Columna AL DORSO | Mauricio David Idrimi 01.11.2019. Hace poco, el 11 de octubre, el primer ministro de Etiopía Abiy Ahmed recibió el Premio Nobel de la Paz por su capacidad para detener el conflicto bélico fronterizo con Eritrea. Al asumir el cargo en 2018, Abiy sorprendió al mundo al aceptar un acuerdo de paz para poner fin a 20 años de una sangrienta guerra entre Etiopía y Eritrea (…)

 

EL TURNO DE ETIOPÍA

Columna AL DORSO | Mauricio David Idrimi 01.11.2019.

Hace poco, el 11 de octubre, el primer ministro de Etiopía Abiy Ahmed recibió el Premio Nobel de la Paz por su capacidad para detener el conflicto bélico fronterizo con Eritrea. Al asumir el cargo en 2018, Abiy sorprendió al mundo al aceptar un acuerdo de paz para poner fin a 20 años de una sangrienta guerra entre Etiopía y Eritrea. Ambos países del este de África no habían tenido relaciones diplomáticas desde el inicio de la guerra, en 1998, conflicto durante el cual el propio Abiy peleó una vez en una ciudad que siguió en disputa hasta su anuncio del año pasado. Eritrea, con una población de 4 millones, se independizó de Etiopía en 1993 luego de una guerra de guerrillas de 30 años. Unas 80.000 personas murieron en la guerra entre ambas naciones, que terminó en 2000.

DESCARGAR AUDIO COLUMNA AQUÍ 

Pero no todo es amor y paz para Abiy. Etiopía viene sufriendo también una crisis social y económica al estilo de del Líbano e Irak, y también Chile, Ecuador y Haití. Planes de austeridad, ajuste fiscales, inflación, desempleo y aumento de la pobreza cayeron sobre la mayor parte de la población de Etiopía. A esto hay que sumarle el autoritarismo del gobierno sobre regiones que exigen autonomía y más respeto étnico. Los fuegos de octubre que se vieron en varias naciones afectadas por planes de ajustes del FMI y gobiernos cortados por las tijeras del neoliberalismo tercermundista también quemaron las estructuras en Etiopía. Se supo que en los últimos días del mes de octubre la Comisión de Derechos Humanos de Etiopía habla de “entre 70 y 80 muertos” en las protestas registradas en la ciudad de Oromía y pide juzgar a los responsables.

Jawar Mohammed, un ex aliado del premier etíope, Abiy Ahmed, encabeza estas protestas en las que denuncia los intentos del gobierno para quitarle los guardaespaldas. Destacar que Mohammed ya jugó un papel fundamental en la caída del gobierno del anterior primer ministro, Haile Mariam Desalegn. Los partidarios de Jawar llevan desde el 22 de octubre último manifestándose contra Abiy después de que la policía rodeara la casa del activista e intentara que sus guardias personales se retiraran. El ganador del Premio Nobel de la Paz no es un hombre criticado a pesar de la obtención del galardón. No ha podido solucionar los problemas del federalismo complejo del país y las tensiones étnicas en varias regiones. Sin embargo, los cráneos del orden neoliberal occidental consideran a Etiopía como el país del “milagro económico”. Un informe del Banco Mundial da cuenta de esos datos y señala que el PIB de Etiopía creció un 10,2% promedio entre 2009 y 2016. Según el FMI Etiopía será en este año 2019, el país de mayor crecimiento del continente (8,5%). De esta manera, Etiopía será el líder de la región del este de África en cuanto al crecimiento del PIB real. A esto hay que agregarle las grandes inversiones de China, que coloca a Etiopía como una de las economías “más abiertas” de África. Las inversiones chinas han sido diversas y de gran magnitud. La Corporación de Construcción de Ingeniería Civil de China (CCECC) y la Corporación de Ingeniería Ferroviaria de China (CRECG) construyeron una moderna línea ferroviaria que conecta la capital etíope con su megaproyecto de puerto y base militar en Djibouti, inaugurado en 2017 y facilita su salida al mar, que perdió en la guerra de independencia de Eritrea. China diseñó el sistema, suministró los trenes e importó cientos de ingenieros durante los seis años que tomó la construcción de la línea férrea de 750 kilómetros que costó 4.000 millones de dólares, casi íntegramente financiado por bancos chinos.

Pero este crecimiento no se derramó para toda la población. Etiopía es un país muy pobre. Etiopía es uno de los países más pobres de África: la mitad de sus 77 millones de habitantes vive por debajo del umbral de pobreza y el nivel de desnutrición infantil es uno de los más altos del mundo. Más del 94,7% de la población vive con menos de dos dólares al día. Abiy aplicó medidas de austeridad monitoreadas por el FMI, el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo (BAD), como así también por expertos del Banco de la Unión Europea, tecnócratas chinos y economistas de EEUU. Se tomaron medidas en 2019 muy severas: impuestazos, baja de salarios en los empleados públicos, reducción de las jubilaciones, y quita de subsidios para varias regiones del interior. Todo eso llevó a protestas que se acrecentaron en octubre.

Los partidos progresistas y de izquierdas del país acusan al gobierno de Abiy de seguir medidas del FMI causando un desastre en la vida diaria de la población. El anterior gobierno que se fue, el de Desalegn, siguió las recetas del FMI con más dureza y se vio obligado a renunciar en medio de gigantescas protestas populares en casi todo el país. Abiy asumió con promesas de no seguir tan a rajatabla los consejos del FMI. Pero desvió la atención con la firma de paz con Eritrea y también con Sudán y Djibouti en cuestiones fronterizas, convirtiéndolo en un “hombre de paz” del Cuerno de África. A mediados de 2019 retomó la línea política de Desalegn y se sentó otra vez con el FMI. Argumentaba que el país necesitaba acomodar sus cuentas fiscales. Si esto sigue así Etiopía puede caer en la furia de las protestas de octubre, que crecerán en noviembre. Una vez más, los milagros económicos del FMI se van desvaneciendo. Y Abiy, pese a ser “hombre de paz”, debe recurrir a la represión policial para detener la rebelión ciudadana contra los ajustazos.

 

13