio de gestión – sosteniéndose en su Política de Gobernar con Deuda.

[1] “Dólar y Deuda del Banco Central” (9.7.2017) y “La Deuda del Banco Central y su Tasa de Interés” (15.7.2017)

[2] Las siglas M$/MD significan Millones de Pesos/Dólares respectivamente y se expresan siempre con redondeo, por lo que pueden darse mínimas diferencias entre totales y sumatoria de términos.

[3] La palabra Oligopolio significa pocos vendedores mientras que la palabra Oligopsonio significa pocos compradores, que es la que aparentemente correspondiera utilizar aquí. Pero usamos deliberadamente la primera y no la segunda acepción para enfatizar que, en realidad, los bancos prestamistas del grupo o Club de la Deuda, estrictamente hablando, no se comportan como simples demandantes tomadores de letras sino que son quienes determinan las condiciones extorsivas bajo las cuales el BCRA refinancia sus pasivos impagables.

Un título periodístico reciente lo resume adecuadamente todo: “Exceso de líquido: los bancos no saben qué hacer con la plata y cada vez dependen más de prestarle al Banco Central” (Infobae, 17.7.2017). Y el periódico lo hace citando declaraciones del titular del Banco Provincia de Buenos Aires, Juan Curuchet, que dijo, entre otras cosas: “Hoy el sistema bancario argentino tiene un excedente de 10.000 MD para prestar. Hay liquidez en abundancia.”

Algo parecido dijo el propio presidente del BCRA, Sturzenegger, al afirmar que “la liquidez de los bancos es muy elevada, quizás demasiado.”

Siendo así que frente o pese a este cuadro de excedentes financieros ociosos el BCRA aumentó más aún la tasa con que premia a los bancos por las Lebac, en lugar de disminuirla.

Bajo hipótesis teóricas de Libre Mercado este exceso de liquidez debiera llevar a una baja de las tasas de interés, pero en la Argentina acontece lo contrario: mientras sobra el dinero prestable suben las tasas. Con el agravante que quien las sube – y con ello el piso de tasas para toda la economía – es el propio gobierno a través del BCRA.

[4] Artículo de Néstor Scibona en el suplemento económico de La Nación del domingo 16.7 (página 6).

[5] Se denomina Mercado Primario al de la colocación inicial de los títulos y Mercado Secundario al de la posterior compra/venta de los mismos entre terceros.

No está muy claro por qué el BCRA, que es el emisor primario, interviene también operando en el Mercado Secundario.

[6] La Nación, 19.7.2017 (página 16).

13

No a las represas de Santa Cruz

Sabrina Picone 15.07.2017.
Vecinos autoconvocados y organizaciones ambientalistas rechazan la construcción de las mega represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner en Santa Cruz. Entrevistamos a la Licenciada en Ciencias del Ambiente Sabrina Picone,  vecina de Santa Cruz, sobre la conflictividad y problemática de la represas. 

 

No a las represas de Santa Cruz

Sabrina Picone (Entrevista Al Dorso 29.07.2017)

Vecinos autoconvocados y organizaciones ambientalistas rechazan la construcción de las mega represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner en Santa Cruz. Entrevistamos a la Licenciada en Ciencias del Ambiente Sabrina Picone,  vecina de Santa Cruz, sobre la conflictividad y problemática de la represas. Detrás de un negocio de corrupción megamillonaria que atraviesa a las gestiones de Macri y Kirchner, se esconde un daño ambiental sideral que preocupa a los vecinos autoconvocados de Santa Cruz.

  • El peligro de dañar ríos y lagos, además del glaciar Perito Moreno, para producir energía cara con turbinas obsoletas para el negociado de algunos funcionarios.
  • Un territorio equivalente a dos ciudades de Buenos Aires serán inundados para establecer los embalses necesarios para las megarepresas.
  • Una promesa de puestos de trabajo que se desvanecerán una vez concluida la obra.
  • Un funcionario que aprueba un estudio de impacto ambiental realizado por la misma empresa de la que forma parte como director.

Fueron algunos de los temas analizados por la licenciada Sabrina Picone en AL DORSO.

7

DEUDA DEL BANCO CENTRAL Y TASAS DE INTERÉS

Héctor Luis Giuliano 15.07.2017.
La dependencia financiera absoluta que el BCRA presenta ante los grandes prestamistas que toman sus Lebac responde a la carta extorsiva que los mismos tienen por alternativa de exigir mayores tasas o amenazar con no renovar las letras, lo que obligaría un desembolso extraordinario por parte del Banco, que inyectaría así una masa de dinero con efecto sobre los precios y/o que iría seguramente al dólar aumentando su cotización en el mercado (…)

 

DEUDA DEL BANCO CENTRAL Y TASAS DE INTERÉS

Por Héctor GIULIANO (15.7.2017)

En nuestro último trabajo, titulado “Dólar y deuda del Banco Central” (del 9.7),  dejamos planteada la duda de que la escapada del valor del dólar producida desde fines de Junio pudiese ser parte de una maniobra para forzar que el BCRA elevase la tasa de interés de las Lebac antes de la macro-renovación del próximo martes 18.7.

Ese día se produce un vencimiento extraordinario de estas letras del BCRA, del orden de los 500.000 M$ (Millones de Pesos), es decir, de más de la mitad del stock de Lebac, que al 30.6 sumaba 984.000 M$ (equivalentes a 59.300 MD-Millones de Dólares).

En la última licitación mensual de estas letras – por 424.300 M$ (el día 19.6) – el BCRA aceptó pagar una tasa del 25.50 % anual para las que se tomaron con plazo 28 días (que constituyen la mayoría del capital así renovado).

Desde entonces, el aumento del dólar – producto de las presiones cambiarias de los grandes operadores en el mercado mayorista – hizo que el BCRA fuese elevando la tasa de interés implícita que abona por las Lebac (la tasa que resulta por diferencia de precios entre colocación bajo la par y valor nominal al vencimiento) que llegó ayer al 27.75 % en el Mercado Secundario de letras (influido por las compras del propio BCRA).

Esto preanuncia que la gran licitación del martes 18 se haría renovando las Lebac a un costo financiero bastante superior al del mes pasado y por un monto mucho mayor aún dentro de estas carísimas condiciones de refinanciamiento con el oligopolio de los pocos bancos que intervienen en la operatoria de Lebac.

Tal aumento de las tasas que paga hoy el BCRA por su deuda a corto plazo – arriba del 27 % anual – atrae además mayor cantidad de capitales especulativos externos, que entran para lucrar así con el diferencial de tasas de interés locales frente a internacionales bajo tipo de cambio básicamente estable (ya que la variación de cotización no sería relevante y estaría contenida).

La dependencia financiera absoluta que el BCRA presenta ante los grandes prestamistas que toman sus Lebac responde a la carta extorsiva que los mismos tienen por alternativa de exigir mayores tasas o amenazar con no renovar las letras, lo que obligaría un desembolso extraordinario por parte del Banco, que inyectaría así una masa de dinero con efecto sobre los precios y/o que iría seguramente al dólar aumentando su cotización en el mercado (con traslado de la devaluación también a la inflación interna).

Los sorpresivos movimientos que elevaron el valor del dólar pocos días antes del vencimiento de Lebacs del 18.7 – y pocas semanas antes de las PASO – derivaron en el aumento de las tasas de interés por parte del BCRA, lo que pudiera corresponder a la presión de los bancos acreedores de las Lebac sobre el gobierno Macri, colocado entre la espada y la pared de tener que convalidar un aumento todavía más significativo del dólar o incrementar la tasa de interés para contener el alza de la divisa.

En estas circunstancias deviene muy importante conocer quiénes fueron los grandes grupos intervinientes en el mercado de divisas que habrían causado o piloteado esta maniobra, que del aumento del tipo de cambio condujo a la suba de la tasa de interés del BCRA.

Se sabe, por ejemplo, que sectores exportadores de soja retuvieron la liquidación de sumas relevantes apostando – y condicionando así los hechos como profecía auto-cumplida – a la devaluación del peso; y lo mismo habrían hecho otros grandes operadores financiero-bancarios.

Pero este sensible capítulo de información de quiénes hicieron subir el dólar la opinión pública lo desconoce.

Dada la extrema vulnerabilidad de la administración Macri ante cualquier variación cambiaria – sobre todo si se produce poco antes de las fechas electorales – y dada la política de usar el tipo de cambio como ancla anti-inflacionaria, parece sobrentendido que el BCRA hoy sólo puede responder a una escapada del dólar con el aumento de las tasas de interés.

Podría haber intervenido en el mercado vendiendo dólares de las reservas – intervención directa clásica – pero no lo hizo.

Por el contrario, su intervención habría sido en el Mercado Secundario, con la recompra de letras – lo mismo que otros bancos oficiales – lo que derivó en el aumento de las mismas.

El presidente del BCRA, sin embargo, dio su respuesta más fuerte en forma indirecta, elevando la tasa de interés de las Lebac para reducir la oferta de dólares.

Esta modalidad es la que tradicionalmente utiliza el Banco para influir en la práctica sobre la cotización del dólar, ya que evita el desplazamiento de los capitales financieros especulativos hacia el mercado de cambios a costa de pagar más intereses.

Ergo – como ya lo hemos observado en nuestra nota anterior – no es estrictamente cierto que la Argentina tenga hoy un Tipo de Cambio Flotante, como dice el gobierno, porque el precio del dólar no se determina a través del libre juego de la Oferta y la Demanda sino también por la acción de la tasa de interés como alternativa frente a la disponibilidad de dólares.

El presidente del BCRA, Sturzenegger, no reconoció este hecho de que la suba de la tasa de interés de las Lebac fue resultado forzoso de la devaluación cambiaria sino que la atribuyó a la necesidad de precaución frente a la Inflación.

Pero este argumento se revela poco consistente en un momento en que el propio gobierno se jacta de estar obteniendo una baja relativa en el IPC Nacional (el nuevo Índice de Precios Minorista, que en Junio dio un aumento del 1.2 %) y en que se considera no relevante el aumento registrado en el dólar como para incidir por su traslado a los precios internos.

En lo que va del año 2017 la devaluación sigue siendo menor que la inflación, lo que denota un retraso cambiario relativo medido en el corto plazo: el dólar acumula en el semestre un 4.73 % (16.60 / 15.85 $/US$, según tipo de cambio mayorista) contra un 11.8 % de incremento de los precios (o sea, poco menos de la mitad).

Por lo tanto, el argumento precautorio parece bastante subjetivo o convencional en este caso dado que el BCRA no aumentó su tasa de Lebac a 28 días en Junio con respecto a Mayo – la mantuvo en el 25.50 % – pese a que la inflación de Mayo había sido del 1.3 %, prácticamente igual a la informada ahora para Junio.

Esto demostraría entonces que el aumento de la tasa de interés decidido por el BCRA no se corresponde con el criterio anti-inflacionario seguido por la administración Macri.

Un hecho clave de tanta importancia fáctica como ha sido esta suba sorpresiva del dólar pocos días antes del vencimiento de la enorme masa de Lebac el martes 18.7 no puede disociarse del aumento de la tasa de interés derivada de tal maniobra especulativa frente a la extrema debilidad estructural del BCRA dada por su sobre-endeudamiento en letras.

Notablemente, esta vulnerabilidad cuasi-fiscal es, a su vez – y desde la época de la administración Kirchner – producto de la política de pago de servicios por intereses y parte de capital de la Deuda Externa con Reservas Internacionales del BCRA y de la consecuente compra o reposición de tales reservas con Deuda, precisamente por medio de las Lebac.

Aunque con la importante particularidad que la magnitud de este tipo de endeudamiento – paralelo al del Tesoro Nacional – aumentó extraordinariamente desde el advenimiento del gobierno Macri, pasando el stock de Lebac de  346.300 M$ (≡ 35.600 MD) al 7.12.2015 a 698.400 M$ (≡ 44.100 MD) a fin del 2016 y a los 984.000 M$ (≡ 59.300 MD) citados al 30.6.2017.

Con el agravante que durante el año y medio de gestión macrista esta masa de obligaciones de cortísimo plazo aumentó además fuertemente su costo financiero y estrechó paralelamente su perfil de vencimientos.

Esta situación de dependencia ha convertido al BCRA en una máquina de pagar intereses (según lo ya citado en nuestro trabajo anterior): 77.200 M$ (≡ 5.900 MD) en 2015, 153.300 M$ (≡ 9.700 MD) en 2016 y proyecciones entre 230 y 250.000 M$ (≡ 13.500-14.700 MD, con un dólar promedio a 17 $/US$).

La política contractiva del BCRA, aducida con el argumento anti-inflacionario a través de mayores tasas de interés, genera actualmente tasas de rendimiento por Lebac del 27 % en el Mercado Secundario – medido en pesos y en dólar estable – y son además cada vez más positivas con respecto a la inflación interna.

Las autoridades, obviamente, no reconocen que este aumento de ganancias adicionales para los acreedores por aumento de las tasas de las Lebac sea producto de una presión extorsiva ante la proximidad de los macro-vencimientos del 18.7 (o, menos aún, que sea por un acuerdo de partes entre el gobierno y los bancos) sino que siguen enmascarando tal sistema de subsidios privilegiados para el sector financiero-bancario invocando la lucha preventiva contra la inflación.

En muy pocos días se conocerá el resultado de esta nueva renovación de Lebac en gran escala cuyos efectos, por otra parte, no se agotan aquí ya que todos los meses – en mayor o menor medida – el BCRA renueva este tipo de operaciones y lo hace a un costo financiero altísimo.

Si esto se da efectivamente así el martes 18.7 podríamos encontrarnos en presencia de unos de los negociados financieros más grandes de la Historia Argentina.

11

DÓLAR Y DEUDA DEL BANCO CENTRAL

Héctor Luis Giuliano 9.7.2017.
El aumento de la cotización del dólar que se ha producido en los últimos días viene motivando distintas explicaciones: retracción de liquidación de divisas de exportaciones cerealeras, falta de ingreso de dólares provenientes de la toma de deuda externa del gobierno nacional y de las provincias, no intervención del Banco Central (BCRA)

 

DÓLAR Y DEUDA DEL BANCO CENTRAL

Por Héctor Luis Giuliano (9.7.2017)

El aumento de la cotización del dólar que se ha producido en los últimos días viene motivando distintas explicaciones: retracción de liquidación de divisas de exportaciones cerealeras, falta de ingreso de dólares provenientes de la toma de deuda externa del gobierno nacional y de las provincias, no intervención del Banco Central (BCRA) y/o de bancos oficiales en la venta de moneda extranjera, expectativas de mayor inflación, incertidumbre política,  etc.

Cada una de estas hipótesis tiene o puede tener una cuota-parte de verdad pero este hecho del incremento del precio del dólar – que todavía no se sabe si queda contenido aquí o es prolegómeno de un reajuste cambiario mayor – permite también otra lectura que notablemente ha estado ausente en estos días y que está ligada a la relación entre Tipo de Cambio y Tasa de Interés.

Como es público, notorio y declarado, el presidente del BCRA Sturzenegger está jugado totalmente a utilizar el aumento de la tasa de interés de referencia – y por ende, el incremento generalizado de las tasas del mercado – como intento de ancla o freno anti-inflacionario.

El hecho que las elevadas tasas fijadas por el BCRA desde la asunción del gobierno Macri no haya dado resultados prácticos hasta la fecha – en un año y medio de gestión – y que, por el contrario, hayan pesado también en el aumento generalizado de los precios a través del incremento de los costos financieros empresarios parece no hacerle mella a los postulados dogmáticos del titular del Banco.

Para poner este problema coyuntural del aumento del dólar en contexto hay que plantear aquí la cuestión de fondo, que es el Mito del Tipo de Cambio Flotante.

La administración Macri y todo el establishment económico-financiero sostienen que hoy la cotización del dólar es producto del libre juego de la Oferta y la Demanda de divisas pero ello no es cierto:

  1. El supuesto libre juego de Oferta y Demanda no existe cuando la Oferta está fuertemente concentrada en manos de pocos y grandes grupos oligopólicos exportadores de commodities, en los ingresos de divisas provenientes de la toma gubernamental de deuda externa en gran escala y en el movimiento de capitales especulativos o golondrina que ingresan al país para lucrar con el diferencial – récord en el mundo – de tasas de interés locales que son un múltiplo de las internacionales bajo tipo de cambio retrasado y estable.
  2. El BCRA no tiene, en realidad, la necesaria capacidad de acción directa – el eufemismo de su poder de fuego – como para poder influir sobre los movimientos de los capitales especulativos vía compra/venta de divisas porque sus Reservas Internacionales son inferiores a sus pasivos dolarizados o dolarizables de corto plazo (léase Lebac y Pases).[1]
  3. El BCRA no interviene en forma directa en el Mercado – o lo hace en magnitudes muy limitadas – pero sí actúa de modo determinante en forma indirecta, a través del manejo de las Tasas de Interés: fundamentalmente, aumentando las tasas para atraer capitales especulativos en pesos (locales y extranjeros), con lo que detrae la demanda de dólares y contribuye con ello a mantener el retraso cambiario.

Por ende, es un mito o directamente una expresión engañosa decir que en la Argentina hay flotación cambiaria cuando el BCRA controla indirecta pero concretamente el valor del dólar a través de la tasa de interés.

Ahora bien, cabe aquí una pregunta: ¿Esta política de retraso cambiario vía altas tasas es una política libre, autónoma y conveniente del BCRA o es una acción continuada y sistemática para favorecer la rentabilidad financiero-bancaria?

Veamos:

  1. El stock de Lebac, en manos del oligopolio de los grandes bancos que operan en la plaza local, suma el equivalente a unos 60.000 MD y tiene un perfil de vencimientos estrechísimo, con el grueso de las colocaciones a 28-30 días de plazo.
  2. Todos los meses – antes era con frecuencia semanal – el BCRA procede a renovar prácticamente la totalidad de estos vencimientos de letras dado que carece de la capacidad de repago para amortizarlos y que, si lo hiciera, estaría inyectando una masa de dinero al mercado que terminaría presionando sobre los precios, acentuando aún más la inflación.
  3. Los bancos se presentan entonces ante el BCRA con la carta extorsiva de pasar por el escritorio a renovar las Lebac o pasar por la Caja a cobrarlas, a lo que las autoridades responden sistemáticamente con todas las refinanciaciones del caso.
  4. Esta política de novación permanente de Lebac – y ahora también de Pases Pasivos – viene de la administración kirchnerista pero se ha potenciado al extremo bajo la macrista, que duplicó el stock de tales obligaciones y acortó aún más los plazos.
  5. El costo financiero de esta política de sobre-endeudamiento cuasi-fiscal del BCRA es altísimo y constituye una sangría por pago de intereses equivalente a la del Tesoro Nacional.[2]

Bajo estas condiciones de absoluta indefensión jurídica (por lo contractual de los instrumentos) y financiera del BCRA la relación tipo de cambio-tasa de interés adquiere obviamente un valor determinante.

Con una particularidad muy especial: que así como el BCRA sube las tasas para evitar que los capitales especulativo-bancarios se desplacen al dólar es igualmente válida la variante recíproca de que los bancos le exijan al BCRA el aumento de las tasas de interés para ellos no pasarse al dólar.

Aunque casi siempre son los movimientos del dólar mayorista los que presagian el aumento del minorista o de venta al público, cabe anotar que en este caso de varios días continuados de aumento del tipo de cambio se trató básicamente de movimientos derivados de grandes operadores y no de corrida de la gente a las casas de cambio.

En condiciones normales – pero especialmente en momentos de crisis – el dólar tiene un comportamiento inverso a las reglas tradicionalmente aceptadas de la Ley teórica de la Oferta y la Demanda porque frente a un aumento del Precio (la cotización del dólar) la demanda de moneda extranjera no se retrae sino que, por el contrario, aumenta (tanto por expectativas como por posicionamiento más seguro en moneda dura); con lo que el problema de volatilidad de los cambios se agrava.

Esta inestabilidad cambiaria – en medio del serio problema de atraso del tipo de cambio que vive la Argentina – puede perfectamente ser inducida entonces con el objetivo de forzar un aumento de las tasas de interés por parte del BCRA, como una suerte de presión extorsiva para que mantenga y/o eleve algo más dichas tasas; contra amenaza fáctica de ir pasando los fondos que están colocados en Lebac a dólares, con el consecuente aumento de su cotización en el Mercado y el paralelo peligro cierto de mayor inflación por traslado de tal devaluación a los precios.

La encerrona y vulnerabilidad del gobierno Macri frente a este dilema – lo mismo que lo fue durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner – se agrava exponencialmente hoy debido a la magnitud de los vencimientos próximos y las necesidades tanto financieras como políticas de la actual administración.

El día 18 de este mes – Julio – le caen al BCRA vencimientos de Lebac por la mitad de su stock: 495.000 M$ (casi 500.000) sobre el total existente de 984.000 M$.

La imperiosa necesidad por dependencia del gobierno de renovar esta masa extraordinaria de pasivos a corto plazo y el sorpresivo mini-salto devaluatorio del peso producido en los  últimos días por aumento del dólar derivaron en un nuevo aumento de la tasa de interés de las Lebac del BCRA: su presidente, Sturzenegger, que la había bajado muy levemente al 25.5 % para 28 días de plazo, la elevó a 26.05 %.

Ahora – y por el momento – sólo cabe esperar como reaccione el Mercado ante este nuevo incremento del costo financiero y cómo evolucionen las tasas de las Lebac de aquí a la macro-renovación del día 18.

Una movida de este tipo – aumento del dólar y paralelo aumento de las tasas de interés – indudablemente favorece de hecho los intereses de los sectores comerciales y financieros más concentrados de la Economía: a) los grandes grupos exportadores, que mejoran así su rendimiento directo (por ejemplo, los sectores agro-exportadores de soja, a quienes se les atribuye haber retenido fuertes liquidaciones a la espera de una devaluación que resultaba así inducida), b) los bancos prestamistas por Lebac al BCRA y c) los  capitales especulativos externos, que de esa manera re-equilibran sus ecuaciones de alto rendimiento por operaciones de bicicleta financiera o carry trade (entrada de capitales de corto plazo para lucrar con el diferencial de tasas de interés locales-internacionales bajo tipo de cambio relativamente estable).

En medio de un año electoral con alineamientos partidocráticos tan vacuos como poco consistentes, sin poder mostrar resultados en su política económico-financiera después de un año y medio de gestión y con un cuadro cada vez más acentuado de déficits gemelos – fiscal y externo – la administración Macri se encuentra sometida cada vez más a la dependencia de su política de gobernar con deuda.

[1] Según el Balancete del BCRA al 30.6.2017 – Estado resumido de Activos y Pasivos – las Reservas son de 48.000 MD (Millones de Dólares, con redondeo de cifras) mientras que los Encajes bancarios en moneda extranjera suman unos 13.000 MD (12.900), Otros Pasivos son 12.000 MD (fundamentalmente el Swap con el Banco Popular de China) y el stock de Lebac equivale a 59.300 MD (casi 60.000).

El BCRA retiene así, pagando altos intereses, más dinero por sus deudas de cortísimo plazo (la mayoría Lebac a 30 días y Pases a sólo 7) que el total de la Base Monetaria (BM): son 984.000 M$ (Millones de Pesos) de  Lebac contra 833.100 M$ de BM.

Ergo, el BCRA tiene menos reservas internacionales que las deudas que contrajo para sostenerlas (Lebac/Pases Pasivos, Swap con China y encajes de los bancos locales).

[2] El stock de Lebac – computando las deudas respectivas en M$, el tipo de cambio a fin de cada ejercicio ($/US$) y el importe equivalente en MD – tuvo la siguiente evolución durante los últimos años:

  • 100 M$ x 8.55 $/US$ = 33.000 MD al 31.12.2014
  • 900 M$ x 13.00 $/US$ = 32.100 MD al 31.12.2015
  • 400 M$ x 15.85 $/US$ = 44.100 MD al 31.12.2016
  • 000 M$ x 16.60 $/US$ = 59.300 MD al 30.06.2017

Los intereses anuales pagados por estos pasivos – solamente Lebac – fueron de 153.300 M$ el año 2016 (≡ 9.700 MD) y habían sido de 77.200 M$ en el 2015, último año de la administración Kirchner (≡ 5.900, casi 6.000 MD).

Puede estimarse tentativamente que, con un stock promedio de 800.000 M$ (≡ 48.000 MD)  y a una tasa – también promedio – del 25 % anual, el BCRA terminaría pagando en el corriente año unos 200.000 M$ (≡ 12.000 MD) de intereses.

Algunas versiones – descontando que no bajaría sustancialmente el stock de Lebac en lo que resta del año – elevan estas proyecciones a 220-240.000 M$.

Esta enorme y creciente masa de intereses a pagar por parte del BCRA es paralela y se suma a los intereses totales del Tesoro Nacional, que según el Presupuesto 2017 son unos 250.000 M$ (248.000 M$, equivalentes a unos 14.000 MD).

O sea, que sumando BCRA y Tesorería se pagarían aproximadamente entre  450 y 480.00 M$ (≡ 27/29.000 MD) este año.

11

LA DEUDA MACRI A 100 AÑOS

Héctor Luis Giuliano 01.07.2017.
Colocar Deuda a 100 años carece de lógica y de racionalidad financiera: ¿qué significa contraer obligaciones con vencimiento a un siglo de distancia?, ¿qué explica y qué justifica una emisión de esta naturaleza hoy para la Argentina?, ¿dónde está la demostración técnica y cuál ha sido la metodología de cálculo utilizada para fundamentar la hipotética capacidad de repago de tales obligaciones dentro de un siglo?

 

LA DEUDA MACRI A 100 AÑOS

Por Héctor GIULIANO (1.7.2017)

Con fecha 28.6 – 10 días después de emitida una escueta  comunicación de prensa que daba cuenta del hecho y cuando crecía la inquietud por la falta de informaciones oficiales oportunas al respecto – el Boletín Oficial publicó la Resolución 97-E/2017 del Ministerio de Finanzas (MF) que respalda la colocación del Título Público a 100 años de plazo: el denominado Bono Internacional 7.125 % Vto. 2117.

Esta resolución ministerial está acompañada por seis extensos anexos jurídico-financieros que contienen información detallada sobre la operación y cuya lectura pormenorizada – por razones de tiempo y trabajo – todavía no pudo ser completada por parte del autor.

El tema, sin embargo, en lo básico ya fue planteado y tratado en un trabajo anterior nuestro – titulado “Deuda Pública a 100 años” (del 20.6) – escrito apenas conocida la noticia y que ahora es ampliado, en función de los nuevos datos editados, a través de la presente nota, por lo que no va a repetirse aquí lo dicho en esa oportunidad ya que se da por conocido, salvo algunas ideas-eje que ameriten reiterarse o profundizarse.

ASPECTOS FINANCIEROS ESPECÍFICOS

Colocar Deuda a 100 años carece de lógica y de racionalidad financiera: ¿qué significa contraer obligaciones con vencimiento a un siglo de distancia?, ¿qué explica y qué justifica una emisión de esta naturaleza hoy para la Argentina?, ¿dónde está la demostración técnica y cuál ha sido la metodología de cálculo utilizada para fundamentar la hipotética capacidad de repago de tales obligaciones dentro de un siglo?, ¿cuál es la supuesta ventaja de dicha colocación de bonos públicos en las condiciones en que se ha efectuado?, ¿con qué criterio se determina una emisión de deuda a 50, 100 ó 200 años de plazo? …, en síntesis, ¿quién y cómo se hace cargo de demostrar debidamente la conveniencia técnica de la operación y quién y cómo se hace responsable por el cumplimiento de las obligaciones así contraídas a tan largo plazo?.

El gobierno Macri – principalmente a través del Ministro de Finanzas Caputo pero también del Jefe de Gabinete Marcos Peña y del Ministro de Hacienda Dujovne – parece creer que puede soslayar la aclaración de estos interrogantes apelando a los auto-elogios, las expresiones suficientes y genéricas (Caputo habló de un gran logro y también de un gol de media cancha), a evasión de los temas de fondo vía  referencias marginales o periféricas al contenido concreto de las operaciones concertadas y a evasión de las debidas explicaciones técnico-financieras del caso.

La síntesis de la operación de colocación del Bono 2117 es preocupante:

  1. Un título público a 100 años sin demostración alguna de capacidad de repago y sin respaldo legal específico, lo que equivale a un régimen de Bono Perpetuo, aunque con el agravante adicional que el pago de los servicios de intereses no deja  sin efecto la devolución del principal al vencimiento.
  2. Un monto de 2.750 Millones de Dólares (MD) colocado bajo la par – al 90 % de su valor, lo que representa un ingreso neto de 2.475 MD – y a una tasa de rendimiento récord mundial del 8 % anual (7.93).
  3. Una operación realizada por Contratación Directa con cuatro grandes bancos internacionales que revestirían una condición poco clara de Bancos Agente/Colocadores y compradores del bono a la vez.

Las declaraciones de los funcionarios macristas no aportan claridad ni transparencia a lo actuado sino, por el contrario, imprecisiones e inconsistencias:

  1. Los funcionarios dicen que la Argentina se endeuda a tasas de interés bajas cuando nuestro país está colocando la deuda a largo plazo más cara del mundo (8 % anual).
  2. Se sostiene que colocar deuda a 100 años es un supuesto logro porque expresa un signo de confianza de los mercados hacia la Argentina pero prestarle al 8 % durante un siglo – cuando se trata de la tasa más alta entre los países que han colocado deuda bajo este régimen (Bélgica, Irlanda, China, México) y por el doble o triple de su porcentaje – no es precisamente una expresión de tal confianza.
  3. El ministro Caputo añade – sin aportar información desagregada en este punto – que el gobierno está colocando deuda “a las tasas más bajas de la historia argentina” cuando la tasa del bono a 100 años duplica la tasa promedio ponderada de toda la deuda en dólares hoy existente, que es del 4.08 %; dándose el hecho, por otra parte, que gran parte de la deuda que determina este nivel de tasa es producto de su política de conversión de Deuda intra-Estado en nueva Deuda Externa.
  4. El gobierno Macri esgrime que las ofertas que dice haber recibido por el Bono 2117 totalizaron 9.750 MD, de las que se aceptaron 2.750 – que en realidad lo fueron por 2.475 MD porque los bonos fueron colocados al 90 % – de modo que la relación entre lo ofrecido y lo aceptado habría sido así de casi 4 a 1. Pero si fuese cierto que a la Argentina le sobraban las ofertas de compra no se entiende por qué haber colocado el bono un 10 % bajo la par.
  5. Igualmente, el ministro Caputo dice que la emisión del bono se hizo para aprovechar la oportunidad de las buenas condiciones del mercado internacional, pero ello no se condice con la realidad de tomar deuda cara – prácticamente la más alta del mundo – en un mercado global que hoy está
  6. El ministro Caputo, hablando de su supuesto “gran logro” por la colocación del Bono 2117 dijo que “devolver 2.750 MD dentro de 100 años es equivalente a devolver 100 MD hoy” (Infobae, 22.6) pero esto no está demostrado en ninguna parte. Por el contrario, un trabajo elaborado días pasados por Javier Llorens, de Córdoba, calcula que el Valor Actual o Valor Presente de la operación muestra montos negativos, que van desde 7.800 MD (tomando la tasa de descuento de Bélgica 2016, del 2.35 %) hasta menos 3.400 MD (tomando la tasa de México 2010 del 5.75 %). Incluso tomando la tasa promedio en dólares de la Argentina (4.08 %) este Valor Actual negativo de los pagos futuros resulta de 4.800 MD (y el Valor Actual Neto – si se deduce el importe del préstamo recibido – queda en menos 2.300 MD). Es decir que – según lo demuestra Llorens – con cualquier tasa de descuento que se tome el Valor Actual Neto arroja millonarias pérdidas para la Argentina (Ver Striptease del Poder, Junio de 2017).
  7. El gobierno Macri – en el contexto de su Política de Gobernar con Deuda – sigue sin ofrecer la más mínima demostración de capacidad de repago sobre las obligaciones financieras que sigue contrayendo en gran escala mientras aumenta vertiginosamente el stock de la deuda impagable del Estado: 35.000 Millones de Dólares (MD) el año pasado y otros 38.000 MD en el 2017 según lo previsto en el Presupuesto aprobado por el Congreso.

En síntesis, la administración Macri está engañando y confundiendo muy seriamente a la opinión pública en relación a la naturaleza, características y alcance de la colocación del bono a 100 años de plazo, con consecuencias imprevisibles para las finanzas del Estado Argentino.

LA LÓGICA DE LA OPERACIÓN

El Bono 2117 está diseñado a través de una compleja ingeniería jurídico-financiera cuyo sentido no queda totalmente claro:

  1. La operación fue concertada por contratación directa con un grupo de cuatro bancos colocadores de bonos: los bancos Citigroup y HSBC, en su carácter de Agentes de Estructuración y Colocación Conjuntos (que son las dos entidades principales) y los bancos Santander y Nomura, como co-agentes o entes secundarios; sin que se conozca si existió una compulsa previa de ofertas o se trató de un ofrecimiento de estas entidades aceptado por el gobierno Macri.
  2. Estos bancos, empero, son a la vez Compradores Iniciales de los bonos que emite la Argentina: 1.237.5 MD cada uno los dos principales y 137.5 MD cada uno los dos secundarios. En total: los 2.750 MD a valor nominal de la operación.
  3. Como los bonos se venden con un 10 % de descuento por ser colocación bajo la par, lo que el Estado Argentino recibe es 2.475 MD (2.750 x 0.9), que restándole los gastos conocidos quedarían reducidos más exactamente a 2.472 MD.
  4. Estos bonos devengarán entonces un rendimiento para los acreedores superior a la tasa de interés nominal del 7.125 %, que será del 7.93, prácticamente el 8 % anual, lo que significa que en el término de 100 años la Argentina pagará en total unos 20.000 MD de intereses (19.600) sobre un capital prestado de 2.750 MD (que, en realidad, son 2.475). Esto es, una relación de 8 a 1 entre intereses y principal (19.600/2.475 = 7.92).
  5. A los efectos que los bancos compradores puedan revender estos bonos en el mercado el gobierno argentino asume la obligación de registrarlos en la SEC – Comisión de Valores norteamericana – para que los mismos puedan ser comercializados en la plaza de Nueva York y admitidos en el régimen internacional de transferencias de Euroclear y Clearstream; y lo hace sujeto a severas penalidades (un recargo de hasta el 0.75 % en la tasa de interés) e indemnizaciones en caso de incumplimiento de tal compromiso.
  6. La Resolución 97-E/2017 – por el artículo 5 – reconoce a estos bancos colocadores una comisión del 0.12 % sobre el monto total del capital de los bonos pero ello no tendría sentido por tratarse de una venta directa de los títulos para que luego los bancos tomadores los comercialicen por su cuenta.
  7. El gobierno contrata además como Fiduciario y Agente de Pago a The Bank of New York Mellon (el mismo que intervino en su condición de tal bajo la administración Kirchner desde el Megacanje 2005-2010).
  8. Asimismo, el gobierno Macri mantiene como Asesor Legal en Estados Unidos al estudio Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton, de Nueva York (el mismo que – desde la época del Plan Brady 1992-1993, época Menem-Cavallo – también mantuvo la administración Kirchner hasta fin de su mandato).
  9. Además, se agregan como Coordinadores conjuntos en la recepción de Ofertas el estudio Shearman & Sterling, de Nueva York, para los trámites en Estados Unidos, y el estudio Brouchou, Fernández Madero & Lombardi, de Buenos Aires, para los trámites en la Argentina.

Todos estos intervinientes en la operación forman parte de lo que normalmente cabe denominar el Club de la Deuda: el conjunto múltiple e interrelacionado de entidades privadas que viven y/u obtienen importantes beneficios financieros merced a la colocación sistemática de Deuda Pública.

El gobierno Macri debiera explicar en forma clara y concreta cuál es la lógica de la operatoria armada en torno a su bono a 100 años.

LA CUESTIÓN DE LA LEGALIDAD

La Resolución 97-E/2017 da por sentada la legalidad de la operación de colocación del bono a 100 años en función del artículo 34 de la Ley 27.341 de Presupuesto 2017 y éste en consonancia con el artículo 60 de la Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado, que establece que toda colocación de Deuda Pública debe hacerse autorizada por ley del Congreso.

Pero ello – como ya lo hemos dicho en nuestro trabajo anterior – carece de verdadero respaldo por falta aprobación específica y, a la vez, por total carencia de razonabilidad.

El artículo 34 – en su párrafo final – dice que el Ministerio de Finanzas podrá efectuar modificaciones a las características detalladas en la planilla adjunta que detalla los montos, especificaciones y destino de las operaciones de crédito público (de lo que deberá informar al Congreso dentro de los 30 días de efectivizada cada operación), pero dicha planilla no permite la concertación de operaciones de endeudamiento a más de cuatro años de plazo.

Que el Ejecutivo utilice este párrafo del artículo como subterfugio de la colocación de deuda a 100 años de plazo constituye no sólo una interpretación carente de toda razonabilidad y un manifiesto abuso de interpretación de la Ley de Presupuesto sino, a la vez, una demostración de mala fe y extralimitación en sus facultades que  transforma esta operación en deuda irregular y/o ilegítima porque viola la letra y el sentido del artículo 4 de la Ley 24.156, que dice:

  • En el enunciado del artículo: Son objetivos de esta ley, y por lo tanto deben tenerse presentes, principalmente para su interpretación y reglamentación, los siguientes:
  • En el inciso a): Garantizar la aplicación de los principios de regularidad financiera, legalidad, economicidad, eficiencia y eficacia en la obtención y aplicación de los recursos públicos; (el subrayado es nuestro).
  • En el inciso b): Sistematizar las operaciones de programación, gestión y evaluación de los recursos del sector público nacional;
  • En el inciso d): Establecer como responsabilidad propia de la administración superior de cada jurisdicción o entidad del sector público nacional, la implantación y mantenimiento de: … (dos cosas)
  • En el artículo 4 d): ii) Un eficiente y eficaz sistema de control interno normativo, financiero, económico y de gestión sobre sus propias operaciones, comprendiendo la práctica del control previo y posterior y de la auditoría interna;
  • En el mismo artículo 4 d): iii) Procedimientos adecuados que aseguren la conducción económica y eficiente de las actividades institucionales y la evaluación de los resultados de los programas, proyectos y operaciones de los que es responsable la jurisdicción o entidad.

En función de estos requisitos fijados expresamente por la Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado: ¿cómo se inserta el razonamiento y la justificación del comportamiento del gobierno al introducir unilateralmente modificaciones tan importantes sobre el presupuesto del Ejercicio 2017 sin más trámite que apelar a una interpretación irrestricta del artículo 34?

No se trata aquí de cambios menores o de forma sino de variaciones sustanciales que alteran la naturaleza del endeudamiento oficial: la asunción de un criterio tal de discrecionalidad absoluta por parte del Ejecutivo en las modificaciones del Presupuesto equivale a tomarlo como un cheque en blanco para hacer cualquier cosa.

Esto constituye una burla abierta a la Ley 27.341 de Presupuesto 2017 del Congreso y una transgresión al espíritu y la letra de la Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado; y que los legisladores nacionales – si se precian de tales – no debieran permitir.

Caso contrario, en el futuro bastaría que las leyes de presupuesto se limiten a consignar una cifra global dejándole abierta a los gobiernos de turno la posibilidad que hagan cualquier cosa, sin limitaciones de ninguna clase.

Frente a la seriedad de esta cuestión planteada y por elementales razones de transparencia deviene más que necesario conocer especialmente los términos de las opiniones vertidas por la presidencia del Banco Central (BCRA, según el artículo 61 de la Ley 24.156), de la Procuración del Tesoro de la Nación y del Servicio Jurídico competente en esta materia (según la Resolución 97-E/2017).

Por eso reiteramos nuestra advertencia de que una operación de endeudamiento público que esté incursa en este tipo de irregularidades entra en los términos del artículo 66 de la Ley 24.156, que dice que: Las operaciones de crédito público realizadas en contravención a las normas dispuestas en la presente ley son nulas y sin efecto, sin perjuicio de la responsabilidad personal de quienes las realicen.

Y agrega, en su segundo párrafo, que: Las obligaciones que se derivan de las mismas no serán oponibles ni a la administración central ni a cualquier otra entidad contratante del sector público nacional.

Expresado con otras palabras: estamos diciendo que las irregularidades que conlleva la toma de deuda a 100 años y en estas condiciones compromete gravemente a la administración macrista y la expone con fundamento a que tales obligaciones sean declaradas nulas.

Por ende, la colocación del bono a 100 años de plazo debe ser revisada por el Congreso, investigada con urgencia por la Auditoría General de la Nación y quedar en suspenso hasta tanto el gobierno Macri no sea expresamente autorizado por el Congreso para contraer las obligaciones que de dicha operación se deriven para el Estado Argentino.

UN AGRAVANTE JURÍDICO

Como complemento de todo lo dicho hasta ahora, es pertinente agregar que hay aquí un aspecto particular muy importante dentro de la operatoria jurídico-financiera del bono a 100 años sobre el que aparentemente no se ha reparado y es el precedente legal que los documentos firmados implican para este caso y para la deuda externa argentina en general.

El volumen de la documentación parcial disponible y la falta de tiempo suficiente como para poder analizarla de inmediato hacen que no sea posible detenerse en todos los detalles del caso pero hay algunos puntos concretos que ameritan advertirse de inmediato.

En el Anexo II, que contiene la información del prospecto del Bono 2117  – páginas 40/41 – se estipulan  una serie de hechos que constituirán incumplimiento (default) de los nuevos bonos y que – textualmente – son los siguientes:

  1. 1.- Falta de Pago. Si la República no cumple con cualquier pago de capital e intereses respecto de los Bonos a su vencimiento y dicho incumplimiento continúa por más de 30 días;
    Esto es, que con esta cláusula la Argentina se somete a un régimen muy estricto por riesgo de default
  2. Incumplimiento de otras obligaciones. Si la República no cumple con cualquier otra obligación conforme a los Bonos o el Contrato de Fideicomiso …;
    Esto es, que a los condicionamientos directos se le agregan los indirectos.
  3. Incumplimiento Cruzado. Si se produce cualquier  hecho o situación que resulta en la aceleración del vencimiento de cualquier deuda pública externa en situación de pago normal de la República por un monto total de capital de 50 MD (o su equivalente en otras monedas) …;
    Ésta es, en principio, probablemente la condición más peligrosa porque expone al país a la unificación de los requisitos de cumplimiento de las obligaciones externas en su conjunto.
  4. Moratoria. Si la República declara una moratoria respecto del pago del capital o intereses de su deuda pública externa en situación de pago normal y dicha moratoria no excluye expresamente a los Bonos;
    Esto es, que se configura un tratamiento especial del Bono 2117 o se incurre en una exposición equivalente a la del punto anterior.
  5. Validez. Si la República impugna la validez de los Bonos. Esto último significa que se estaría reconociendo la inmutabilidad de la situación del Bono  aunque la Argentina tuviese motivos para impugnarlo.

Este punto es particularmente problemático incluso en caso que por cualquier razón debidamente fundada quedase sin efecto esta operación de deuda por el Bono 2117.

 Pese a su importancia y gravedad – y también a sus implicancias – el gobierno Macri soslaya informar en forma directa sobre los verdaderos alcances de este tipo de condicionamientos (que son sólo una parte del paquete de documentos firmados por el Ministerio de Finanzas invocando  la autorización del Congreso).

La administración Macri acentúa así el compromiso del país a través de un paquete de cláusulas legales – relacionadas entre sí como una verdadera telaraña – que van desde la prórroga de jurisdicción ante tribunales extranjeros a la renuncia a oponer la inmunidad soberana (exceptuando las reservas mínimas de rigor), y desde la cláusula pari passu a la de incumplimiento cruzado de todas las obligaciones externas.

Tales condiciones, asumidas por un Estado que no tiene liquidez ni solvencia fiscal demostrada frente a las obligaciones que se siguen incorporando con total irresponsabilidad financiera dejan a la Argentina en las peores condiciones posibles de exposición jurídica para la defensa de sus intereses nacionales.

Con el agravante que ahora este tipo de cláusulas comprometen a nuestro país por 100 años y, peor aún, extienden su condicionalidad no sólo al Bono 2117 sino a todos los títulos de la Deuda Externa Pública.

No puede descartarse que una de las finalidades encubiertas del bono a 100 años sea esta firma de condiciones cruzadas que encadenen de tal manera toda la deuda exterior de la Argentina por un siglo.

El hecho que la administración Macri cometa con el bono a 100 años este verdadero despropósito financiero y jurídico – dentro del ya insoluble problema de la deuda pública perpetua en que está metida la Argentina – y que además se exponga a hacerlo en un año electoral, a pocos meses de los comicios, denota no sólo su grado de desubicación política sino además la verdadera gravedad de la crisis de Deuda que vive el país y la patética situación financiera fiscal que explica tal nivel de servidumbre macrista ante el poder de la Banca Internacional que lo sostiene.

16

DEUDA PÚBLICA A 100 AÑOS

Héctor Luis Giuliano 20.06.2017.
El Ministerio de Finanzas (MF) acaba de informar – por un breve anuncio de prensa en la página web de fecha 19.6, no por un comunicado formal – la emisión de un bono  a 100 años de plazo (…)

 

DEUDA PÚBLICA A 100 AÑOS

Por Héctor GIULIANO (20.6.2017)

El Ministerio de Finanzas (MF) acaba de informar – por un breve anuncio de prensa en la página web de fecha 19.6, no por un comunicado formal – la emisión de un bono  a 100 años de plazo.

Todavía no se conocen los detalles de la operación: no ha sido dada a conocer la resolución pertinente ni mucho menos la posibilidad de tener acceso a la documentación ni al prospecto respectivo (por ausencia de habeas data).

Esto es que, a menos que el gobierno dé a publicidad tales documentos, esta operación de un siglo de duración – como pasa con todas las operaciones de endeudamiento oficial – será secreta.

El MF sólo informó, con una breve noticia, la emisión del bono por un monto de 2.750 Millones de Dólares (MD) con un cupón de interés de 7,125% (tasa nominal anual) y un rendimiento de 7,9% para los inversores financieros (producto de la colocación de los títulos bajo la par).

La tasa pactada es la más elevada del mundo para este tipo de operaciones, de las que hay muy pocos casos registrados (Irlanda, Bélgica, Dinamarca, China, Suecia y México).

Los bonos a 100 años entran en la modalidad de bono perpetuo, esto es, endeudamiento sobre el que los acreedores no tienen necesidad ni interés en el recupero del capital o principal sino en gozar de una renta permanente, por tiempo virtualmente indefinido, dando así destino rentable (muy altamente rentable en el caso argentino) a sumas que, caso contrario, corren el riesgo de permanecer ociosas dado el primer problema del sistema financiero internacional que existe hoy, que es el exceso de liquidez mundial (sobrante de capitales financieros en el mundo).

Emitir deuda con el horizonte de un siglo por delante no tiene, por definición, demostración racional alguna de capacidad de repago por parte de la Argentina como país deudor mientras que supone el sometimiento a condiciones de pago en firme que pesarán sobre las actuales y futuras generaciones a través de todos los gobiernos que se sucedan en el tiempo.

Ello significa, en principio, que mientras el pago del capital a su vencimiento  – los 2.750 MD – queda sujeto a su devolución en el año 2117 (bono bullet), durante todo ese largo período nuestro país abonará por concepto de intereses unos 19.600 MD (casi 20.000), es decir, más de 7 veces el importe del capital adeudado (2.750 x 0.07125 x 100); con un rendimiento neto de 21.725 MD para los acreedores (según el coeficiente de 0.079). Son aproximadamente unos 200 MD de intereses por año.

Siempre y cuando las condiciones de detalle y la letra chica de la operación – que hasta ahora son desconocidas – no alteren estos datos de referencia.

Ningún país del planeta ha colocado en los últimos tiempos deuda a 100 años en condiciones tan gravosas e inciertas como la Argentina ahora con el gobierno Macri.

 

EL DESTINO DE LOS FONDOS.

Todavía no se conoce la finalidad a la que van a ser aplicados los fondos provenientes de este nuevo endeudamiento.

El anuncio oficial dice que: “Esta operación se enmarca en el objetivo del Gobierno Nacional de asegurar el financiamiento en las mejores condiciones posibles para el crecimiento de la economía y la generación de empleo.”

Estas expresiones son engañosas o directamente falsas:

  1. El gobierno no ha indicado hasta ahora destino concreto de los fondos a recaudar.
  2. El objeto de los mismos, en principio – como toda la deuda pública que se viene colocando desde el comienzo de su mandato – es financiar gasto público para cubrir el déficit fiscal, ambos igualmente crecientes.
  3. La colocación de este tipo de deuda financiera está vedado por la Ley 24.156 de Administración financiera del Estado, que en su artículo 56 dice expresamente que se prohíben las operaciones de crédito público para financiar gastos operativos (Gasto Público Corriente).

El gobierno Macri se ufana de que: “A pesar de la incertidumbre actual en los mercados internacionales, el Gobierno demuestra, gracias a su gestión, la capacidad de obtener financiamiento a muy largo plazo y a las tasas nominales más bajas de la historia argentina.”

Lo que aquí se afirma puntualmente no ha sido así ni es cierto hoy: desde el ruinoso empréstito Baring – que condicionó 100 años de historia financiera argentina (a una tasa del 6 % anual) – hasta la actualidad, en que – según las cifras del propio MF al 31.12.2016 – la tasa de interés promedio ponderada de toda la deuda del Estado Central es del 5.98 % y la tasa de la deuda en dólares es del 4.08 %.

Según el anuncio oficial: “Con esta emisión, Argentina pasa a ubicarse en el selecto grupo de naciones con emisiones de bonos soberanos a 100 años como México, Bélgica, Irlanda, China, Dinamarca o Suecia.” Acotando que así “Estamos más cerca de países normales . . .” (los destacados son nuestros).

El anuncio agrega que “el Ministro Caputo resaltó que la operación muestra prudencia y responsabilidad: estamos aprovechando un momento de tasas muy bajas a nivel mundial y es importante, entonces, balancear los plazos de endeudamiento” (!).

Se trata probablemente de uno de los casos más flagrantes – y casi desopilantes – de contradicción entre el mito de la confianza y la descarnada realidad financiera en que la administración Macri está colocando al Estado Argentino mientras toma obligaciones a largo plazo a las tasas más caras del mundo.

 

DEUDA ILEGAL A UN SIGLO DE PLAZO.

La sorpresiva noticia de colocación de un bono a 100 años aparece ante la opinión pública sin que mediaran anticipos ni versiones previas, sin que se conozca la resolución ministerial que le da origen ni mucho menos el prospecto o información de detalle alguna que permita analizar lo actuado hasta la fecha, sin que se haya llamado a licitación ni expuesto cuál será el destino de los fondos.

De las mínimas informaciones existentes – prácticamente todas ellas noticias periodísticas parciales – surgen, sin embargo, al menos tres irregularidades manifiestas:

  1. La nueva deuda – a 100 años de plazo – no está prevista en la Ley 27.341 de Presupuesto 2017, que en su artículo 34 sólo autoriza la realización de operaciones de crédito público según la planilla anexa a dicho artículo y – según allí se destaca – por los montos, especificaciones y destino del financiamiento indicados en la referida planilla; siendo que la misma no contempla operaciones por términos mayores a los 4 años y que la Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado establece taxativamente – en su artículo 60 – que no pueden contraerse operaciones de Deuda fuera de la Ley de Presupuesto anual o Ley Especial al respecto.
  2. Tampoco se cumple la Ley 24.156 por la ya citada transgresión al artículo 56, que prohíbe la toma de deuda para la financiación de gasto público corriente.
  3. Igualmente no se cubren – como abiertamente ocurre con todas las colocaciones de Deuda – los requisitos de eficiencia y eficacia en la obtención y aplicación de los recursos públicos, que exige también, en su Título Preliminar, la Ley 24.156 (artículo 4 incisos a y b).

Además, no consta que se haya emitido opinión previa a la operación por parte del Banco Central (BCRA), como lo exige el artículo 61 de la citada Ley 24.156 en los casos que tales operaciones originen deuda pública externa ni se conocen mucho menos los términos en que lo habría hecho.

Advirtiéndose que el incumplimiento de cualquiera de estas normas citadas – y/o sus disposiciones conexas – tornan nulas las obligaciones así contraídas por el Ejecutivo, según los términos del artículo 66 de la misma Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado, que dice textualmente:

Articulo 66. Las operaciones de crédito público realizadas en contravención a las normas dispuestas en la presente ley son nulas y sin efecto, sin perjuicio de la responsabilidad personal de quienes las realicen.

Las obligaciones que se derivan de las mismas no serán oponibles ni a la administración central ni a cualquier otra entidad contratante del sector público nacional.

En síntesis, que la colocación del Bono a 100 años no cumple los requisitos legales básicos de la Ley 27.341 de Presupuesto 2017 ni de la Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado-

La administración Macri, en el marco de su política de gobernar con deuda, a costa de tomar sistemáticamente obligaciones sin demostración alguna de capacidad de repago,  se tendrá que hacer cargo de esta nueva irregularidad manifiesta en sus colocaciones de deuda del Estado.

Con el agravante que en este caso extraordinario de bonos a 100 años de plazo la noticia se conoce en forma concomitante con las tratativas de re-categorización de la Argentina a País Emergente por parte de la banca Morgan Stanley, en lo que pareciera ser un intento de último momento para cubrir requisitos o condiciones frente a los capitales financieros del Club o Partido de la Deuda para adecuar sus sobre-tasas de interés en las futuras operaciones de endeudamiento.

Maniobras irregulares de este tipo – en pleno año electoral – ponen cada vez más en evidencia la crítica situación real de las cuentas públicas de la administración Macri y su grado de corrupción financiera frente a la crisis insoluble de Deuda Perpetua en que está metida la Argentina.

23