Alicia Massarini 21.03.2015.
Entrevistamos a Alicia Massarini, Doctora en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires. Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET).
CIENCIA Y TECNOLOGÍA: Una mirada crítica
Entrevistamos a una de las autoras del libro Ciencia para todxs. Alicia Massarini es Doctora en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires. Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET). Profesora de la Maestría en Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Profesora de la Maestría en Enseñanza de las Ciencias en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
Al Dorso 21.03.2015.
Acerca de este libro
Este libro es una producción colectiva que se nutre y expresa los debates, reflexiones, elaboraciones, búsquedas y preguntas abiertas que surgen del recorrido que hemos compartido en nuestro grupo; de nuestros seminarios, lecturas, experiencias de aula, del diálogo con otras/os educadoras/es, de los talleres, las producciones e intervenciones en los foros de colegas con las/os que hemos transitado espacios de formación y actualización. Deseamos que se convierta en semilla, que vea la luz y crezca de maneras diferentes en cada contexto. Que dé lugar a frutos diferentes, originales y adaptados a cada entorno y que su vez se multipliquen. Que la trama de educadoras/es que se apropien de estas ideas las vayan expandiendo, recreando y enriqueciendo, en diálogo con colegas, con estudiantes, con las comunidades que nos sustentan y que requieren nuestro compromiso constante con una educación que atienda sus demandas y necesidades y contribuya a la construcción de un futuro mejor. Y en este marco, que la enseñanza de las Ciencias Naturales no se limite a la transmisión de conceptos y modelos de manera descontextualizada, de conocimientos que no son apropiables ya que no encuentran su sentido ni sus puntos de contacto con la realidad en la que nuestras/os estudiantes se encuentran inmersas/os.
Introducción
Vivimos en una sociedad en que la ciencia y la tecnología atraviesan todos los ámbitos de la vida cotidiana. Los modos de producir, las comunicaciones, la educación, las prácticas relacionadas con la salud y con la alimentación, se encuentran íntimamente vinculadas con el desarrollo científico-tecnológico que, crecientemente, se ha convertido en uno de los principales factores del cambio social. Al mismo tiempo, el acceso diferencial a este conocimiento es una fuente de desigualdades sociales al interior de cada país, a la vez que acrecienta el deterioro en la calidad de vida y la asimetría en la distribución de la riqueza entre países ricos y pobres, entre el llamado “centro” y la “periferia” (a la que se asigna nuestra región). Por todo ello, en contraste con la lógica avasallante de la llamada “globalización” en Latinoamérica, la definición autónoma y soberana de nuestras prioridades, temas y estilos en ciencia y tecnología –conforme al tipo de sociedades que deseamos construir y en la búsqueda de un buen vivir– constituye un desafío de primer orden. Desobedeciendo los mandatos que se presentan como “universales” y que no hacen más que profundizar nuestra dependencia, las desigualdades sociales y el saqueo de nuestros bienes comunes de la naturaleza, entendemos que debemos avanzar en definiciones propias acerca de cómo deseamos vincularnos socialmente y con el entorno natural, todo lo cual debe reflejarse en la construcción de políticas científicas, tecnológicas y educativas adecuadas al contexto nacional y regional.
Por otra parte, la magnitud y la ubicuidad de los riesgos actualmente asociados a la ciencia y la tecnología –que, del mismo modo que sus beneficios, se encuentran inequitativamente distribuidos–, plantean la necesidad política y ética de que el conjunto de la sociedad participe de la reflexión crítica sobre los problemas científico-tecnológicos, en los que la trama de intereses y actores involucrados adquiera transparencia, de modo que las decisiones relativas a este tipo de problemas no queden sólo en manos de expertas/os y tecnócratas.
En el ámbito académico, el creciente protagonismo de la ciencia y la tecnología, junto con la preocupación respecto a la necesidad política de ampliar el horizonte democrático en las sociedades contemporáneas a través de una mayor participación pública, han promovido en los últimos años el desarrollo de un nuevo espacio focalizado en los estudios sociales sobre la ciencia y la tecnología. En Estados Unidos y algunos países de Europa, estos estudios se desarrollan en el marco de un campo académico conocido como “Ciencia, Tecnología y Sociedad” (CTS), que en América Latina, presenta un desarrollo todavía incipiente. Si bien valoramos la contribución de estos estudios, consideramos sin embargo que a la hora de afrontar nuestros desafíos en el ámbito educativo no se trata de extrapolar concepciones que fueron acuñadas conforme a requerimientos y particularidades de las sociedades de los países europeos y de América del Norte. Por ello, si bien exploraremos aproximaciones críticas a las relaciones CTS actualmente vigentes en ámbitos investigativos de países europeos, en este libro prestaremos especial atención a la presentación de fundamentos, criterios y recursos para la construcción de un enfoque en la enseñanza de las Ciencias Naturales que incorpore las relaciones que se establecen entre la ciencia, la tecnología, la sociedad y el ambiente en nuestro particular contexto regional, ya que consideramos que afrontar el desafío de integrar social y culturalmente el conocimiento científico y tecnológico es una de las claves centrales para la reapropiación social de la ciencia y la tecnología.
Tecnociencia en la trama social: una propuesta para la enseñanza de las Ciencias Naturales en Latinoamérica
En general, el acceso al conocimiento es reconocido como un derecho que corresponde legítimamente a todas las personas. Sin embargo, algunos expertas/os, asumiendo un lugar de autoridad, ponen en duda la posibilidad de que las/os ciudadanas/os en general puedan apropiarse de conocimientos científico-tecnológicos y emplearlos de manera funcional, debido a su complejidad y especificidad. En la historia reciente y en la actualidad existen, sin embargo, numerosos contraejemplos encarnados en casos en los que organizaciones de la sociedad civil o movimientos sociales protagonizan la denuncia y el reclamo por los daños ambientales o en la salud provocados por desarrollos y productos de la tecnociencia. Tal es el caso de los daños generados por los fertilizantes químicos y pesticidas a partir de la Segunda Guerra Mundial, en particular, las consecuencias del uso indiscriminado de productos tales como el DDT. La batalla contra este producto perjudicial para la vida fue dada por científicas/os como Rachel Carson junto a grupos de ciudadanas/os sensibles y capaces de comprender y asumir sus argumentos, sin cuya participación la prohibición del DDT se hubiera retardado, produciendo efectos aún más devastadores. En este mismo sentido, un caso local cuyo desarrollo se encuentra actualmente en curso, es el de los resultados del Dr. Andrés Carrasco y colaboradoras/es, sobre los efectos del glifosato en la salud. Mientras la mayor parte de la comunidad científica permanece indiferente a este problema o incluso pone en duda su legitimidad, diversos sectores sociales tales como “Las Madres de Ituzaingó”, la Asociación de Abogados Ambientalistas o los médicos de hospitales que se desempeñan en las áreas más afectadas, contribuyen a hacer visible su magnitud, gravedad y urgencia. En el mismo sentido, se destaca la resistencia de comunidades locales frente a emprendimientos que traen aparejadas la destrucción del ambiente, del paisaje y de la salud de la población, tales como el emplazamiento de explotaciones mineras –como son los casos de Esquel y Famatina– o de la instalación de plantas de productos agrotóxicos –como es el caso de Monsanto en la localidad de Malvinas Argentinas, que se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad de Córdoba– (Seoane et. al, 2013).
Las problemáticas tecnocientíficas con consecuencias sanitarias y ambientales abarcan temáticas tan diversas como las energías alternativas, el cambio climático, los alimentos que provienen de organismos genéticamente modificados, la deforestación asociada al avance de la frontera agrícola, la toxicidad de los agroquímicos, la minería a cielo abierto, entre otras. Todos estos temas de principal importancia involucran debates en los que se expresan posiciones encontradas –tanto en relación con los fundamentos científicos basados en muchos casos en estudios inacabados o que invocan resultados contrapuestos–, como en argumentos de otro orden: ideológicos, políticos, sociales, éticos, estéticos, saberes no científicos, etc. En el mismo sentido, en muchos casos se ponen en tensión las cosmovisiones de diferentes culturas, el modo de vinculación de las comunidades humanas con el entorno natural, las cuestiones vinculadas a la problemática de género, de la discapacidad, de los aspectos generacionales, entre otros. Estas dimensiones, presentes en todos los problemas sociales complejos, resaltan la necesidad de la participación pública en la toma de decisiones, tanto en lo que hace a la definición de políticas como a la normativa y al monitoreo. Esto resulta más evidente si se tiene en cuenta que en estas decisiones no sólo están involucradas especificidades técnicas sino también, por sobre todo, las tensiones que resultan de los diversos intereses puestos en juego, que suelen ocultar la dimensión social y colectiva de los riesgos asociados.
En relación con este propósito, en nuestra concepción priorizamos la enseñanza de un saber situado, es decir la apropiación de aquellos conocimientos científicos y tecnológicos que resultan particularmente relevantes en el contexto de nuestras realidades regionales, en relación con problemáticas sociales complejas, incorporando las múltiples dimensiones que las atraviesan y en diálogo con diversos saberes. Ello no sólo significa un recorte particular de contenidos que los priorizaría, conforme a las necesidades que plantean estas problemáticas, sino también un cuestionamiento a la visión convencional del conocimiento científico.
En relación con ello, las imágenes dominantes de la ciencia –representadas tanto en los medios de comunicación masivos, como en la mayor parte de los libros de texto de nivel primario, secundario y universitario–, la muestran como una forma jerarquizada de conocimiento, que se ha desarrollado de manera lineal y creciente, avanzando desde la ignorancia hacia la verdad, como resultado de una serie acumulativa de descubrimientos. De acuerdo con esta visión, los cambios en la manera de explicar el mundo se deben al hallazgo de hechos que en épocas anteriores habían pasado inadvertidos. Las controversias, cuando aparecen, se presentan como transiciones que se resuelven con la incorporación de mayor cantidad de “evidencias”, aportadas generalmente por científicas/os individuales o grupos de frontera.
La ciencia se presenta así, como un cuerpo de conocimientos objetivos, universales y neutrales. Y las/os científicas/os como personas excepcionales y desinteresadas, que trabajan para descubrir “verdades objetivas” sobre la base de nuevas observaciones. Los cambios científicos y tecnológicos constituyen entonces un camino inexorable y progresivo que necesariamente se asocia al avance de la humanidad. Como resultado de esta mirada, las instituciones científicas, sus relaciones con el resto de la sociedad y los procesos de conformación del consenso científico resultan invisibles, la actividad científica se sacraliza, sus modelos se convierten en dogmas y sus productos tecnológicos más recientes se visualizan como panaceas universales. Su potencial destructivo, puesto de manifiesto en numerosos episodios bélicos y desastres ambientales, es explicado en términos del “uso inadecuado” de herramientas neutrales.
En contraste, con esta visión convencional, desde mediados de la década de 1960, distintas corrientes de pensamiento que analizan la actividad científica desde la epistemología, la historia y la sociología de la ciencia, coinciden en advertir que, del mismo modo que toda otra actividad humana, la ciencia es una construcción social y colectiva. Como tal, tiene sus reglas, su origen y desarrollo en ciertos contextos histórico-sociales, de modo que las/os científicas/os configuran, como cualquier otro grupo, una comunidad condicionada en sus prácticas por la sociedad. Sus instituciones, metodologías, producciones y representaciones reproducen y recrean las concepciones, prejuicios y valores de la cultura de la que forman parte. En ese sentido, resulta claro que la práctica científica deviene necesariamente en un instrumento de reproducción y legitimación de la cultura y los valores hegemónicos al servicio de ciertos grupos sociales, especialmente en esta etapa en que la frontera entre ciencia y tecnología es cada vez más difusa. Esta mirada de las cosas pone sobre el tapete un problema clave: la no neutralidad de la ciencia y la tecnología.
Contrastar estas dos posiciones no es trivial, dado que lo que está en juego es de gran importancia social, política, económica y ética, especialmente si nos situamos en la realidad de países pobres y dependientes como el nuestro. Mientras que la mirada hegemónica, –partiendo del supuesto de su carácter neutral e inherentemente progresivo de la tecnociencia– conduce al deslumbramiento y a la adopción acrítica de todo desarrollo científico-tecnológico legitimado en los “países centrales”, la postura alternativa reafirma la necesidad de analizar los valores, los propósitos y los impactos involucrados en cada caso para evaluar la conveniencia de promoverlos o rechazarlos en el contexto de nuestras necesidades, enfatizando la necesidad de tomar decisiones socialmente consensuadas. La misma dicotomía se plantea en cuanto a los temas y áreas de investigación, a los cambios en los contenidos y modalidades de enseñanza de las Ciencias Naturales en todos los niveles y los estilos divulgativos.
En ese sentido, el enfoque que proponemos en nuestra propuesta educativa cuestiona el lugar de autoridad que se asigna a la ciencia, y destaca que sólo una valoración equilibrada de los alcances, limitaciones e incertezas del discurso científico y una actitud crítica que permita transparentar los valores y los intereses involucrados, podrá favorecer la participación social en las decisiones acerca de temas que involucran a la ciencia y la tecnología, poniendo límites a una ideología tecnocrática que deja en manos de las/os expertas/os las decisiones sobre problemas que afectan a toda la sociedad.

