Alejandro Olmos Gaona
Del libro La Deuda Odiosa. El valor de una doctrina jurídica como instrumento de solución política. Ed. Continente, Bs. As 2005.
 

 

DOCTRINA DEUDA ODIOSA

Por Alejandro Olmos Gaona

Además de estas precisiones, tenemos los antecedentes de las doctrinas Calvo y Drago, recogidas y ampliadas por eminentes juristas como Feraud Giraud, que fuera miembro honorario del Instituto de Derecho Internacional y presidente honorario de la Corte de Casación de Francia, o el Dr. Pasquale Fiori, miembro titular del referido Instituto y eminente profesor de la Universidad de Nápoles, que en el siglo pasado nos legaron una doctrina que urge actualizar en beneficio de nuestros pueblos.

Para terminar con estos antecedentes doctrinarios, es fundamental referirse al Profesor Alexander Nahum Sacks que fuera ministro del Zar de Rusia y profesor de derecho en París, quien publicó dos trabajos fundamentales caracterizando a la deuda ilegítima como deuda odiosa, sosteniendo que una deuda odiosa es legítimo no pagarla. La obra de Sacks va al fondo de la cuestión de este tipo de compromisos internacionales. Decía: “Si un poder despótico contrae una deuda, no por las necesidades o el interés de su pueblo ni el Estado, sino para fortalecer su régimen despótico, para reprimir a la población que lo combate, esta deuda es odiosa e ilegítima para la población de todo el Estado”. Sostenía Sacks que ese tipo de deudas no era obligatoria para la Nación, era una deuda del régimen que la contrajo, una deuda personal de ese poder. Agregaba que “la razón por la cual estas deudas ilegítimas no pueden ser consideradas una carga sobre el territorio del Estado, es que no cumplen con una de las condiciones que determinan la ilegitimidad de la deuda de un Estado, a saber: que la deuda de un Estado y los fondos que de ella provienen deben ser utilizados para las necesidades e intereses del Estado. Las deudas odiosas, contraídas y utilizadas para fines que a sabiendas de los acreedores son contrarias al interés de la Nación, no comprometen a esta última, excepto en la medida en que ha obtenido beneficios de esa deuda. Los acreedores han cometido un acto hostil en relación con el pueblo y no pueden, por lo tanto, pretender que una Nación liberada de ese poder despótico asuma las deudas odiosas, las cuales son deudas personales de aquel poder”. Sacks, había recogido anteriores análisis de importantes estudiosos como Gastón Jezé y Francesco Nitti y pudo así establecer una caracterización precisa, que años después aplicaría el Dr. William Taft que había sido presidente de los Estados Unidos, cuando fue designado árbitro en el litigio que enfrentó al The Royal Bank of Canada con Costa Rica.

También desde el Derecho Internacional se efectuaron aportes significativos en los últimos tiempos, para encontrar soluciones que permitan encuadrar el problema en una perspectiva distinta. Se han producido singulares aportes para el mejor conocimiento de los aspectos legales del endeudamiento desde las exhaustivas investigaciones del Dr. Pierangelo Catalano, distinguido jurista de la Universidad de Roma que, recogiendo antecedentes académicos y parlamentarios sobre esta cuestión, ha efectuado una severa condena al aspecto usurario e infamante de la deuda, basado en esa maquinación fraudulenta de los acreedores que ya condenaba el Derecho Romano, y especialmente el Código de Justiniano, y que por supuesto condena la doctrina católica, hasta los trabajos del Profesor Sandro Schipani, también de la Universidad de Roma, quien ha planteado con singular rigorismo la necesidad de manejar otro encuadramiento de la deuda, debiéndose considerar la responsabilidad de los intervinientes, el dolo y la licitud de los contratos. Schipani ha planteado que en Europa se ha vuelto a orientar el derecho hacia los fundamentos de una ética sustancial, superando la ética formal, propia de otro siglo.

Finalmente cabe consignar la opinión sustentada por el Dr. Miguel Ángel Espeche Gil, que sostuviera en 1989 la necesidad de pedir una opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia sobre la licitud de la modificación unilateral de las tasas de interés. Es decir que existen suficientes antecedentes jurídicos y doctrinarios para fundamentar un planteo distinto al que se ha realizado hasta ahora. Y quiero dejar presente que los planteos jurídicos a que hiciera referencia –excepto la tesis del Prof. Sacks– se refieren a deudas que no presentan las características de la nuestra, que se encuentra viciada de nulidad desde su origen.

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