El Estado, la Economía y el Gobierno

Martín Schorr 16.06.2012.
Fueron Algunos de los temas que analizó Martín Schorr en Al Dorso. Un balance de la discusiones y olvidos que genera su nuevo libro «Concentración y Extranjerización (del capital en la Argentina)» (…)

 

El Estado, la Economía y el Gobierno

Al Dorso (16.06.2012)

 

Perfil de la cúpula empresaria: el creciente peso de las firmas extranjeras

Por Martín Schorr y Pablo Manzanelli

Una vez abordados los indicadores globales de extranjerización de la economía argentina y la forma de inserción del capital transnacional en las actividades nodales del aparato productivo (sea por el aprovechamiento de las ventajas comparativas estáticas o de privilegio), resulta interesante analizar los rasgos generales que asumió este proceso en una dimensión complementaria: el universo de grandes firmas. Ello brinda, entre otras, la posibilidad de indagar en dos planos sumamente relevantes: a) el nivel de concentración en el conjunto de la economía nacional tanto de la elite empresaria como de las diversas fracciones del capital que la conforman, y b) la presencia de las compañías extranjeras entre quienes detentan el predominio económico en la Argentina, a partir de su participación en las 500 compañías de mayor envergadura del país.

Respecto al primero de esos planos analíticos, los datos aportados por el Gráfico Nº 2 expresan el considerable aumento que experimentó el grado de concentración de las 500 firmas más grandes en el agregado nacional entre el régimen de convertibilidad y el que le sucedió tras la implosión del mismo en 2002 (ello, cualquiera sea la variable que se tome en cuenta: valor bruto de producción, valor agregado bruto y exportaciones).

Se trata de la información proporcionada por la Encuesta Nacional a Grandes Empresas (ENGE) que elabora el INDEC con periodicidad anual. En cuanto al origen del capital de las firmas del panel, la ENGE delimita tres categorías: aquellas controladas por capitales foráneos (que aquí se denominan empresas extranjeras); aquellas en las que la participación transnacional en el capital social es superior al 10% y menor o igual al 50% (asociaciones); y aquellas controladas por capitalistas locales (empresas nacionales, que pueden incluir hasta un 10% de participación extranjera en el “paquete” accionario).

En efecto, la gravitación media de la elite empresaria en la producción pasó del 21,2% al 32,1% entre los períodos 1993-2001 y 2002-2008, mientras que en el caso del valor agregado la presencia de las grandes firmas aumentó casi el 60%, para cristalizarse en la posconvertibilidad en el 24,2% del total del país. Una mención especial merece el tema de las ventas externas, aspecto insoslayable para el abordaje del actual régimen de acumulación, más aún si se considera que las corporaciones exportadoras que integran la elite empresaria explicaron, en promedio, el 73,3% de las exportaciones en la posconvertibilidad (7,7 puntos porcentuales más que en el período 1993-2001). Así, no sólo se trata de un acotado número de grandes compañías que asumen un papel protagónico en la generación de riquezas sino que, en ese escenario, son los actores centrales y decisivos en cuanto a obtención de divisas, fenómeno para nada desdeñable si se atiende al rol que le ha correspondido al superávit comercial en la construcción de los senderos macroeconómicos en la posconvertibilidad. En realidad, el poder económico que se asocia al alto y creciente grado de concentración que exhiben estas compañías en el plano agregado se ve potenciado, a su vez, por su presencia determinante, también creciente, en cuanto a la generación de divisas, lo que reforzó su ya de por sí considerable capacidad de veto sobre el funcionamiento del aparato estatal, en especial en lo referido a la formulación de políticas públicas.

Teniendo como parámetros temporales comparativos al régimen convertible y a la posconvertibilidad, las evidencias indican que la presencia de las empresas nacionales y las asociaciones en la economía nacional se redujo en todas las variables bajo análisis, mientras que las compañías extranjeras detentaron una mayor gravitación agregada, a punto tal de alcanzar guarismos que denotan el elevado y creciente predominio económico que experimenta este segmento del capital concentrado interno en la posconvertibilidad. En términos más específicos, la participación de las corporaciones extranjeras que componen la elite en el valor bruto de producción nacional aumentó en 12,3 puntos porcentuales entre los períodos 1993-2001 y 2002-2008, incremento que fue de 10,3 puntos porcentuales de considerar el valor agregado bruto. A raíz de ello, la presencia de las firmas extranjeras líderes en la posconvertibilidad alcanzó, respectivamente, el 24,2% y 19,2% de la producción y el producto bruto nacionales.

En lo concerniente al comercio exterior se verifica un comportamiento similar: la incidencia de las ventas externas de las firmas extranjeras en las totales del país pasó de un promedio del 41,7% en la etapa 1993-2001 a otro del 57,0% en 2002-2008. Es decir, en línea con los análisis previos, al elevado grado de concentración en las exportaciones de la cúpula empresaria, con sus implicancias en términos del poder de coacción que le otorga ser importantes generadores de divisas, debe adicionarse la participación por demás elevada y creciente en las mismas de un número acotado de oligopolios extranjeros.

Con el propósito de interpretar estos resultados, resulta pertinente indagar en algunos puntos de inflexión que asumió la movilidad interna de la elite al cabo del período estudiado. En este sentido, el permite visualizar una primera oleada de desnacionalización del panel de las 500 grandes empresas durante el trienio 1993-1995. En esta etapa puede advertirse que las compañías foráneas pasaron de 161 a 186 firmas, lo que en términos de su participación en el valor de producción de la cúpula significó un aumento de 11,4 puntos porcentuales, al pasar de representar el 33,8% al 45,2%. Ello, en el marco de una caída en el peso relativo de las compañías nacionales y las asociaciones.

Este proceso de extranjerización no estuvo disociado de la privatización de empresas públicas y de sus distintas fases (Azpiazu, 2003). Ahora bien, el proceso de extranjerización se acelera a partir de 1995 asociado, fundamentalmente, a la dinámica que adquirió la compra-venta de firmas dentro del propio capital privado, en donde las transferencias de acciones de las empresas privatizadas tuvieron un papel destacado, pero no excluyente. Si bien las ventas de activos fijos fueron múltiples y de distinto origen/destino, por los resultados es indiscutible que los compradores fueron mayoritariamente extranjeros y los vendedores, principalmente de origen nacional. De allí que entre 1995 y 2001 se incorporaron al panel 84 empresas transnacionales y que la presencia de los inversores foráneos en el valor de producción de la elite alcanzó al 69,0% en el último año de vigencia del régimen de conversión fija (supone un incremento de casi 24 puntos porcentuales respecto de su participación en 1995).

Las evidencias presentadas permiten concluir que en el crítico 2002 se incrementó fuertemente la presencia extranjera en el interior del panel de las 500 corporaciones de mayores dimensiones del país: en apenas un año se incorporaron 23 firmas y su gravitación en el valor bruto de producción total creció alrededor de 6 puntos porcentuales, para ubicarse en el 75,1%. En los años subsiguientes ese umbral de participación transnacional en el interior de la elite se mantiene con escasas variaciones, tanto en cantidad de firmas como de su peso relativo en la producción, cristalizándose, en consecuencia, un grado de extranjerización sumamente elevado de la cúspide del poder económico y, por ende, de la economía argentina en su conjunto.

En esta etapa se registró una serie de “cambios de mano” a favor del capital extranjero (con una participación activa de inversores brasileros) en varias compañías en cuya propiedad participaban accionistas locales y que, por su generalizada condición de oligopolios en un mercado interno reactivado y/o por su inserción exportadora a favor del “dólar alto” y de la demanda mundial de commoditiescontaban –y cuentan– con amplias potencialidades de crecimiento. Tales son los casos, entre otros, de Acindar, Alpargatas, Cervecería Quilmes, Loma Negra, Moflino Hermanos, Oleaginosa Moreno, Oleaginosa Oeste, PBB Polisur, Pecom Energía, Peñaflor, Quickfood, Swift Armour y Trigaglia. Por otro lado, cabe destacar que, ante el considerable nivel de extranjerización prevaleciente en muchos sectores de la actividad económica local, se verificó otro proceso relevante: la transferencia de empresas y tenencias accionarias entre capitales extranjeros, particularmente en sectores que han devenido claves en el actual proceso económico, tales como las actividades mineras (Minera Alumbrera, Minera Aguilar, Agua Rica, Cerro Vanguardia, etc.) y petroleras (Oxy-Vintage, Apache-Pioneer, Apache-PAF, etc.).

En definitiva, bajo el esquema de acumulación que se ha venido configurando tras la implosión de la convertibilidad, se han afianzado las tendencias hacia una fuerte extranjerización del núcleo duro del poder económico doméstico y, en consecuencia, del conjunto de la economía argentina iniciadas durante el decenio de 1990. Naturalmente, el correlato de esta situación es una ostensible pérdida de “decisión nacional” en lo que atañe a la definición de ciertas temáticas relevantes para el devenir económico, político y social del país.

El secreto estadístico impide observar ejemplificaciones que se deriven de la ENGE; sin embargo, otras fuentes de información permiten advertir algunas de estas operaciones. Al respecto, se pueden consultar la base de datos de las 200 empresas de mayor facturación del país del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO y el relevamiento de anuncios de inversión realizado por el Centro de Estudios para la Producción dependiente del Ministerio de Industria.

De acuerdo a los datos aportados por el Cuadro Nº 3, entre 2002 y 2005 las asociaciones incrementaron levemente su participación dentro del panel, al tiempo que se verificó un retroceso de las compañías nacionales. Sobre esto último, las evidencias disponibles indican que ello se dio en el marco de una creciente incidencia dentro de este estrato de un puñado de compañías controladas por conglomerados económicos con una sólida presencia exportadora estructurada fundamentalmente alrededor de la explotación y el procesamiento de recursos naturales: Aceitera General Deheza, Aluar, Arcor, Ledesma, Molinos Río de la Plata, Siderar y Siderca, entre las principales. Por su parte, en el período 2005-2008 las asociaciones cedieron terreno en el interior de la cúpula y las empresas nacionales lo recuperaron ligeramente, procesos relacionados con lo sucedido en el ámbito de algunos servicios públicos y ciertas transferencias accionarias en algunas firmas relevantes (como, en este último caso, la absorción de Química Estrella por parte de Molinos Río de la Plata).

1