DEUDA DEL BANCO CENTRAL E INTERVENCIÓN DEL FMI

Héctor Luis Giuliano 10.06.2018. Ante la ineptitud, la descoordinación y la corrupción de una gestión de gobierno que no da pie con bola en materia de Finanzas del Estado y está llevando su endeudamiento público a límites inmanejables, los acreedores de la Deuda han pedido la intervención de las Cuentas Nacionales por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

DEUDA DEL BANCO CENTRAL E INTERVENCIÓN DEL FMI

Por Héctor GIULIANO (10.6.2018)

Ante la ineptitud, la descoordinación y la corrupción de una gestión de gobierno que no da pie con bola en materia de Finanzas del Estado y está llevando su endeudamiento público a límites inmanejables, los acreedores de la Deuda han pedido la intervención de las Cuentas Nacionales por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El Fondo cumple el rol fáctico de auditor externo para garantizar a los acreedores el cobro de los servicios de intereses de la Deuda de los Países Deudores sin liquidez ni solvencia para poder cumplir con sus obligaciones, como es el caso de la Argentina.

Desde su asunción en Diciembre de 2015 el presidente Macri está dedicado a Gobernar con Deuda y ha convertido el Endeudamiento no sólo en la pieza central de su administración sino, a la vez, en la base de su supervivencia financiera y política.

La administración macrista – en su tercer año al frente del Ejecutivo – sigue vendiendo a la opinión pública anuncios y expectativas a falta de poder mostrar resultados de mejoras concretas en cuanto a Inflación, Tipo de Cambio, Tasas de Interés, Precios/Tarifas racionales de Servicios Públicos, Déficit Fiscal, Inversión, Producción y Consumo, Balanza de Pagos, Salarios Reales, Jubilaciones/Pensiones y Asistencia Social, etcétera.

Esta patética falta de resultados financieros y económicos, unida al detonante de la Crisis de Deuda cuasi-fiscal del Banco Central (BCRA) y a la falta de capacidad de gobierno para manejarla explica el pedido de asistencia urgente al FMI, con la consecuente intervención directa del organismo en el control de las Cuentas Públicas.

SALVATAJE DEL BCRA

Comúnmente los préstamos del FMI al Gobierno Nacional se conceden para cubrir desequilibrios del Tesoro Nacional de corto plazo, esto es, déficits de los gobiernos de turno frente a coyunturas desfavorables de Balanza de Pagos vinculadas al Déficit Fiscal.

Pero, en este caso, se da la peculiaridad de que el crédito stand-by que se solicita con carácter de urgente no tiene la finalidad primaria de cubrir problemas de la Tesorería sino el agujero negro financiero de la Deuda a corto y cortísimo plazo del BCRA por Lebac y Pases Pasivos, esto es, que el pedido urgente al Fondo es para salvar el Déficit cuasi-fiscal del Estado.

Para ello, el gobierno Macri necesita contar con una masa de divisas muy importante a los efectos de mostrar a sus acreedores que dispone de la ayuda internacional necesaria para poder responder a una eventual salida generalizada de los capitales golondrina que operan en el país – como ya se ha producido en los últimos dos meses – y/o garantizarles su permanencia sin sobresaltos.

Estos fondos de inversión especulativos lucran hoy en la Argentina con los márgenes de ganancia por arbitraje entre tipo de cambio y tasas de interés más altos del mundo.

Un préstamo Stand-by de 50.000 MD cubre esta necesidad de garantía sobre el enorme stock de letras del BCRA (las Lebac) y respalda a la vez la posibilidad de su conversión gradual a títulos de mayor plazo, sean propios o del Tesoro Nacional.

Pero sobre todo ayudaría al gobierno Macri a sostenerse en el poder hasta la terminación de su mandato a fines del 2019, tanto por la Crisis de Deuda del BCRA como por la paralela crisis subyacente de la Deuda del Gobierno Central, que es uno de los objetivos reconocidos por altos funcionarios de la propia administración macrista, como el Ministro de Finanzas Luis Caputo y el Jefe de Gabinete Marcos Peña.

Al 31.5 el monto de las Reservas Internacionales (RI) Brutas del BCRA es de 50.100 MD[1] pero estas reservas han sido compradas con Deuda, una deuda que aumenta el Pasivo del Banco cada vez más, que dispara un incremento astronómico de los Intereses a Pagar y que compromete con ello su existencia como Banco: son 1.21 B$ (≡ 48.700 MD) de Lebac y 96.900 M$ (≡  3.900 MD) de Pases Pasivos netos[2]; en total 1.3 B$ (≡ 52.600 MD).

Paradójica o sintomáticamente, la macro-devaluación producida en las últimas semanas ha servido para licuar gran parte de estos pasivos del BCRA en pesos cuando se los mide en dólares: al 30.4 el stock de Lebac y Pases era casi como ahora, de 1.38 B$ – que al tipo de cambio entonces vigente (20.6917 $/US$) equivalía a 66.600 MD: 1.33 B$ de Lebac (≡ 64.100 MD) más 52.200 M$ (≡ 2.500 MD) de Pases Netos.

Esto implica una relevante licuación de la extraordinaria masa de deuda por Lebac y Pases del Banco – una masa de obligaciones que están en pesos – traducida a dólares, como derivado de la fuerte devaluación que se ha registrado en los últimos dos meses, que equivale así a unos 14.000 MD (66.600 – 52.600).

El cálculo de reservas propias del BCRA, sin embargo, es muchísimo menor al saldo de las reservas brutas del Banco, dando incluso un balance real muy negativo.[3]

Y esto es sumamente grave porque los tenedores privados de Lebac y Pases Pasivos – dado su cortísimo plazo – pueden trasladarse muy rápidamente a dólares.

El monto del préstamo stand-by, que originariamente se cifraba en unos 30.000 MD, se ha extendido a 50.000 MD, lo que constituye un crédito récord histórico para la Argentina y para el propio FMI, cosa que denota la gravedad de la situación argentina.

Y a esto se agrega un conjunto de otros préstamos de Organismos Multilaterales de Crédito (OMC) por 5.650 MD más, acordados con el Banco Mundial (BM ó BIRF), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF).

Estos créditos, a su vez, se suman a los 2.000 MD girados días pasados por el Banco de Pagos Internacionales (BIS) de Basilea, una entidad que está integrada por los principales bancos centrales del mundo, y a dos operaciones de préstamos Repo – por otros 2.000 MD – contraídas con los Bancos HSBC y Credit Suisse.

El propósito conjunto del paquete de préstamos del FMI y los OMC es producir un blindaje de las reservas internacionales del BCRA que permita contener una salida masiva de dólares como la que se ha venido produciendo por la corrida cambiaria de los últimos dos meses; que le ha costado al Banco la pérdida de unos 12.000 MD (algo más que el 20 % de sus reservas totales).

CRISIS DE LA DEUDA CUASI-FISCAL

El BCRA fue metido durante la gestión Macri-Sturzenegger en un callejón sin salida debido a  la enorme bola de nieve de la deuda en Lebac[4].

Este sobre-endeudamiento mayúsculo e irresponsable, producido fuera de toda capacidad de repago del Banco y realizado a los fines de sostener la Política Cambiaria de Dólar Barato con altas Tasas de Interés, ha llevado a la mayor sangría financiera de la Historia Argentina: el BCRA tendría que afrontar hoy el pago de más de 450.000 M$ de intereses anuales (una cifra superior a los intereses  que paga el Tesoro Nacional), lo que implica erogaciones de unos 35.000 M$ por mes.

La extrema gravedad de la situación del BCRA – que es la que en realidad ha movido el pedido de urgencia para salvar al Banco de lo que el propio FMI califica como quiebra técnica – ha obligado tradicionalmente a pensar en la alternativa de conversión de las Lebac en títulos de más largo plazo dado que hoy poco más de la mitad del stock de 1.2 B$ de esas Lebac está colocado a 30 días (sin contar los vencimientos de Leliq – que son letras a 7 días – y de los Pases Pasivos, a 1 y 7 días).

Una suerte de nuevo Plan Bonex 1989 pero con la particularidad que sería voluntario y no compulsivo como aquél.

Esta posibilidad de alargamiento de los plazos hoy está inhibida por la presión extorsiva de los tenedores especulativos de Lebac y Pases, que exigen al BCRA más tasa para no irse al Dólar: la constante amenaza de pasar por el Escritorio para renovar los vencimientos o pasar por Caja para cobrarlos en efectivo.

El Banco elevó sus tasas de interés antes del último vencimiento mensual de Lebac (la subasta del día 15.5 pasado) llevándolas del 27.25 al 40 % anual pero con ello no frenó totalmente la salida de dólares – que siguen mermando las reservas internacionales – y fue forzando sucesivas intervenciones del propio BCRA y/o de Bancos Oficiales (con el BNA-Banco Nación Argentina a la cabeza)  para poder seguir sosteniendo el tipo de cambio a menos de 26 $/US$.

Este drenaje imparable de costos en divisas por salida de dólares y costos financieros en pesos por pago de altísimas tasas de interés llevó al BCRA a un punto crítico y ello explica el por qué del llamado desesperado del presidente Macri al FMI y al gobiernos de los Estados Unidos para que le habiliten de urgencia un salvataje del Banco y, a la vez, el sostenimiento artificial de su gobierno frente a la nueva crisis financiero-cambiaria en que la propia administración Macri – por sus errores y por su complicidad en el negociado de las Lebac, no por herencia recibida – se encuentra metido y sin capacidad de resolverla.

Es por eso que este mega-préstamo pedido al FMI no es para equilibrar las Cuentas Públicas – más allá de las economías presupuestarias recesivas de rigor que el Fondo exige en estos casos – sino para salvar de la quiebra técnica al BCRA.

LA PROPUESTA DEL FMI

Dada la incapacidad y la connivencia  del funcionariado macrista – y del propio presidente como Jefe de Gobierno – para manejar el problema de la crisis de endeudamiento cuasi-fiscal que esta administración ha generado, los acreedores financieros del Estado decidieron poner manos a la obra e impusieron la intervención directa del FMI sobre las Cuentas del Estado Argentino (siempre bajo la hipócrita expresión de que se trata de un supuesto “plan argentino” que el Fondo analiza y aprueba).

Un plan que cumpla la doble función de dar salida a la crisis por sobre-endeudamiento del BCRA y que permita al gobierno Macri llegar al fin de su mandato en 2019.

El encargado de haber dado a conocer estas pautas del FMI parece haber sido el Ministro de Finanzas, Luis Caputo:

  1. El Tesoro Nacional – con la ayuda del FMI – se iría haciendo cargo paulatinamente de cancelarle al BCRA las Letras Intransferibles que el Banco tiene en su poder como producto de la Política Kirchnerista de Pago sistemático de Deuda Externa con Terceros (Acreedores Privados y OMC) utilizando Reservas del BCRA (letras que hoy totalizan 67.100 MD).
  2. Estos pagos el Tesoro los efectuará en Pesos, no en dólares, que el BCRA utilizará para recomprar parte de sus pasivos en Lebac.
  3. El procedimiento significaría un canje indirecto de Lebac por Bonos del Tesoro, ya que el gobierno cancela las Letras Intransferibles con pesos, el Banco usa ese dinero para cancelar Lebac con los tenedores y la Tesorería repone – antes o después – los fondos usados apara pagarle al BCRA con la emisión de nuevos Títulos Públicos, es decir, colocando más Deuda.
  4. Paralelamente, el BCRA dejará de financiar con emisión monetaria a la Tesorería a través de sus Adelantos Transitorios al Gobierno Nacional, que hoy suman 530.400 M$ (≡ 21.300 MD).
  5. El BCRA iría así reduciendo gran parte de su Activo y, como contrapartida, también bajaría su Pasivo – por Lebac, Leliq y Pases – se supone en la misma proporción.
  6. El Tesoro, carente de fondos propios como para rescatar las Letras Intransferibles en poder del BCRA, se fondearía para ello no sólo en la asistencia del FMI sino, sobre todo, con la colocación de nuevos Bonos Públicos, esto es, aumentando adicionalmente su Deuda Fiscal.

De esta manera – aunque gradualmente – se producirían tres cosas a la vez:

  1. El traspaso de la deuda cuasi-fiscal del BCRA en Lebac a nuevos títulos fiscales del Tesoro, a mayor plazo (alargamiento de los vencimientos).
  2. La descarga o “sinceramiento” financiero-contable del BCRA por eliminación gradual de las Letras Intransferibles en el Activo y del mega-stock de Lebac en el Pasivo.
  3. El aumento adicional de la Deuda Pública del Estado Central  no sólo por la colocación de nuevos Bonos para canje de las Lebac sino además por la nueva Deuda Externa contraída con el FMI.

El Presupuesto 2018 prevé un aumento de la Deuda Pública de 46.500 MD, a los que se sumarían ahora el monto extra-ordinario de Nueva Deuda por el préstamo Stand-by de 50.000 MD y otro monto, a determinar, derivado del traspaso de los pasivos de Lebac del BCRA, esto es, por el pasaje de la deuda cuasi-fiscal del Banco a deuda fiscal del Tesoro (ya que las Lebac no están registradas como tales).

Sin contar con las nuevas ayudas de los OMC, del BIS de Basilea y de los Bancos Privados.

Empero, como el crédito del Fondo es – por definición – un préstamo contingente, es decir, que se lo computa como Deuda a medida que se lo utiliza; y como el reemplazo indirecto de las Lebac por Bonos del Tesoro a mayor plazo es gradual, los resultados no estarían rápidamente a la vista.

Dicho con otras palabras: que la ayuda del FMI es para que el Estado Central se endeude dos veces: una, por los 50.000 MD del préstamo Stand-by con el Fondo; y otra, por los Bonos adicionales que emita para fondear el rescate indirecto de la Lebac.

Si el primer desembolso del FMI – previsto para el 20.6, por 15.000 MD (un 30 % del total acordado) – se destinase a recomponer, reforzar para la venta y/o garantizar las reservas del BCRA, puede suponerse que el resto del préstamo se utilice como crédito puente para cubrir el bache entre rescate de las Letras Intransferibles y colocación de nueva Deuda del Tesoro.

Pero esto último es hipotético dado que está sujeto al conocimiento de los términos del acuerdo con el Fondo, que hasta ahora se desconocen.[5]

 

CONCLUSIONES PRELIMINARES

Hablamos de conclusiones preliminares porque hasta el momento sólo se conoce el anuncio oficial de la conferencia de prensa Dujovne-Sturzenegger, puesto que el Acuerdo con el FMI todavía no está firmado y – gestiones secretas mediante (no negociaciones) – falta todavía esperar la letra chica del convenio que se suscriba.

Lo que estamos viendo sería algo tan claro como infantil: la idea de vender la imagen de que ahora el FMI es bueno, que nos ayuda y que el gobierno Macri presenta su plan argentino que el Fondo analiza y luego le aprueba. Y lo aprueba justamente porque da la casualidad que está perfectamente en línea con sus recomendaciones del Informe Cardarelli de Diciembre 2017.

Es la forma de salida en que el presidente Macri ha caído – en la mitad de su gestión – por culpa de su Política irracional de Gobernar con Deuda (sobre-endeudamiento del Tesoro y paralelo sobre-endeudamiento del BCRA), por su irresponsabilidad en el manejo de las Finanzas Públicas y por la ineptitud suya y de su funcionariado superior (bajo conflicto de intereses) en el manejo de las decisiones de gobierno.

Y así es como sigue aumentando la Deuda Pública de la Argentina.

[1] Las abreviaturas MD/M$ significan Millones de Dólares/Pesos respectivamente (B$-Billones de Pesos) y se expresan siempre con redondeo, razón por la que pueden darse mínimas diferencias entre totales y sumatoria de términos.

El signo (≡) – equivalente a – corresponde a la conversión entre pesos y dólares, al tipo de cambio mayorista de 24.9475 $/US$ tomado como paridad de referencia por el BCRA (al 31.5.2018).

[2] En realidad, el saldo de Pases – operaciones del BCRA a 1 y 7 días de plazo – que se toma para este cálculo de reservas propias debiera hacerse por el total de Pases Pasivos (préstamos de los Bancos al BCRA) – que suman 306.200 M$ (≡ 12.300 MD) – y no del saldo neto de 96.900 M$ (≡ 3.900 MD) que resulta de restarle  los 209.300 M$ (≡ 8.400 MD) de Pases Activos.

Y esto es así porque el BCRA respalda sus operaciones de Pases Activos (préstamos de cortísimo plazo a los Bancos) con Lebac, que son pasivos del propio Banco (!).

Por ende, el stock de los Pases Pasivos constituye en la práctica otra ventanilla paralela de endeudamiento en firme del BCRA pero que figura artificialmente compensada por operaciones en el Activo que tienen como respaldo Pasivos del propio Banco.

[3] Reservas Brutas al 31.5 de 50.100 MD menos 11.300 MD de Depósitos en Moneda Extranjera (Encajes Bancarios en  Dólares y otras monedas) menos 8.900 MD de Otros Pasivos (Swap con China) – un subtotal 20.200 MD – da un saldo primario de Reservas Propias de unos 30.000 MD (29.900) pero restándole los 52.600 MD de deuda conjunta por Lebac (48.700 MD) y Pases Pasivos netos (3.900 MD) pasa a ser negativo en 22.700 MD.

[4] El stock de Lebac al fin del gobierno Kirchner era de 346.300 M$ y hoy pasa 1.5 B$.

[5] Una alternativa simplista o simplificada – entre tantas otras – sería interpretar que el Acuerdo con el FMI podría actuar en la práctica como un megacanje encubierto o indirecto – como un préstamo puente en su conjunto – destinado a cubrir las concentraciones de vencimientos de los servicios de la Deuda del BCRA y del Tesoro  con nueva Deuda transitoria (con anatocismo o capitalización de intereses incluida) o bien adelantando fondos para que con los mismos se recompren las Letras Intransferibles en poder del BCRA (en dólares y/o en pesos) anticipando de esta manera las operaciones hasta que se coloquen nuevos bonos del gobierno para absorber el traspaso.

Pero, en cualquiera de los casos, el resultado es siempre un aumento del stock de la Deuda Pública.

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Programa 09/06/2018

Grabados y repetidos

Sábado 9 de junio de 2018

Estimados aldorsian@s, por compromisos personales y laborales que se demoraron más de la cuenta, no podremos estar con Uds. en vivo en el día de la fecha. Ahora están escuchando un programa grabado hace pocas semanas con la participación de Héctor Luis Giuliano y Mauricio David Idrimi, a propósito del acuerdo con el FMI. Les pedimos disculpas, y nos encontramos la semana que viene, «en vivo» por el aire de FM La Tribu o en las más de 200 radios amigas. ¡Un gran abrazo alegre, indignado y rebelde!

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Programa 26/05/2018

Venezuela y la defensa del legado

Sábado 26 de mayo de 2018

Venezuela se debate entre un futuro incierto y la defensa de su legado. Nicolás Maduro obtuvo el 67 % de los votos con una representación del 31 % del padrón electoral, mayor al de sus pares latinoamericanos Santos (Colombia), Piñera (Chile) y Macri . Si bien el nivel de ausentismo fue el más importante desde 1959, el proceso bolivariano resiste a su errores y claudicaciones.  Venezuela parece sumida en una severa crisis democrática como la propia América Latina.  El periodista Modesto Emilio Guerrero analiza la conflictiva situación bolivariana, sus oportunidades, sus límites, el autoritarismo y la posibilidad de quiebre democrático.  Además, «debo debo»,  «Quini 6 de la deuda»  y otras estafas. 

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Programa 19/05/2018

La deuda pública crece a más de 335.000 millones de dólares

Sábado 19 de mayo de 2018

Luego de sorteada la tormenta cambiaria del martes 15 de mayo, y la colocación de bonos por parte del Gobierno Nacional, la deuda pública continua siendo el elemento disciplinador  de la economía nacional. Según la ultima información publicada por el Ministerio de Hacienda la deuda pública asciende a finales de 2017 a 335.000 millones de dólares.  El Lic. Héctor Luis Giuliano analiza la crítica situación financiera y el negociado de la Lebac.  Por su parte, el historiador Mauricio David Idrimi aporta elementos para comprender la conflictiva situación del pueblo palestino.  Además, «debo debo»,  «Quini 6 de la deuda»  y otras estafas. 

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Programa 12/05/2018

Al Fondo a la derecha

Sábado 12 de mayo de 2018

«La reaparición del FMI en el primer plano despierta la tentación de realizar comparaciones entre la situación actual y algunos de los episodios de descalabro económico del país que están grabados en la memoria colectiva, como es el caso del 2001», afirmó  Esteban Mercatante en AL DORSO.  Un análisis crítico de la situación económica, cambiaria y financiera que atraviesa el Gobierno de Macri y las consecuencias que tendrá para la clase trabajadora.  Por su parte, Miguel Abramzón recuerda la Masacre de Pacheco ocurrida en mayo de 1974.  Además, blindaje, megancaje y deuda externa. 

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FONDO MONETARIO Y SALVATAJE AL BANCO CENTRAL

Héctor Luis Giuliano 12.05.2018. El sorpresivo anuncio del presidente Macri sobre pedido de asistencia financiera urgente al Fondo Monetario Internacional (FMI) demuestra la gravedad de la Crisis de Deuda Pública que vive la Argentina por culpa de su Política de Gobernar con Deuda y desnuda a la vez la naturaleza perversa del endeudamiento cuasi-fiscal inmanejable, es decir, de la bola de nieve de la Deuda paralela del Banco Central (BCRA) por Lebac y otros títulos de corto y cortísimo plazo (…)

 

FONDO MONETARIO Y SALVATAJE AL BANCO CENTRAL

Por Héctor GIULIANO (12.5.2018)

El sorpresivo anuncio del presidente Macri sobre pedido de asistencia financiera urgente al Fondo Monetario Internacional (FMI) demuestra la gravedad de la Crisis de Deuda Pública que vive la Argentina por culpa de su Política de Gobernar con Deuda y desnuda a la vez la naturaleza perversa del endeudamiento cuasi-fiscal inmanejable, es decir, de la bola de nieve de la Deuda paralela del Banco Central (BCRA) por Lebac y otros títulos de corto y cortísimo plazo.[1]

Esto último es particularmente importante porque, en realidad, esta ayuda de emergencia que se está solicitando al FMI no es para sostener las necesidades de financiamiento de la Tesorería sino para salvar la crisis insostenible del BCRA.[2]

Las aceleradas negociaciones en curso con el FMI son para obtener un crédito de tipo Stand-by llamado de alto acceso o acceso rápido[3] para garantizar la disponibilidad de moneda extranjera frente a la abrupta pérdida de Reservas Internacionales (RI) que se está produciendo por el pase masivo de fondos de las Lebac en Pesos a Dólares.

Dicho con otras palabras: que este préstamo del FMI no es para salvar el Déficit Fiscal del Tesoro – ya de por sí muy importante – sino para garantizar la entrega de dólares a los capitales especulativos que lucran con el negociado de las Lebac en la Argentina como deuda del BCRA.

CUADRO DE SITUACIÓN

El BCRA se encuentra hoy en el ojo de una tormenta derivada de su propia política financiera, monetaria y cambiaria; y para entender esto hay que comprender las características de base del problema:

  1. El BCRA no defiende el valor del Peso sino el valor del Dólar – porque la mayoría de los servicios de la Deuda Pública están en moneda extranjera – y la corrida es contra el Dólar.

Mientras el valor del peso es carcomido sistemáticamente por la Inflación la preocupación central del gobierno es contener un tipo de cambio cuyo incremento sea inferior al aumento de los precios, garantizando así que la recaudación fiscal – que está básicamente en pesos – sirva para comprar la mayor cantidad de divisas posible para poder pagar los servicios crecientes de la Deuda Pública – Externa e Interna – que en un 70 % están integrados por obligaciones en moneda extranjera y/o atadas a cláusulas de indexación por tipo de cambio.

  1. El BCRA se encuentra frente a una maniobra extorsiva de sus acreedores financieros de Lebac[4] por arbitraje clásico entre Tipo de Cambio y Tasas de Interés: o me das más tasa por la renovación de las letras o me voy al dólar. Así de simple.

Y esto es así y siempre va a ser así porque la esencia del negocio financiero de los capitales especulativos – fundamentalmente capitales internacionales golondrina –  es la ganancia por arbitraje entre tasas de interés locales – que en la Argentina son un múltiplo de las que se obtienen en el mundo – y tasas externas en el contexto de un tipo de cambio estable y preferentemente bajo.

  1. El detonante que explica la actual crisis cambiaria por corrida hacia el dólar es el mega-vencimiento de Lebac del próximo martes 15.5 por 680.000 M$.[5] Y aquí reside el meollo de la cuestión ya que, en caso de no renovación y pase a la compra de dólares ello significa que estaría en juego una salida de casi 30.000 MD (28.800) de las Reservas Internacionales.

Ese día (15.5) el BCRA necesita renovar tal enorme masa de dinero en letras, que representa más de la mitad del stock total, que hoy pasa los 1.3 B$ (es el 52.3 %)[6] y los acreedores financieros tenedores de las Lebac – ante la vulnerabilidad extrema del Banco – le están exigiendo tasas más altas para permanecer en esos títulos y no irse al dólar.

La trampa de deuda cuasi-fiscal impagable en que está metido el BCRA se ha transformado así en un condicionante absoluto no sólo de las tasas crecientes de intereses a pagar por los pasivos del Banco sino también del valor del dólar que arbitra con estas tasas en el marco del régimen de tipo de cambio variable o flotante, un tipo de cambio que en los hechos está sostenido no tanto con las intervenciones directas del BCRA (venta de reservas en el Mercado) sino con el aumento de Tasas de Interés, como alternativa para retener Pesos en el sistema – vía Lebac – para que esos pesos no se vayan al dólar.

Y todo esto es producto del complejo funcionamiento de la tríada Tipo de Cambio-Tasa de Interés-Inflación, a la que nos hemos referido específicamente en dos trabajos anteriores recientes[7]; y tiene una relación directa con el rol del BCRA como garante de última instancia del Sistema local de Deuda Perpetua, esto es, de deuda cuasi-fiscal que no se cancela sino que permanentemente se renueva.

LA CRISIS DEL BCRA

Es importante resaltar que la crisis financiera y cambiaria que vive actualmente la Argentina – en el seno del gobierno macrista – cae dentro de la  responsabilidad inmediata del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, que notablemente parece haber pasado a un segundo plano en estos días frente al mayor protagonismo de los Ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo; y del propio presidente Mauricio Macri.

Esta crisis – siempre en el marco de la política de macro-endeudamiento generalizado de la administración macrista – reconoce como disparador tres hitos contradictorios o inconsistentes del propio gobierno registrados en los últimos meses:

  1. El aumento de la Meta de Inflación del 10 al 15 % para el corriente año (2018), anunciado en la conferencia de prensa conjunta del 28.12.2017 (Marcos Peña-Sturzenegger-Dujovne-Caputo) o día 28-D, que conllevaba el riesgo cierto de aumento de las tasas de interés en función de la mayor Inflación.
  2. La baja relativa de las Tasas de Interés de las letras del BCRA durante el Verano 2018 frente al aumento de los precios y la mayor presión inflacionaria, que se produce precisamente por falta deliberada de controles oficiales de precios, por aumento de precios/tarifas de Servicios Públicos, por elevada Presión Tributaria y por alto costo financiero.

Es decir (por 1 y 2): que se pretendía bajar un poco las tasas de interés mientras se aumentaban las perspectivas inflacionarias (!).

  1. El Impuesto a la Renta Financiera sobre las Lebac a los tenedores no residentes, esto es, la incorporación de un gravamen nuevo sobre los poderosos capitales financieros que obtienen ganancias extraordinarias por el negocio de arbitraje financiero en la Argentina (carry trade o bicicleta financiera).

Estaba dentro de lo posible y hasta de lo previsible – sin juicio de valor al respecto – que la administración macrista podía sufrir una reacción de fuerza de los tenedores de Lebac[8] frente a estas inconsistencias fácticas mientras, como agravante, se le disparaba la Inflación interna y a la vez aumentaban las tasas internacionales de interés[9] porque, una de tres: 1) el gobierno actuó con gran ineptitud frente a los hechos, 2) lo hizo para seguir favoreciendo el negociado de las Lebac y títulos cortos conexos pero con márgenes algo más atenuados, o 3) lo hizo por combinación de ambas cosas. Siendo esto último lo que parece más probable.

Dicho con otras palabras: que el gobierno Macri, ante la inmanejable deuda cuasi-fiscal por Lebac que él mismo generó, habría intentado tímidamente corregir en parte la situación  pensando que no iba irritar a los capitales financieros de los cuales depende. Pero las cosas no le salieron como lo pensaba.

Dueños del arbitraje entre Tasas de Interés locales y Tipo de Cambio, estos capitales buitre – que son los aliados clave del gobierno Macri en su política deuda-dependiente – forzaron un aumento extraordinario de las tasas, haciéndolas elevar a un nivel que les compensa con creces el nuevo gravamen a la Renta Financiera y les provee fuertes utilidades adicionales como condición  de tales capitales para permanecer y/o regresar al Mercado de Lebac.

Y para ello concretaron una verdadera demostración de fuerza desarmando sus posiciones de papeles en pesos – Lebac y también títulos públicos del Tesoro –  y pasándose abruptamente al dólar, con la consiguiente baja de reservas del BCRA, la disparada de la cotización del dólar y la amenaza cierta de mayor inflación por traslado a precios de la devaluación del peso.

De esta manera, el gobierno sufrió un impacto múltiple y concurrente en su esquema de total vulnerabilidad financiero-cambiaria: a) por aumento del Dólar, o su correlato de depreciación del Peso, b) por baja de las Reservas Internacionales, dado la mayor demanda de dólares con pesos provenientes de la venta y/o no renovación de Lebac,[10] y c) por traslado a Precios del aumento del Dólar, con efecto sobre la Inflación y también sobre las Tasas de Interés.

Es el círculo vicioso de la tríada financiera citada (Tasas-Dólar-Inflación) en acción y de la cual el gobierno Macri no puede salir porque es la clave de su supervivencia política.[11]

ASISTENCIA DEL FMI

Lo más importante que hay que entender hoy en el marco de la corrida cambiaria, la salida de divisas y el aumento de las tasas de interés que se ha venido produciendo en las últimas semanas es que el pedido urgente de ayuda al FMI por parte del presidente Macri no es – en este caso específico – para salvar al Tesoro, es decir, a la caja del Gobierno Central, sino para salvar el manejo irresponsable del negociado de las Lebac que se administra desde el BCRA.

Lo que la administración Macri necesitaría así para re-encuadrar la situación es una gran masa de dinero disponible como garantía a los acreedores de letras del BCRA de que van a poder seguir cobrando tasas de interés récord en la Argentina y que, si decidieran no renovarlas para irse al dólar, van a poder contar con las divisas y retirarse del país.

Se habla, por eso, de un mega-préstamo de 30.000 MD,[12] que equivale a más de la mitad del stock de reservas del BCRA.

Además – y aunque no se habla de ello – los fondos del  Stand-by del FMI pudieran tener otro objetivo, no declarado, de ir utilizándolos para sostener y/o garantizar un pasaje gradual de los capitales financieros que están colocados en Lebac y otros títulos de cortísimo plazo del BCRA a Letes, que son las Letras del Tesoro – a mayor plazo relativo (la mayoría entre 100 y 200 días) – y a Bonos del Gobierno Nacional, para traspasar y estirar el perfil de vencimientos de la Deuda Pública, esto es, un pasaje de las obligaciones del BCRA a la Tesorería.

Sería una suerte de Plan Bonex (1989) – canje de plazos fijos por títulos públicos a más largo plazo – pero voluntario, no compulsivo, para inducir el paso de Lebacs a Letes; aunque con el detalle que el Tesoro debiera darle tasas más altas a los acreedores que el BCRA, cosa particularmente difícil en momentos que el Estado trabaja con curvas de rendimiento invertidas.

Sin embargo, con la ayuda del FMI una variante de este tipo no debe ser descartada porque pudiera intentarse.

Pero estas consideraciones no corresponden ya al análisis de los hechos sino a conjeturas que sólo se develarán con el conocimiento del acuerdo a que se llegue con el Fondo y a la posterior política de re-endeudamiento del gobierno Macri.

Lo único que está claro – por ahora y como siempre – es que el rol del FMI sigue siendo intervenir en las Finanzas Nacionales cuando la situación se torna muy grave para el país deudor, como hoy la Argentina, y los acreedores pueden entonces correr el peligro de quedarse sin cobrar los servicios de sus títulos – en este caso, fundamentalmente las Lebac del BCRA – porque el verdadero papel del Fondo en todo esto no es el salvataje a los Estados Deudores sino el salvataje a los Acreedores del Estado.

CONCLUSIONES

En vísperas del mega-vencimiento de los 680.000 M$ de Lebac que caen este Martes 15.5  es previsible que el gobierno Macri, después de su rendición irrestricta ante los acreedores aumentándoles sustancialmente la tasa de interés de las letras a niveles récord en la Argentina y en el Mundo, después de haber tolerado un desplazamiento importante de la cotización local del dólar y habiendo  encarado urgentes conversaciones para obtener garantías de respaldo del FMI a los efectos de poder mostrar que podría así atender una salida masiva de dólares – como la que se ha producido en las últimas semanas – obtenga la permanencia por renovación de la gran mayoría de estas letras.

De allí el intento del Gobierno y de la prensa del establishment en general, de la partidocracia parlamentaria y de la clase dirigente en general (esencialmente grandes bancos y empresas) por desdramatizar la situación, quitarle gravedad a la Crisis de Deuda y a la situación crítica del BCRA, esperando que los capitales especulativos acepten las altísimas tasas de interés con que la administración Macri los premia en función de sus exigencias extorsivas.

La paradoja o burla subyacente en todo esto es que esta movida abierta de rendición financiera – que es, en realidad, una variación consentida entre el gobierno Macri y sus mandantes – puede presentarse ante la Opinión Pública como un supuesto éxito de la gestión gubernamental sobre la Deuda, como una muestra de confianza por parte de los Acreedores y como una señal positiva de apoyo de los grandes Países Desarrollados y las estructuras de poder financiero internacional a las reformas estructurales en curso del Macrismo.

Incluso la falsa y nueva imagen que se busca instalar ante la gente de que ahora el FMI es bueno, que viene para ayudar a la Argentina y que gracias a esta asistencia – una asistencia para pagarles y seguir pagándole a los acreedores financieros con la asistencia del Fondo – el país saldría adelante.

El Ministro de Finanzas, Caputo, dijo claramente que tanto el proceso de endeudamiento del Tesoro como la asistencia adicional del FMI – para salvataje de los acreedores del BCRA por la crisis de las Lebac – constituyen el colchón de reservas internacionales que el presidente Macri necesita para llegar al fin de su mandato en el 2019.[13]

Es poco probable que los capitales financieros y los Países del Grupo de los 20 (G-20) le suelten la mano al presidente Macri y lo dejen caer – la regla dice que nadie mata la gallina de los huevos de oro, que le da tan enormes y consentidas ganancias – pero nunca puede descartarse que frente al agravamiento de la situación haya algún cambio importante en la estructura del endeudamiento argentino y/o directamente un abandono al presidente en caso que éste no sepa o no esté a la altura de responder a las nuevas exigencias externas de la hora.

Y, en este sentido, el fantasma que acosa al presidente Macri no es sólo el del ex-presidente de la Rúa – escapando en helicóptero a fines del 2001 – sino también el más reciente del presidente del Perú, Pedro Kuczynski (en Marzo de este año), que pese a ser un hombre del Sistema y de su riñón de poder, fue sacrificado por su ineptitud y por su corrupción probada para que el gatopardismo del Sistema pueda continuar.

 

[1] La deuda por Lebac del BCRA – según la última información disponible de los balancetes semanales, al 30.4.2018 – es de 1.3 B$ (Billones de Pesos, equivalentes a 64.100 MD-Millones de Dólares), de los que 115.800 M$ (Millones de Pesos, ≡ 5.600 MD) corresponden a letras Leliq (tomadas sólo por Bancos), que son a 7 días de plazo.

A este importe cabe sumarle otra masa de Deuda del BCRA que son los Pases Pasivos – también a sólo 7 y 1 días, por un total de 285.000 M$ (≡ 13.800 MD), que pesan como Lebac de cortísimo plazo.

[2] La ecuación de Reservas contra Pasivos del BCRA está completamente desequilibrada: el Banco – al 30.4.2018 – tiene 56.600 MD de Reservas Internacionales en su Activo contra más de 100.000 MD en dólares y/o convertibles a corto plazo en moneda extranjera en su Pasivo: 12.400 MD por Encajes en Moneda Extranjera, 11.200 MD en Otros Pasivos (Swap con China), 1.3 B$ (≡ 64.100 MD) por Lebac y 285.000 M$ (≡ 13.800 MD) por Pases Pasivos. En total, una masa de 101.500 MD.

[3] La denominación técnica que se usa en este caso corresponde a la línea de crédito contingente Stand-by (SBA) – que se utiliza como préstamo disponible según las necesidades de fondos que tenga el país – en la variante de alto acceso – divisas de emergencia o disponibilidad – así llamada para diferenciarlo de los préstamos de acceso administrativo normal.

[4] Las Lebac son letras de muy corto plazo – la mitad está colocada a 28 días – y no rinden intereses directos por tasa nominal sino por tasa implícita, esto es, por diferencia entre valores de colocación bajo la par y valores nominales a su vencimiento.

Estas tasas estaban hasta fines de Abril en el orden del 27.25 % anual y el BCRA las elevó al 40 %.

El stock de Lebac al 30.4.2018 – última información disponible según los balancetes semanales del BCRA – es de 1.3 B$, equivalentes (≡) a 64.100 MD (Millones de Dólares), al tipo de cambio mayorista a esa fecha, que era de 20.6917 $/US$.

Las Lebac fueron implementadas en el año 2002 por el entonces presidente del BCRA, Mario Blejer, como instrumentos de regulación monetaria en el Mercado pero derivaron en una herramienta para regular en forma indirecta la cotización del dólar, ofreciendo altas tasas de interés que sirven – en la teoría y en la práctica – para mantener la denominada Política de Tipo de Cambio Flotante que declara la administración Macri a través del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger.

El monto de las Lebac aumentó en forma extraordinaria con el advenimiento del gobierno Macri, pasando de 346.300 M$ al fin del gobierno Kirchner, en Diciembre de 2015, a los 1.3 B$ (1.326.400 M$) actuales: un aumento en pesos de casi 4 veces (3.83).

Aunque esta relación, ponderada por tipo de cambio mayorista (dólar a 9.727 $/US$ al 7.12.2015 y a 20.6917 $/US$ al 30.4.2018)  da un coeficiente algo menor,  pero de prácticamente el doble: 1.8 veces (64.100 / 35.600 MD).

[5] El vencimiento de las Lebac era efectivamente de unos 680.000 M$ hasta fines de la semana que acaba de terminar pero en las últimas jornadas el BCRA estuvo recomprando parte de estas letras en el Mercado Secundario – se dice por valor de unos 30.000 M$ – y antes habría comprado otros 10.000 M$.

En consecuencia, el saldo de vencimientos a licitar por renovación el 15.5 habría quedado algo reducido, a unos 640.000 M$, lo que en la práctica no cambia la magnitud y gravedad de la situación.

Es importante observar que estas compras en el Mercado para rescate anticipado de letras se realizan no sólo con fondos propios del BCRA sino también con ayuda o participación en esas compras de otros bancos y entes oficiales – como el Banco Nación (BNA), los bancos Ciudad y BAPRO, la ANSES y otros organismos públicos – es decir, aumentando la Deuda intra-Estado, como en los tiempos del Kirchnerismo.

Cabe agregar, por último, que a los vencimientos de Lebac se le superponen además los de la enorme masa de Leliq y Pases Pasivos que están en circulación – citados en la nota 1 – amén de las llamadas Letras Overnight, por las que el BCRA remunera los saldos remanentes en caja de los Bancos entre el cierre de la jornada bancaria y el comienzo del día siguiente (!), cuyo peso como carga  de subsidio financiero se desconoce.

[6] El BCRA opera también en el Mercado Secundario  de Lebac, esto es,  el de la Compra/Venta de letras ya emitidas (a diferencia del Mercado Primario, que es el de las colocaciones iniciales que hace el Banco).

Esta operatoria es importante – sobre todo por la magnitud de las intervenciones directas del BCRA en los últimos días – pero es muy difícil de cuantificar porque no se informa de modo directo.

Por otra parte, también es relevante la participación en este Mercado Secundario de otros bancos y entes oficiales, que están fuertemente empapelados con títulos públicos (que no tienen capacidad de repago).

[7] Artículos sobre “Crisis de Deuda, Dólar y Tasas de Interés” (del 28.4.2018) y “Crisis de Deuda y Emergencia Financiera Macri” (del 5.5.2018).

[8] El Decreto 279/18, del 9.4.2018, reglamentó la Ley 27.430 de Reforma Tributaria en lo que respecta al Impuesto a las Ganancias sobre las compras de Lebac aplicándoles una alícuota del 5 % a las letras en pesos y del 15 % a las letras en dólares a los tenedores extranjeros, igualándolos en esto a los tenedores argentinos (para quienes la aplicación es retroactiva al 1.1.2018).

Este alcance del gravamen no figuraba en el proyecto de ley original del Poder Ejecutivo y fue incorporado – parece, a último momento – durante el debate en el Congreso; aunque aplicable solamente a Lebac y no al resto de todos los títulos públicos.

Bajo una simple lógica de Poder – la del Poder Financiero – no cabe duda que una medida de este tipo explica en gran parte la sobre-reacción de los capitales especulativos que, en coordinación con el actual gobierno, operan en el macro-negocio de los títulos del BCRA.

Era cuando menos un contradicción – una ingenua inconsistencia gubernamental – pretender modificar o atenuar alguna de las piezas diferenciales relevantes dentro de un Sistema de Endeudamiento cuando se está adscripto institucionalmente a las reglas de juego que fijan los acreedores de ese Sistema, que es el de re-endeudamiento perpetuo, y donde los intereses de dichos acreedores – por definición – tienen que estar garantizados a rajatabla.

[9] Las Tasas de Interés de los Estados Unidos – que se toman como referencia para los títulos públicos del Mundo – corresponden a las de los Bonos del Tesoro norteamericano a 10 años de plazo y han subido actualmente a casi el 3 % anual, un porcentaje que se considera alto en todo el planeta (!).

[10] En los últimos dos meses – Marzo y Abril – la salida de dólares por desarme de las carteras en pesos de Lebac y otros títulos públicos para pasarse al dólar forzó intervenciones del BCRA o ventas directas de reservas internacionales por casi 8.000 MD (7.900) – entre el 5.3 y el 10.5 – pero no contuvo la escalada del dólar, que llegó a 22.70 $/US$ y más de 23 $/US$ para Mayorista y Minorista respectivamente. Con el agravante del creciente traslado a precios de esta devaluación en curso o consiguiente aumento de la presión inflacionaria.

[11] Los efectos recesivos del aumento extra-ordinario de las tasas de interés son inexorables porque es el BCRA – precisamente a través de las tasas de Lebac y Pases Pasivos – el que fija el piso de las tasas del Mercado.

Con el agravante que estos títulos tienen curva rendimientos invertida, esto es, que las tasas de  corto plazo son mayores que las de plazo más largo; lo que empeora cada vez más el perfil de vencimientos del BCRA así como los del Gobierno Nacional y los Gobiernos Provinciales.

La elevación de las tasas de interés tiene una consecuencia negativa múltiple y directa en la Economía Física o Real porque desalienta la Inversión Productiva – los rendimientos financieros de muy corto plazo son sustancialmente superiores a cualquier inversión productiva a mediano o largo plazo – porque encarece y restringe el crédito, desfavorece el aumento de la producción y por ende del  Empleo, encarece también  y tiende a postergar el Consumo por caída de la Demanda y además contribuye a elevar la Inflación porque la Tasa de Interés es también un factor inflacionario, que se transmite en forma inmediata a los costos financieros de las empresas y de allí al sistema de precios.

Tasas de Interés de las Lebac del 40 %, con rendimientos en el Mercado Secundario del 41-42 % constituyen una incitación mayúscula a las inversiones especulativo-financiera y, paralelamente, un estímulo inverso a la inversión productiva, con todos los efectos del caso.

[12] El aumento de la Deuda Pública previsto para el corriente año por la Ley 27.431 de Presupuesto 2018 es de unos 47.000 MD, que se suma a los 35.000 MD de aumento durante el 2016 y los 38.000 MD previstos para el 2017 (que se entiende van a superar esta cifra). Si a ello se le suma el nuevo préstamo Stand-by del FMI el importe total de incremento de la Deuda del Estado para el año en curso llegaría a los 77.000 MD, aunque este crédito no figuraría por el monto total sino a medida que se vaya utilizando en el tiempo (por el criterio de lo percibido).

[13] Días pasados el BIS de Basilea, Suiza – Banco de Pagos Internacionales, integrado por la mayoría de los Bancos Centrales del Mundo – le concedió un préstamo de urgencia al BCRA por 2.000 MD a los efectos de compensar la caída de reservas,  atendiendo así la salida de dólares y la posibilidad de realizar intervenciones directas en el Mercado.

 

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Programa 05/05/2018

Dólar, reforma laboral y deuda externa

Sábado 05 de mayo de 2018

La escapada del dólar encendió luces de alarma de la fragilidad financiera en la que está inmerso en forma consciente -y cómplice- el Gobierno de Macri.  El licenciado Héctor Luis Giuliano analiza las medidas realizadas para contener el dólar, el aumento de las tasas de referencia (Lebac´s)  y los ganadores  del perpetuo endeudamiento público.  Por su parte, Alejandro Olmos Gaona analiza la corrupción estructural de la deuda.  Además  analizamos la reforma laboral recientemente impulsada por la administración nacional.  Y como siempre :»La que te parió», «Debo Debo»  y otras yerbas. 

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La crisis no tocó Fondo

Esteban Mercatante 09.05.2018. Después de 15 días de corrida, el gobierno apeló al FMI. ¿Cómo sigue la película? ¿Qué explica la persistencia de la corrida contra el peso? (…)

 

La crisis no tocó Fondo

Esteban Mercatante y Paula Bach (09.05.2018) 
Izquierda Diario 

Después de 15 días de tensión incesante con el dólar, el gobierno de Macri realizó un anuncio que en la Argentina no puede más que tener reminiscencias dramáticas: buscará un acuerdo de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por USD 30 mil millones.

La reaparición del FMI en el primer plano despierta la tentación de realizar comparaciones entre la situación actual y algunos de los episodios de descalabro económico del país que están grabados en la memoria colectiva, como es el caso del 2001. En ese entonces, la Argentina quedó expuesta como uno de los eslabones más débiles del sistema mundial en un contexto de crisis e inestabilidad internacional, por el nivel de endeudamiento, los desequilibrios de su cuenta corriente, y las dificultades que creaba el régimen de convertibilidad que los agravaron. Una síntesis de los momentos de esta crisis y del rol del FMI puede leerse acá. La responsabilidad del FMI en todos los sucesivos actos de la misma es innegable. Lo mismo ocurre si nos remontamos a la política económica de la dictadura que inició la vorágine de la deuda externa.

Las comparaciones resultan inevitablemente odiosas. Por eso, ayer el ministro Nicolás Dujovne buscó remarcar que la situación nada tendría que ver con la de ese entonces. Sería “financiamiento preventivo” lo que el gobierno de Mauricio Macri estaría buscando.

Pero, ¿qué nos dice esta repentina necesidad del respaldo del FMI ante una persistente corrida cambiaria sobre el Estado de la economía argentina? ¿Es hoy un eslabón débil en un contexto internacional como aquel?

Para el gobierno de Macri, la «culpa» de la corrida imparable estaría enteramente en la situación internacional. Lo mismo que decía el kirchnerismo cuando gobernaba Cristina, y el parate económico después de 2011 era porque «el mundo se nos cayó encima». En ambos casos, el panorama internacional actúa, pero no es todo.

Lo que viene de la economía internacional

Un primer elemento que empezó a cambiar el panorama internacional en los últimos meses es que los Estados Unidos (EE UU) empiezan a atraer capitales que estaban invertidos en otros países. Los títulos del Estado de ese país (bonos del Tesoro) son la base de comparación para los rendimientos de los activos de los demás países. Cuanto mayor es la tasa que pagan los mismos, menos atractivos resultan para los inversores otros activos menos «seguros».

El episodio que muchos señalan como disparador de las turbulencias fue el aumento de las tasas de interés de los bonos del Tesoro norteamericano de 10 años. Si el rendimiento de esos bonos había llegado al 2,9% cuando se produjo la caída de Wall Street en febrero pasado, ahora su tasa superó el 3%, cuestión que se considera una “barrera psicológica” porque no alcanza ese valor desde el crítico año 2014.

Estos bonos a 10 años son uno de los tipos de títulos de deuda pública que emite el Estado norteamericano regularmente para financiarse -el Tesoro emite bonos de corto, mediano y largo plazo. Estos se venden en subastas públicas (mercado primario) y tienen un interés nominal fijo pero su precio varía según las oscilaciones de la oferta y la demanda. Por lo tanto el interés efectivo varía en términos reales en relación inversa al precio del bono. Dentro de los elementos que varían la demanda, como se trata de instrumentos de deuda de largo plazo, se encuentran las expectativas de inflación. Si los tenedores de bonos esperan un incremento de la inflación, como está sucediendo ahora, tienden a vender esos bonos ya que las acreencias se desvalorizan con el aumento de la inflación. Cuando esto ocurre significa que se pasan al dólar, por lo que este último se revaloriza. Se produce entonces una mayor demanda de dólares y el dólar aumenta su precio.

Son varios los motivos que explican esta suba. En primer lugar, la perspectiva de que la Reserva Federal (Fed), que es algo así como el banco central norteamericano, suba las tasas de los bonos de corto plazo, que son las que regulan la política monetaria. A pesar de que en su reunión de abril la Fed no subió las tasas, sus anuncios hicieron preveer una próxima suba en la reunión de junio. Si bien esta suba es parte de las tres programadas para este año que aún mantienen a las tasas en mínimos históricos, estos incrementos agregados a las tres subas del año pasado, implican un encarecimiento del dinero frente a casi una década de tasas cercanas a cero y esto sucede en un contexto de alto endeudamiento público y corporativo -como rasgo particular de estos últimos años.

Además se produjo una combinación de elementos en la economía norteamericana que hace temer a los “inversores” un cuarto incremento de tasas por parte de la Fed este año, pero sobre todo un sendero de conjunto más ascendente. Entre ellos se debe mencionar el aumento del déficit por la reforma impositiva de Trump que obliga al Estado a tomar más deuda, una solidez relativa de la economía norteamericana -aunque menor a la esperada- con aumentos salariales mínimos pero superiores al promedio de los últimos años, una decreciente tasa de desempleo y los anuncios de la Fed de que la economía se acerca a las metas inflacionarias.

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De todas estas variables se desprende el temor tanto a una mayor inflación en EE UU como a un aumento más acelerado de las tasas de interés de la Reserva Federal. La combinación de estos elementos que muchos comparan con el temor que generó la amenaza del “tapering” en 2013 (reducción de compra de Bonos de largo plazo que había realizado la Fed con sus Quantitative Easing), indujo a una menor demanda de los bonos a 10 años, lo que se tradujo en una disminución de su precio y por lo tanto en un aumento de la tasa de interés.

A esto hay que agregar otros elementos críticos como la inestabilidad que dejó la caída de febrero -con valores bursátiles máximos que en general se consideran “techo”-, las amenazas comerciales permanentes de Trump -más allá de que cuanto haya de real y cuanto de discursivo- así como el retiro de los EE UU del Tratado con Irán que este anunció ayer, que entre otras cosas preanuncia que se acentuarán las presiones sobre el precio del petróleo -que ya viene en alza.

La combinación entonces de la venta de bonos del tesoro que revaluó automáticamente el dólar y la expectativa de que aumentos de tasas de interés de la Fed impulsen hacia arriba la divisa, son los dos factores claves que impulsan la revaluación del dólar en el mercado internacional. Este fortalecimiento de la moneda norteamericana es resultado de que los activos de este país atraen el capital dinerario, en detrimento de los activos de otros países. Esto significa que la Argentina, junto con el resto de los países dependientes que las finanzas internacionales rotulan como “economías emergentes”, deja de recibir la significativa entrada de capitales de corto plazo que se venían volcando a activos en el país. Durante los dos años de gobierno de Macri, el país tuvo una entrada de capitales que de USD 30 mil millones, mayormente dirigidos a comprar Lebacs o invertir en el mercado bursátil y sólo minoritariamente destinados a inversión productiva, que compensaron en parte la fuerte salida de capitales.

Ahora, por el contrario, todo el panorama se mueve en el sentido de «inversores» más cautos, «vuelo hacia la calidad» (como dicen la jerga financiera cuando los especuladores se refugian en activos identificados como más seguros y confiables), menos abundancia de fondos para los países «emergentes» y mayores tasas.

Esta reversión de capitales es lo que empujó la devaluación de la moneda en países latinoamericanos como Brasil, Chile, Perú, Colombia, y un largo etcétera. El movimiento tuvo alcance global, y otro de los países donde pegó más fuerte junto con la Argentina es Turquía. El Banco Central de la República Argentina intentó resistir esta tendencia a que se depreciara el peso frente al dólar, que en los últimos 15 días tuvo como uno de sus disparadores esta reorientación global de los flujos de capitales.

El sendero marcado por la Fed para las tasas de corto plazo, y el mayor rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años, confirman ambos el panorama de un encarecimiento del financiamiento internacional. Esto significa que la tasa de base para endeudarse para países como la Argentina, dada por las tasas de los bonos del tesoro, son más altas. Esto es una mala noticia para el gobierno de Macri, pero que ya estaba inscripta en la situación desde comienzos de año. Por eso el ministro de Finanzas Luis Caputo se apuró y emitió más de USD 10 mil millones en los primeros meses del año, con el objetivo de asegurarse el financiamiento a tasas de 6 %.

No está descartado que en una situación económica con pies de barro y elementos fuertes de inestabilidad y en el marco de una situación política con agudos rasgos de imprevisibilidad, estemos entrando en un nuevo episodio de crisis económica internacional que podría golpear agudamente a los llamados “países emergentes” tanto por la vía de un retorno masivo de capitales hacia el centro como por las consecuencias derivadas de la revaluación del dólar en los precios de las materias primas. Señales de que esto puede ocurrir hay varias, aunque aún no sea lo que da tónica a la situación.

En suma, podemos decir que el panorama financiero internacional no es el de la abundancia de liquidez creado hasta hace unos años por las políticas monetarias expansivas a tasa cero de los principales bancos del mundo.

Dólar dependencia

Bastó este estrechamiento de la situación internacional para exponer las fragilidades de la economía argentina. Estas no son una novedad de las últimas dos semanas. A pesar del entusiasmo que Macri afirmaba recibir en cada foro internacional que visitaba, ya en noviembre Standard & Poor había ubicado al país entre los cinco más vulnerables ante un deterioro de la situación internacional.

Esto es así no tanto por la magnitud de la deuda (aunque creció de manera formidable desde que asumió Cambiemos, la deuda pública emitida en moneda extranjera con el sector privado ronda el 30% del PBI, comparativamente baja) como por el ritmo de su crecimiento. Y sobre todo, por el déficit de cuenta corriente que esta debe financiar. Cuando hablamos de déficit de cuenta corriente, hablamos del saldo neto de comercio exterior, hoy deficitario, a lo que ese suma el peso de intereses de la deuda pública en dólares, etc. Todo esto suma hoy la friolera de 5 % del PBI, es decir USD 30 mil millones de dólares al año.

El gobierno de Cambiemos solventó esto con endeudamiento (las emisiones de deuda pública en dólares en dos años alcanzaron los USD 75 mil millones), y con la apelación a la entrada de capitales, que como señalamos más arriba no se quedó atrás.

Las fragilidades de la economía nacional se agravan por la liberalización total de capitales encarada por el gobierno de Macri cuando asumió, eliminando el cepo y los encajes que regían para los capitales que ingresaban al país hasta mediados de 2016. Además, por el endeudamiento del BCRA a través de las Lebac, que generó una vorágine cada vez más difícil de administrar, y en la cual también participaron inversores extranjeros, lo cual no hizo más que agravar una bola de nieve financiera que sólo la abundancia de capitales hizo parecer poco trascendente. Cada 35 días, se producen vencimientos de títulos a tasas que desde que preside la entidad Federico Sturzenegger fueron siempre superiores al 20% anual, con lo cual la cantidad de papeles a renovar es cada vez mayor. Si el BCRA no las renueva plenamente (lo cual significa emitir más, para absorber también lo que paga por intereses), quedan pesos en circulación que pueden volcarse a comprar dólares. Como la inflación no baja como prometía el gobierno, sino que se mantiene como resultado de medidas como los tarifazos, tampoco pudo el BCRA bajar las tasas que paga por colocar Lebac. Con los inversores mirando siempre la competencia dólar/tasas, el BCRA está obligado a alimentar la bicicleta financiera para no afectar todavía más la situación del tipo de cambio. Pero los costos lo hacen cada vez más difícil de sostener.

A pesar de que el gobierno se apuró a cerrar en los primeros meses las necesidades de financiamiento del año en dólares, bastó que empezara a ralear esta segunda fuente de divisas, para desnudar el talón de Aquiles del “modelo M”.

Buena parte de los analistas remontan la corrida a la pérdida de “credibilidad” del BCRA por el cambio de la meta de inflación anunciada el 28 de diciembre de 2017. Se trata de una falacia. Después del cambio de meta, y con las idas y vueltas de estos meses, se evidenciaron las dificultades que ya estaban latentes por la incapacidad de la economía local para asegurar la permanencia de los capitales de corto plazo en activos en pesos si no es asegurando tasas de interés exorbitantes. Ya desde el mes de marzo, el BCRA estuvo obligado a realizar intervenciones en el mercado cambiario, vendiendo dólares, para mantener estable su cotización alrededor de los 20 pesos.

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En las últimas dos semanas esta intervención no fue suficiente, a pesar de que el gobierno llegó a volcar la friolera de USD 1.200 millones diarios y sacrificó el 12% de sus reservas en pocos días (hoy el nivel de reservas que tiene el BCRA es el mismo del primer día del año). Por eso, el viernes la autoridad monetaria estuvo obligada a subir la tasa de referencia de la política monetaria a 40%, y a reducir las tenencias de activos en moneda extranjera permitidas a los bancos, de 30% a 10%. Además, Hacienda anunció el mismo viernes su compromiso a profundizar el ahorro fiscal, reduciendo la meta de déficit primario (antes del pago de deuda), de 3,2% a 2,7%.

Todo esto, ya había mostrado la falta de herramientas para hacer frente a una corrida: se trató de medidas verdaderamente extremas, que sin embargo solo permitieron para ganar una calma cambiaria por menos de dos días. Esto explica que Macri debiera anunciar ayer la iniciativa de negociar un crédito con el FMI.

¿Y ahora?

El acuerdo con el FMI, que podría llegar a USD 30 mil millones, es una de las últimas grandes cartas del gobierno para buscar aplacar la corrida cambiaria. Ayer el dólar se desinfló durante la jornada, pero al final de la misma estaba de vuelta en alza.

Aunque con el respaldo del FMI, sumado a los casi USD 30 mil millones de reservas netas de poder de fuego que podemos estimar que tiene el BCRA para intervenir en el mercado (descontando de sus USD 55 mil millones los swaps con otros bancos y otros rubros), el gobierno apuesta a mostrar que tiene respaldo para ganar la pulseada por el tipo de cambio, lo cierto es que está jugando con fuego. El organismo financiero internacional, sumado a la reaparición televisiva de Cavallo la semana pasada, son fantasmas que pueden empujar a los ahorristas a buscar poner sus depósitos a buen resguardo, alimentando nuevamente la desconfianza en los bancos, algo que hasta ahora no venía ocurriendo.

Como elemento moderador que limita el agravamiento mayor de lo que es hasta ahora una crisis eminentemente cambiaria, está el hecho de que el sistema financiero no se encuentra por ahora comprometido. Otro aspecto es que el Tesoro se apuró a cubrir buena parte de su necesidad de financiamiento en dólares a comienzos de año, y que eventualmente podría cubrir lo restante con aportes del FMI cuando prospere el acuerdo actual. Con el recorte fiscal anunciado, redujo los planes de endeudamiento, al precio de una menor actividad económica.

La devaluación de la moneda respecto del dólar, que es de 12% en el último mes, ya constituye una derrota para el gobierno, que buscó evitarla después de haber ajustado intencionalmente el tipo de cambio a comienzos de año, para llevarlo a 20 pesos. Esta pérdida de la pulseada cambiaria, sumada a la seguidilla de medidas aplicadas en los últimos días, podrían ser alicientes para una estabilización momentánea de la cotización en los niveles actuales.

Dicho esto, la falta de herramientas del gobierno y la voracidad de los que tienen mucho que ganar con un tipo de cambio más alto, aunque se trate de jugar con fuego, no permiten descartar que continué la corrida. El Financial Times recordó ayer que ni siquiera a Inglaterra le fue bien cuando pulseó contra el mercado (más puntualmente contra Soros) en 1992 para sostener la libra, y sugirió que la Argentina debería dejar que el mercado le imponga una nueva cotización más alta. El pequeño detalle es que cada punto porcentual de depreciación, se traduce en una inflación proporcionalmente más elevada.

Una fecha verdaderamente crítica será el próximo martes 15 de mayo, cuando el BCRA tendrá que renovar vencimientos de Lebac por $ 680 mil millones, es decir USD 30 mil millones a la cotización actual. Esto equivale a más de la mitad de las reservas totales que cuenta la entidad que preside Federico Sturzenegger.

Si renueva estos títulos a la tasa que hoy fijó en el mercado secundario de Lebac (40 %), se comprará un problema todavía más gigantesco para 35 días después. Esto es porque más del 60% de las letras que el gobierno emite vienen siendo al plazo más corto, que son 35 días; los inversores no toman plazos más largo porque en cada ocasión la clave es ver cómo quedan en la carrera tasa/dólar. Todo lo que pudiera quedar sin renovar (en algunas de las últimas emisiones llegó a 10% lo liberado) meterá más presión sobre el tipo de cambio. Pero seguir renovando estos volúmenes hace crecer el pasivo del BCRA hasta niveles insostenibles. Por eso, cada vez son más los analistas que hablan de un posible canje compulsivo de las Lebac por títulos de más largo plazo, como fue el plan Bonex. Más recuerdos intranquilizadores.

Todo esto convierte al 15M en un verdadero día D. Por como estamos hoy, con una corrida todavía a flor de piel, podemos decir que todo preanuncia que ese día podría haber nuevos saltos abruptos de la tasa, o un vuelco generalizado al dólar que redoble las presiones de estos días.

El costo que ya está asegurado, aún si logran en los próximos días contener una situación que hoy se sigue mostrando desmadrada, es una mayor inflación para este año, que será igual o mayor que la de 2017, y un frenazo de la actividad económica que responde a tres elementos que son resultado de esta corrida: 1) la mayor suba de precios que pega en el costo de vida mientras el gobierno sigue empujando por el 15 % para las paritarias; 2) las restricciones crediticias que imponen las siderales tasas actuales, y 3) el recorte de la obra pública que está incluido en la reducción del gasto anunciada el viernes de la semana pasada.

Con el FMI, como se sabe, el diablo está en los detalles. Por ahora, si tomamos como cierto lo dicho ayer por Dujovne (el mismo que dijo sin sonrojarse que no hay motivos para cambiar la meta de inflación), el acuerdo con el organismo iría con un aval de la meta fiscal ya presentada por el gobierno, y no incluiría la exigencia de un mayor recorte fiscal. Pero con el organismo financiero internacional esa es una posibilidad que nunca puede descartarse. Esto significa que, ahora con el empuje del FMI, y en un contexto más adverso que obliga al gobierno a mostrar más firmeza en la hoja de ruta de su “sinceramiento”, puedan venirse nuevos choques de fuerza ante intentos de ataques más duros del gobierno contra los trabajadores y el pueblo.

Rechazar el recurso al FMI y sus planes, con los que Macri apuesta a oxigenarse para continuar con su plan de vaciamiento nacional en beneficio del empresariado más concentrado, es una tarea de primer orden. Digamos no al FMI. Que la crisis la paguen los capitalistas.

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