Bolivia, litio y golpe de Estado

Entrevista AL DORSO | Bruno Fornillo 29.11.2019. Las reservas de litio que existen tanto en Chile, como en Argentina y en Bolivia comprenden un valor importante para el paradigma energético en los próximos años. Su utilización principal está destinada a la movilidad de dispositivos eléctricos y el reservorio y estabilización de la energía eléctrica. Junto con Bruno Fornillo -Historiador y Doctor en Ciencias Sociales y Geopolítica- analizamos la influencia en el Golpe de Estado en Bolivia que representa ser uno de los países con la mayor reserva de litio en el mundo (…)

 

Bolivia, litio y golpe de Estado

Entrevista AL DORSO | Bruno Fornillo 29.11.2019.

Las reservas de litio que existen tanto en Chile, como en Argentina y en Bolivia comprenden un valor importante para el paradigma energético en los próximos años. Su utilización principal está destinada a la movilidad de dispositivos eléctricos y el reservorio y estabilización de la energía eléctrica. Junto con Bruno Fornillo -Historiador y Doctor en Ciencias Sociales y Geopolítica- analizamos la influencia en el Golpe de Estado en Bolivia que representa ser uno de los países con la mayor reserva de litio en el mundo. 

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“Efectivamente las potencias dominantes precisan de ese recurso y hay una reserva litífera que es la más grande del mundo, que es importante para ellos y poder controlar esas reservas” explica Bruno Fornillo, pero agrega: “hay una sobredimensión del litio, no es lo mismo que el petróleo. El valor del litio es crecer en la cadena de valor”. A través de la empresa Yacimientos Litíferos Bolivianos -perteneciente al Estado- se controla la explotación del litio y se establecen vínculos en la cadena alta de valor con países como China y Alemania. 

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La dificultad se presentó ante la extracción y por no contar con la estructura tecnológica para su explotación, estructura que sí pueden brindar los países con los que se cierra esa cadena de valor. Esta situación dio lugar a uno de los primeros conflictos que tienen influencia en el golpe de Estado: “El Comité Cívico de Potosí todo el tiempo estuvo bombardeando el control del litio por parte del Estado central. Una estrategia tremendamente ignorante y particularista de que las regalías tenían que quedar para la región. Ellos apoyaron el golpe cuando lo que va a venir ahora va a ser mucho peor para la región”

Por otra parte, y luego de contar con un gran apoyo popular a partir del 2008, se empezaron a generar diferencias con la figura de Evo Morales por parte de los movimientos indigenistas por diferentes causas. Por empezar, Bruno Fornillo marca una de las principales: “el impulso de presentarse nuevamente a elecciones cuando había hecho un referéndum en el que más del 50 por ciento no creía que eso tenía que ser así”. Para entender la influencia del movimiento popular indigenista, aclara: “las bases indigenistas, los sindicatos campesinos, las organizaciones indigenistas son el poder real”.

Es por esto que no puede reducirse la situación del Golpe de Estado en Bolivia solamente al rol que puede llegar a cumplir el litio. Bruno Fornillo marca una multiplicidad de factores que se combinaron para que hubiese un declive. En primer lugar, “causas internas dentro del Masismo. Un desgaste de la figura de Evo en relación a su intento de permanecer en la cúpula del Poder Ejecutivo”. Además agrega: “el desgaste de la ligazón del MAS con las organizaciones sociales, y sobre eso se montó el accionar de la derecha más fascista y anti indianista que estaba soterrada pero que salió a la luz. Y Estados Unidos vinculándose al sector militar”.

Una posible reconstrucción que Bruno Fornillo ensaya al pensar cómo seguir ante esta situación tiene que ver con: “reconstituirse el MAS, eventualmente que gane las elecciones aunque es una posibilidad muy difícil. Que se generen nuevos liderazgos pero a su vez, sobre todo, que se recree la vitalidad de la política plebeya que existe en Bolivia” y agrega: “casi todo lo que sucede es por ella, por la causa de su gran fuerza”

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Nota Adjunta 

Bolivia: la importancia de la política menor

Bruno Fornillo (14/11/2019)


El golpe desbarrancó la ilusión de Evo Morales de iniciar un cuarto mandato. La anterior solidez ético-ideológica del MAS se desgastó a causa de los sucesivos intentos de habilitar la reelección y de su vínculo relativo con las organizaciones sociales. Sin embargo, son estos movimientos (campesinos, indígenas, obreros, vecinales) quienes hoy tienen la llave para activar la resistencia.

Lo que existe hoy en Bolivia es un golpe de Estado articulado por el núcleo conservador de la élite regional, soportado por un tipo específico de movilización social urbana y respaldado y ultimado por la fuerza policial-militar. La eficacia y la rapidez con la que se ha consumado el traspaso de poder habilita conjeturar sobre planificación local y aval exterior, pero eso es siempre así. Allí donde el peso mediático-judicial no logra torsionar el juego democrático retorna la militarización de la política, y marca el tono de hasta dónde están dispuestos a avanzar para zanjar la balanza de una renovada guerra civil subcontinental, en la que Brasil vuelve a ser el gendarme privilegiado. Se trata, a su vez, del lugar que ocupará la región, en un muy complejo tablero de estrategias propias y subordinaciones exógenas, ante un escenario de más escala atravesado por la tensión entre el Asia en ascenso y el mundo atlántico declinante.

Hay, también, un desmoronamiento propio. Sergio Almaraz Paz, uno de los más destacados intelectuales bolivianos del siglo pasado, escribió que el golpe del ’64 en Bolivia se realizó sobre lo que quedaba de la revolución del ’52. Ella había encumbrado al Movimiento Nacionalista Revolucionario gracias a que los mineros derrotaron militarmente al ejército oficial, se nacionalizaron entonces las minas y se aplicó la reforma agraria, pero con el paso del tiempo fue menguando el empuje inicial. La concesión de intereses a una burguesía tremendamente débil, el rearme del ejército y Estados Unidos volviendo a ocupar un lugar destacado -que, como dato no menor, era casi el único comprador de estaño, casi único producto del país- terminaron por socavar la movilización de masas. Transcurridos 12 años ya no hubo fuerza social dispuesta a resistir el avance de la asonada militar. Una diferencia de peso con aquel momento histórico es la performance económica que puede presentar el evismo, que indudablemente posee guarismos intachables en casi todos los rubros (lo cual, también y sobre todo, llama a tomar nota una vez más de los límites de la asociación entre crecimiento económico, bienestar material y participación política). Si el tiempo del nacionalismo-popular se agotó en el ’64, el tiempo de un modo de concebir lo nacional-popular parece haberse agotado ahora, pero no por la vía de la economía.

Es indiscutible que en 2008 la rebelión de la «media luna» contra Evo Morales tuvo un calibre tan amplio como la actual protesta de la reacción, con tómas y control completo de las regiones del «oriente boliviano» e intentos decididos de propiciar el caos y la guerra civil; y además la injerencia norteamericana era explícita (habían enviado al antiguo embajador de la balcánica zona de Kosovo). Sin embargo, ese mismo embajador -Philip Goldberg- fue expulsado del país y la CONALCAM -dirección conjunta de las organizaciones sociales-, tuvo una capacidad de respuesta inigualable: sitió Santa Cruz, derrotó a la élite tarijeña, se militarizó Pando, y el triunfo fue rotundo. Tras ello, la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia vio luz y el MAS hizo casi todo bien a la hora de reproducir su dominio: tuvo un peso mayor en el poder judicial, mas injerencia mediática, e incluyó de manera subordinada a las élites departamentales díscolas, en una suerte de hegemonía consumada. Hizo lo que otros gobiernos de la región, por la causa que fuera, no hicieron. Su contracara fue convertir a la gestión estatal en un bastión y limar los proyectos más radicales -por caso, menguar fuerte el avance de la reforma agraria sobre las tierra cruceñas-, ciertamente disruptivos, que formaban parte de la genética del movimiento societal.

Es cierto que todas las hegemonías envejecen. El masismo, amarrado a una cultura originaria y a la visión de la política como servicio al pueblo, había visto como nadie el caudal de capital político y simbólico que representaba sostener y ejercer una línea ética sostenida en la gestión de gobierno (paradójicamente, había percibido que no se trataba solo de economía, y que la mayoría de la población gusta reconocer valores más nobles, como el esfuerzo y la honradez de quien comanda). La fisura que generó no atender lo suficiente a la pérdida de un referéndum que preguntaba por la posibilidad de una nueva reelección del binomio presidencial, y la esperable indicación de irregularidades en el conteo electoral último, dieron paso a una caudalosa protesta que no haría más que crecer, azuzada por las élites relegadas y por las clase medias urbanas que habían perdido sus signos de distinción, necesarios al carecer de otros. Detonó entonces una avanzada revanchista que tuvo a Camacho como figura refulgente de una extraña mezcla de machismo, cristianismo, regionalismo, anticomunismo, y halló un terreno limpio para avanzar escoltado por blindados. Que la derecha sea repudiable e impresentable, como es usual, no nos quita señalar que el evismo trastabilló al interior de su fuente madre de poder y concepto horizonte clave de la política local, porque la importancia de la democracia representativa es una línea decisiva que subtiende el hoy con la rebelión campesina de 1979 cuando ella «se incorporó al acervo político o a la acumulación hegemónica de las masas».

Sin embargo, fue el predominio del MAS en la gestión estatal y la desconexión parcial con organizaciones sociales de peso, navegando entre la dispersión, la tutela y el accionar de cúpula, lo que nos puede hacer comprender por qué la Confederación Campesina, los indígenas del Oriente Boliviano, la CONAMAQ aymara, y la Central Obrera Boliviana no tuvieron los reflejos como para dimensionar lo que estaba en juego en tan solo un par de días, casi horas. En los hechos, si bien lo que venía era y es incierto, más bien nefasto, lo anterior no despertó poner el cuerpo para defenderlo, básicamente porque ya no se concebía automáticamente como propio. Este punto es central. La respuesta, ciertamente heroica, de la ciudad de el Alto y de los ponchos rojos aymaras de las comunidades paceñas, que descendieron al grito de «ahora sí, guerra civil» son el atisbo de resistencia de última hora. Desde Tupak Katari que en la hoyada paceña se espera que los aymaras desciendan desde el norte y eso seguirá siendo así, porque ya no es posible quemar la bandera aymara. Se intuía una masacre, y la policía no tardó en pedir auxilio a los mandos militares, y eso porque Bolivia -y también Ecuador-, son países donde es posible pulsear con el ejército palmo a palmo si hay un bloque popular sólido. Esta vez no se amalgamó, pero tiene vida propia.

Ciertamente, además de las miradas que hoy con razón pero con no menos insistencia enfocan en la figura de Evo Morales, no debemos olvidar que ella misma es fruto de un ciclo político que cumplió cerca de 20 años: despunta en el año 2000 con la «guerra del agua», alumbró la exigencia de nacionalización del gas y asamblea constituyente en la «guerra del gas» y fue la causa directa de que Evo estuviera en el Palacio Quemado. Significó, también, un cambio en la composición de poder elitario de Bolivia y, fundamentalmente, una transformación radical de la cultura política acerca de quienes tienen derecho a participar y dirigir los destinos del país. Una ruptura que muy difícilmente tenga vuelta atrás. Son perspectivas que acercan confianza, porque no hay dudas que los movimientos sociales campesinos, indígenas, obreros y vecinales poseen una capacidad de organización y de veto político que hoy por hoy permanece latente, y que si bien pueden verse llamados por los beneficios que pueda ofrendar el gobierno de turno, ya no van a rendirse a uno que no sea ideológica y políticamente afín, y menos si no respeta sus intereses. No es una consigna acerca de la esperanza que debemos depositar en la vida política popular, es simplemente la evidencia de que la historia de Bolivia está signada por la protesta de una sociedad civil densa y organizada, la cual no se desestructuró en los últimos años sino que experimentó lo que significa mandar en el país.

El golpe fue duro, y es verdad que sus consecuencias parecen perdurables, pese a que persista un vacío de poder que no será fácil de llenar con un porcentaje altísimo de la población que votó al evismo, y todo indica que quien venga va a tratar de hacer pie en el mar. La importancia de las calles, del subsuelo político, aunque parezca menor, es la novedad protagonista de las movilizaciones que actualmente sostienen la sinuosa guerra civil sudamericana. Más allá de la figura del golpe, de la traición, del águila del norte, de los errores estratégicos, parecería necesario pensar el vínculo entre las organizaciones de base y el gobierno, la apuesta por la democracia intensa, la importancia de la sociedad civil movilizada: ella fue el impulso del cambio, sigue firme en Bolivia y también será quien se anteponga a la dictadura cruenta que asoma del otro lado.

– Bruno Fornillo, es Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en Geopolítica por la Universidad de París 8. Es investigador del Consejo Nacional de Investigacio­nes Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. Integra el Instituto de Estudios sobre América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y la cátedra de Historia de Amé­rica Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad.

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Elementos para comprender el Golpe en Bolivia

Entrevista AL DORSO | Alejandro Schneider 22.11.2019.  Licenciado y Profesor en Historia por la Universidad de Buenos Aires- realiza un análisis de las situaciones que atravesaba Bolivia previo a esta sucesión de hechos. Un punteo de los elementos y circunstancias determinantes del proceso que desembocó en el golpe de Estado en Bolivia (…)

 

Elementos para comprender el Golpe en Bolivia

Entrevista AL DORSO | Alejandro Schneider 22.11.2019

El Estado Plurinacional de Bolivia está atravesando hace ya algunas semanas un golpe de Estado perpetrado por las Fuerzas de Seguridad y sectores de la oposición que dieron lugar a episodios violentos, racistas y fascistas. Con Jeanine Añez proclamada presidenta interina -con un Congreso prácticamente diezmado- las calles de La Paz, El Alto y otras provincias del país boliviano se colmaron de hombres y mujeres que manifiestan el descontento ante esta situación. 

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Alejandro Schneider -Licenciado y Profesor en Historia por la Universidad de Buenos Aires- realiza un análisis de las situaciones que atravesaba Bolivia previo a esta sucesión de hechos. Por empezar, Alejandro Schneider aclara que: “Es un golpe de Estado. Evidentemente lo que se veía ese domingo de 10 de noviembre es que Evo Morales no podía contar con ningún aparato de sostén de su propia coalición y con la acción de las Fuerzas Armadas hace que sea evidentemente un golpe de Estado”

Al analizar las causas, Alejandro Schneider señala varias dimensiones importantes que dan lugar a los hechos. “Las causas son una combinación: deterioro de la imagen de Evo Morales y sectores no aceptaban la reelección  le quitaron su apoyo. Otros problema central es que Bolivia es un país centralmente minero dedicado a los hidrocarburos y hay una disputa en cuanto a los beneficios que eso puede traer” explica Alejandro Schneider. El cuadro de situación se completa a partir de que: “Si bien Evo Morales garantizó ganancias y distribución de la riqueza a la burguesía boliviana, habría que señalar que durante estos dos últimos años, la rentabilidad empieza a decrecer y las tensiones de clases comienzan a emerger. Por otro lado, hay fuertes intereses de sectores internos y externos para avanzar en distintas zonas de explotación minera y de hidrocarburos”

Compartimos el análisis completo de Alejandro Schneider en la siguiente nota de La Izquierda Diario.

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Algunos elementos para comprender el golpe de Estado en Bolivia

Un punteo de los elementos y circunstancias determinantes del proceso que desembocó en el golpe de Estado en Bolivia

Alejandro Schneider Historiador (UNLP-UBA) | Izquierda Diario 13/11/2019

En primer término, se debe observar que lo acontecido el pasado domingo 10 de noviembre fue un golpe de Estado. El levantamiento policial, desde comienzos del presente mes, junto con el pedido del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Williams Kaliman para que renuncie Evo Morales corroboran en los hechos que estamos frente a un golpe de Estado.

Más aún, el mismo no sólo fue ejecutado por las fuerzas castrenses, sino que también tuvo un amplio y extendido respaldo de amplios sectores de la población. En otras palabras, fue un golpe que contó con una importante colaboración de antiguos aliados sociales y corporativos que integraron y apoyaron las distintas presidencias del Movimiento al Socialismo (MAS).

En otro plano, también fue evidente la activa participación de empresarios (nacionales y foráneos), distintos grupos políticos, comités cívicos, medios de comunicación, jerarcas eclesiásticos (católicos y evangelistas), etc. Tampoco fue menor la presencia activa de diversos sectores que responden a la diplomacia estadounidense en la región, entre otros, el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Segundo, habría que interrogarse sobre las causas del golpe. Si bien se puede pensar que no existe una causa determinante entre las motivaciones para llevar adelante la interrupción institucional creemos que convergieron una serie de factores. Sin querer plantear un orden de importancia, observamos la convergencia de tres elementos centrales.

1) Existen, por diversas circunstancias, que son complicadas en explicar en este breve repaso, un fuerte rechazo de amplios sectores de la población, en particular en grandes centros urbanos, a la reelección presidencial. Prácticamente durante toda la tercera gestión, el gobierno se dedicó a instalar en su agenda la “necesidad” de un cuarto mandato presidencial.

En esa coyuntura, los acontecimientos claves fueron la derrota del referéndum del 21 de febrero de 2016 que, a pesar del resultado negativo para Evo, el Tribunal Constitucional dejó en suspenso un artículo de la Constitución para que el binomio se vuelva a postular, apelando al derecho humano a ser reelegido y el fallo posterior del Tribunal Supremo Electoral (TSE) que habilitó a la candidatura de Morales y Álvaro García Linera.

En ese contexto se deben observar las diversas protestas que se inician tras la interrupción del escrutinio provisorio por parte del TSE cuando de manera previa se había informado que el Presidente había ganado por escaso margen, obligando a que se convoque a una segunda vuelta entre los dos principales contendientes. Ahora bien, el panorama empeoró tras 24 horas de haber estado detenido el escrutinio, el TSE informó sobre el triunfo del binomio oficial sin necesidad de recurrir a una nueva disputa electoral.

2) Para amplios sectores de la clase dominante existe una fuerte convicción de que Morales ya no puede garantizar la rentabilidad y los beneficios capitalistas como lo venía haciendo hasta entonces. Durante trece años, en términos globales, los gobiernos del líder cocalero se caracterizaron por continuar con el sistema primario exportador que identificó al territorio desde la llegada de los españoles.

La base económica permaneció atada a una lógica extractivista nutrida por los altos precios mundiales de algunas materias primas que vende al mercado mundial.

De ese modo, se ha ido consolidando una economía capitalista dependiente, subdesarrollada, apoyada en el saqueo de los recursos naturales y la sobrexplotación de la fuerza de trabajo, donde el endeudamiento externo constituyó una pieza clave del engranaje de su funcionamiento. En ese sentido, bajo sus gobiernos, se incrementaron los compromisos financieros con el exterior, sobre todo, con sectores agroexportadores de Santa Cruz vinculados con Brasil y luego, desde el 2011 se reforzaron los vínculos comerciales con China.

Junto con esto se desarrolló una relativa nacionalización de los hidrocarburos, la cual le permitió una notable recaudación impositiva que se empleó centralmente en disponer de una política de ampliación del consumo doméstico y de mayor gasto estatal. En particular, se transformó una parte de la renta proveniente de las exportaciones en diferentes ayudas sociales como el bono escolar “Juancito Pinto” y la “Renta Dignidad” para los ancianos, los cuales, entre otras cuestiones permitió una mejora sustancial en el nivel de vida de amplios sectores de la población.

De ese modo, corrigió en forma significativa los altos niveles de pobreza que existían en forma previa.

Si bien durante las presidencias de Morales hubo una relativa estabilidad económica a pesar de los vaivenes de los precios de los comodities, en los últimos años comenzaron a despertarse una serie de alarmas por parte de distintos sectores de la burguesía al producirse un conjunto de cambios en el comercio mundial y al incrementarse notablemente el endeudamiento externo. Esto condujo a que se empiece a pensar en un recambio en el modelo económico con cierta distribución del ingreso: comenzó a avizorarse la necesidad de aplicar ciertas medidas de austeridad retrotrayendo la política de “excesivo gasto fiscal”.

Asimismo, el nuevo e inestable panorama mundial le exigió al gobierno avanzar en el camino del extractivismo tanto en las áreas que se explotaban como en nuevas zonas a desarrollar por parte de los grandes grupos económicos.

Partiendo de estos elementos, en nuestra opinión, el golpe de Estado tuvo también motivaciones materiales generadas por la avidez tanto de capitales internos y foráneos en profundizar el modelo primario exportador; para eso era esencial doblegar y disciplinar a los diversos movimientos sociales que se oponían a estos cambios. Como parte de ese proceso, la clase dominante aspiraba a un gobierno fuerte que no ceda frente a los reclamos de los diferentes sectores subalternos, algunos de ellos, base histórica del MAS.

Por ende, se requería de un presidente que no retroceda frente a las necesidades del capital como había sucedido con las movilizaciones que frenaron el “gasolinazo” en diciembre de 2010 o bien, cuando tuvo que replegarse a fines de 2011, ante la VIII Marcha Indígena en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) que detuvo la construcción de la carretera San Ignacio de Moxos (Beni)-Villa Tunari (Cochabamba).

De esa manera, desde el último trimestre, Morales tuvo serias dificultades a la hora de aumentar la expoliación de esos territorios, sobre todo, en los departamentos de Santa Cruz y en Potosí. En el primer caso, los problemas se agudizaron con la X marcha indígena de los pueblos orientales en defensa de la Chiquitania, la cual exigió al Gobierno que declare desastre nacional al devastador incendio ocurrido en esos meses junto con la abrogación de las normas legales que permitían la tala de los bosques.

Cabe indicar que, como consecuencia de la voracidad de los incendios en la zona, se quemaron más de dos millones de hectáreas de superficie boscosa y no boscosa, afectando a la fauna y flora local. Este hecho condujo a que se sospeche sobre la intencionalidad de los incendios como producto de la ley 741 y del decreto supremo 3.973 que autorizaba los desmontes y quemas en los departamentos de Beni y Santa Cruz.

De acuerdo con una investigación del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) el aérea en cuestión presenta un enorme interés para las empresas mineras transnacionales interesadas en la explotación de oro, tantalita, granito y piedras preciosas como la amatista, bolivianita y cuarzo. Junto con ello, la deforestación provocada por la quema facilitaba una expansión de la frontera agropecuaria con cultivos de soja para la producción de biocombustibles y de carne para la exportación.

De ahí que los sectores mineros y agroganaderos comenzaron a preocuparse por la posibilidad de abrogación del decreto supremo firmado por Morales en el pasado mes de julio; en ese sentido, comenzaron a observar una seria debilidad de un gobierno que era fuertemente criticado tanto por las demandas de sectores originarios que se movilizaban en protesta por la tala indiscriminada como por diversos reclamos locales e internacionales ante el desastre de los incendios.

Así, para algunos sectores de la clase dominante local, se hacía necesario un gobierno que se imponga más firme frente a esas quejas que obstaculizaban el desarrollo “modernizador” del país.

La segunda circunstancia, en términos similares, en Potosí, los problemas con el Gobierno se remontaron desde los inicios de su segundo mandato cuando el departamento comenzó a cuestionar el escaso apoyo material que recibía por parte del gobierno del MAS a pesar de ser una de las regiones que contribuía con innumerables riquezas a las arcas nacionales, sobre todo, con la explotación del rico salar de Uyuni.

Sin embargo, el malestar en este año se incrementó a partir del Decreto Supremo (DS) 3738, de diciembre de 2018, por lo que se habilitó la industrialización del litio a partir de la creación de la empresa mixta de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) junto con la alemana ACI Systems, transnacional que controlaba el 49 % del proceso manufacturero. Esta demanda llevó a que desde los primeros días de octubre el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) convocase a un paro cívico indefinido, a lo que posteriormente se le sumaron numerosas movilizaciones de diferentes sectores sociales, muchos de ellos, antiguas bases políticas del MAS.

Si bien el presidente Morales terminó abrogando el decreto en discordia, la situación de inestabilidad permaneció, además demostró que el Gobierno podía desconocer un acuerdo con una de las principales firmas internacionales en la explotación del litio tras las movilizaciones, cuestión que generó un violento fastidio en diversos sectores de la burguesía.

En ambos casos, parece evidente que las clases dominantes comenzaron a no confiar en el MAS como el gobierno que en los últimos diez años le permitió generar enormes ganancias. Observaron una fuerte debilidad para controlar a sus antiguas bases sociales. No fue casual que en esos lugares nacieran las principales manifestaciones de rechazo al resultado electoral del 20 de octubre a través de sus Comités Cívicos.

A nuestro entender queda claro que los grandes capitales necesitan de un presidente más fuerte para que controle a los diversas comunidades originarias y organizaciones sociales que se encuentran en permanente disputa por la explotación de los recursos naturales. En ese sentido, el imperialismo y los capitales trasnacionales precisan gobiernos sólidos, y Morales, en estos meses comenzó a demostrar numerosos indicios de debilidad y de falta de credibilidad, en gran parte, provocado por su intento reeleccionista.

En resumen, en ambos departamentos (Santa Cruz y Potosí) el mandatario venía siendo cuestionado por amplios sectores sociales por problemas locales, el desempeño del TSE y la declaración del Poder Ejecutivo nacional de adjudicarse el triunfo comicial sin la obligación de recurrir a una segunda vuelta electoral potenció la protesta que se venía desarrollando en las semanas previas.

Además, producto de esa misma situación de inestabilidad, las principales corporaciones empresarias le empezaron a cuestionar su capacidad de mando, algo que no había sucedido desde las pugnas interdepartamentales al calor de los debates de la Asamblea Constituyente en 2008.

3) Otro factor que explica el golpe de Estado es la profunda discriminación étnica que aún persiste en amplios sectores de la sociedad. Aunque claramente se expresa en un abierto rechazo contra los originarios y campesinos de los departamentos del occidente, esta también se halla presente en otros lugares del territorio. En cierta forma, y no sin contradicciones que ahora no nos detendremos en explicar, Evo junto con varios de sus principales correligionarios indígenas junto con algunas de las medidas adoptadas bajo sus presidencias, concentraron en su figura y en su gestión un profundo odio.

Algunos de los cambios impulsados por el Gobierno, tanto en el plano de las conquistas de varios derechos para los pueblos indígenas hasta la promulgación de una Constitución Plurinacional junto con la adopción de ciertos símbolos y valores originarios, generó un cierto encono por parte de ciertos grupos que nunca terminaron de aceptar esas transformaciones y vieron en estas últimas semanas la oportunidad de impugnar las mismas.

Las acciones vandálicas que se produjeron antes, durante y luego del golpe son producto de esta arraigada xenofobia en amplios sectores de la población.

En tercer término, en el escenario antes descripto emerge la figura de Luis (el macho) Camacho como el personaje articulador de una oposición golpista. Este empresario, investigado en su momento por su participación en firmas que escondieron y evadieron dinero a través de compañías offshore vinculadas a la trama de los Panamá Papers, se convirtió desde abril pasado en la autoridad máxima del Comité Cívico Pro Santa Cruz, encabezando explícitamente desde el pasado mes de julio el rechazo a la reelección de Morales.

Aunque no se presentó en las elecciones de octubre, la figura de Camacho pasó a ser descollante al desconocer el resultado del sufragio, solicitando en primera instancia la convocatoria a una segunda vuelta y, posteriormente, a partir del 2 de noviembre, instigando a la renuncia del binomio presidencial, a través de un masivo paro en el departamento oriental. Más aún, con el correr de los días, su postura adoptó un enérgico liderazgo nutrido de una fuerte arenga clerical y autoritaria.

En esta coyuntura, Camacho logró articular un bloque heterogéneo de derecha convocando a un amplio arco opositor, desde las iglesias católica y evangelistas hasta las principales centrales económicas como la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, la Cámara de Industria y Comercio cruceña, la Cámara Agropecuaria del Oriente, entre otras entidades patronales, que avalaron esas posturas reaccionarias.

Por otro lado, al calor de su crecimiento y del endurecimiento de su discurso antiderecho desplazó y criticó sin disimulo al candidato de Comunidad Ciudadana (CC), Carlos Mesa, exvicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, por su “tibieza” frente a las autoridades nacionales.

En ese sentido, no es menor tratar de comprender que la figura de Camacho crece en el mismo momento en que el Gobierno se encuentra inmerso en una profunda debilidad, provocada por tres circunstancias paralelas en las dos últimas jornadas de octubre. Por un lado, Morales tuvo que aceptar que la OEA efectúe una auditoría a los comicios llevados a cabo el 20 de octubre. En segundo lugar, uno de los principales grupos que en su momento sostuvo al MAS, los cooperativistas mineros en Potosí exigieron la renuncia del mandatario indígena, hecho inédito hasta entonces. Finalmente, a raíz del crecimiento de la protesta en ese departamento del occidente, Evo decidió abrogar el Decreto Supremo (DS) 3.738.

Toda una serie de acontecimientos, en menos de 48 horas, que marcaron la creciente debilidad y legitimidad del Gobierno: sobre esos hechos, el 2 de noviembre comenzó a levantar la consigna de renuncia del presidente.

En cuarto lugar, una de las principales cuestiones que salieron a la luz fue que los antiguos movimientos sociales que en su momento apoyaron a Morales, sobre todo, al calor de los debates de la Asamblea Constituyente y la ofensiva de los departamentos orientales en 2008, en estos últimos tiempos dejaron de sostenerlo.

En los hechos, desde mediados de su segunda presidencia, Evo fue perdiendo su base social y política, más aún, algunos se convirtieron en opositores a su mandato. Comenzó a ser evidente que la mística generada alrededor del otrora líder cocalero no era la misma. Esto en parte explica por qué no solo no se movilizaron a favor de él cuando comenzaron las manifestaciones en su contra, sino que se plegaron y marcharon (algunos por sus propias demandas) con el arco opositor.

De este modo, los exaliados como indígenas del oriente, productores de coca paceños, cooperativistas de Potosí, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), fabriles de Cochabamba, entre otros grupos, solicitaron primero el pedido de desconocer el resultado electoral y luego, varios de ellos, exigieron la renuncia del mandatario.

Si bien no es un tema para desarrollar en este breve punteo, corresponde posteriormente que se reflexione hasta dónde el MAS fue un gobierno que representó a los movimientos sociales. En el mismo sentido, en estrecha relación con lo anterior, hasta donde Morales y García Linera se convirtieron en un serio obstáculo imposibilitando una renovación y un recambio en la dirigencia no solo dentro de su partido sino también en el seno del Gobierno y de los movimientos sociales que, cada vez más, adoptaron la estructura de aparatos anquilosados, no pocos de ellos ligados con pegasa a la administración estatal.

En otras palabras, lo que se ha registrado en los últimos años es una clara pérdida de independencia de esas organizaciones a la par que se producía una explícita cooptación por parte del Estado.

Por último, y también dejando también para otra ocasión, la izquierda debería analizar seriamente hasta dónde el proyecto del MAS fue una administración de corte radical y socialista. En ese plano, antes que nada, habría que sincerarse y dejar de seguir sosteniendo que éste, junto con otros gobiernos que emergieron en los albores del siglo XXI, tuvieron los mismos objetivos que los padres fundadores del marxismo.

En esa necesaria reflexión no sólo habría que detenerse en el proyecto de modernización capitalista que desarrolló bajo un modelo extractivista dependiente, en acuerdo con los capitales transnacionales agro y mineros exportadores junto con las multinacionales vinculadas a la comercialización de hidrocarburos, sino que también habría que pensar qué modelo de Fuerzas Armadas tuvo en mente, que ni bien tuvieron la oportunidad no dudaron en derrocar a su mandatario.

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CHILE DESPERTÓ

Entrevista AL DORSO | Fabiola Gutiérrez González 24.102.2019. Tras el anuncio en la suba del boleto de subte, la ciudadanía chilena abrió paso a jornadas de protestas que se convirtieron en las más grandes del país luego de una larga historia de implementación de políticas neoliberales. Bajo la consigna “no son 30 pesos, son 30 años”, se vieron en las principales ciudades, manifestaciones autoconvocadas y pacíficas de vecinos y vecinas pidiendo un cambio de rumbo (…)

 

CHILE DESPERTÓ

Entrevista AL DORSO | Fabiola Gutiérrez González 24.102.2019.

Tras el anuncio en la suba del boleto de subte, la ciudadanía chilena abrió paso a jornadas de protestas que se convirtieron en las más grandes del país luego de una larga historia de implementación de políticas neoliberales. Bajo la consigna “no son 30 pesos, son 30 años”, se vieron en las principales ciudades, manifestaciones autoconvocadas y pacíficas de vecinos y vecinas pidiendo un cambio de rumbo.

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“Muchos dicen que no lo vieron venir, muchos chilenos y chilenas estábamos criticando la situación” comenta Fabiola Gutiérrez González, periodista chilena e integrante del Consejo Editorial de Mujeres en el Medio y encargada de Comunicaciones de Corporación Humanas del Colegio de Periodistas. “La ciudadanía tiene un malestar que tiene que ver con la crisis política y social en Chile” agrega.

La respuesta del presidente Sebastián Piñera fue la militarización de las calles, declarar el toque de queda y el estado de emergencia en todo el territorio nacional. Esto dio lugar a una gran represión por parte de las fuerzas de seguridad chilenas, en su accionar se denuncian en medios alternativos y vía redes sociales violaciones a los derechos humanos. “Sabemos que las niñas la están pasando mal, las mujeres la están pasando mal, incluso las amenazan con violarlas. Se habla además de posibles centros de tortura en Chile” explica Fabiola Gutiérrez.

Aún son muy pocos los datos oficiales en donde se informe la cantidad de personas detenidas, heridas o fallecidas. “Las únicas estadísticas que tenemos oficiales son del Instituto Nacional de Derechos Humanos, pero sabemos que hay una cifra oculta, no tenemos información” aclara Fabiola Gutierrez, y agrega: “Tenemos una ciudadanía que ha empatizado en un 80 por ciento en lo que está pasando, según informan medios alternativos”.

En cuanto al rol de los medios hegemónicos, Fabiola Gutiérrez expresa: “Hay que tener ojo con lo que están haciendo los medios hegemónicos al atemorizar a la ciudadanía” al comentar que alientan a la población a quedarse en sus casas con información que genera miedos y amenazas. “Esto nace como una manifestación espontánea y ha seguido así. Hay organización territorial, de vecinos y organizaciones más de base. No tenemos una conducción, no está la oposición aquí conduciendo el movimiento” aclara a partir de caracterizar el movimiento ciudadano en las calles.

El pueblo chileno expresa claramente que las manifestaciones son en respuesta a años de políticas neoliberales en el territorio. Para garantizar los medios de vida básicos de cualquier persona, la única vía posible es el endeudamiento de las economías domésticas. “Los servicios están privatizados en Chile. Los gobiernos anteriores no han sabido leer el problema de fondo” comenta Fabiola Gutiérrez.

Las condiciones que exige el movimiento autoconvocado para poder avanzar a un freno en el conflicto es desmilitarizar las calles y una remoción en la conformación del gabinete por parte de Sebastián Piñera. “Si no hay esos cambios mínimos no podemos avanzar en el pacto social que se busca” concluye Fabiola Gutiérrez.

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Ecuador y la insurrección indígena

Entrevista AL DORSO | Maristella Svampa 18.10.2019. El presidente del Ecuador, Lenin Moreno, intentó poner en vigencia a partir del mes de octubre  el decreto 883 en el que se establecía el incremento del precio de la gasolina y el diesel (entre otros combustibles) por una quita de subsidios. En diálogo con Maristella Svampa, analizamos los reclamos del pueblo ecuatoriano y las políticas que llevaron a esta situación al este país (…)

 

Ecuador y la insurrección indígena

Entrevista AL DORSO | Maristella Svampa 18.10.2019.

El presidente del Ecuador, Lenin Moreno, intentó poner en vigencia a partir del mes de octubre  el decreto 883 en el que se establecía el incremento del precio de la gasolina y el diesel (entre otros combustibles) por una quita de subsidios. En diálogo con Maristella Svampa, analizamos los reclamos del pueblo ecuatoriano y las políticas que llevaron a esta situación al este país.

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“El decreto 883 tiene dos elementos: uno es la quita del subsidio a la nafta y el otro es el anuncio que se va a ir en serio con la reforma laboral, eso es lo que da lugar a la terrible revuelta que duró 9 días” explica Maristella Svampa. En cuanto a la participación y protagonismo de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador en los reclamos, agrega:”No es novedoso porque los sectores indígenas han tenido históricamente un gran peso, tiene un rol central en las luchas indígenas de América Latina”.

La economía del Ecuador -a partir de su descubrimiento tardío en la década del ‘70- gira en torno al petróleo. En el último tramo del gobierno de Rafael Correa, cuando comienza la crisis económica a partir de la caída del precio de las commodities, el ex presidente establece un tratado con el Mercosur, con China y también con el Fondo Monetario Internacional. 

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“En el marco del ciclo progresista, Ecuador ha tenido un rol fundamental con la nueva Constitución, con los derechos de la naturaleza, con el rol de los pueblos originarios” explica Maristella Svampa, y agrega: “Rafaél Correa no solo avanzó con la explotación del petróleo sino que avanzó también con la megaminería y el Ecuador no es un país con tradición extractiva. Lo que hizo fue ingresar a la megaminería no solo con capitales canadienses, sino también con capitales chinos”. Al aclarar que la CONAIE luego de estas decisiones abrió su seguimiento a Correa, Maristella Svampa agrega: “han hecho denuncias de violaciones a derechos laborales y derechos humanos, cosa que trajo mucho conflicto con los sectores indígenas”.

Cuando Lenin Moreno asume como aquel que continuaría las políticas de Rafael Correa, presenta algunos giros en su gestión. “Al poco tiempo de asumir Lenin Moreno establece otras alianzas políticas, se desprende de Alianza País, el partido político que crea Rafaél Correa, se queda sin bases partidarias y hace alianzas con sectores de derecha” explica Maristella Svampa, y agrega: “Ministerios ocupados -entre ellos el de Economía con representantes de derecha-. Se abre un período de alianza con la derecha y de apertura de la sociedad civil, pero duró muy poco tiempo»

Al analizar las posibles salidas a estas políticas llevadas adelante desde el correísmo, Maristella Svampa aclara: “No hay salidas propuestas, en este momento hay una derecha que está cada vez más fortalecida. Alianza País está muy debilitado y Correa no puede presentarse a las próximas elecciones. El país se está tornando mucho más a la derecha y lo que hizo Moreno es generar esta transición”.

 

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La última carta que se juega Maduro

Modesto Emilio Guerrero 27.05.2017.
«La constituyente es la última jugada política de Maduro para salvar al régimen bolivariano», así lo afirmó el escritor y biógrafo de Hugo Chávez, Modesto Emilio Guerrero en AL DORSO. Analiza el complejo escenario político que atraviesa el Gobierno de Maduro, la guerra civil y la propuesta de la Asamblea Constituyente (…) 

 

«La constituyente es la última carta que se juega Maduro»

Entrevista AL DORSO (23.05.2017)

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«La constituyente es la última jugada política de Maduro para salvar al régimen bolivariano», así lo afirmó el escritor y biógrafo de Hugo Chávez, Modesto Emilio Guerrero en AL DORSO. Analiza el complejo escenario político que atraviesa el Gobierno de Maduro, la guerra civil y la propuesta de la Asamblea Constituyente. El intelectual venezolano no duda en apoyar la propuesta del Gobierno Bolivariano, a pesar de sus agudas críticas a la conducción de Maduro.

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Fidel

Al Dorso 26.11.2016.
Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad. Y en eso sus enemigos tienen razón. Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el «Granma», ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo. Y en eso sus enemigos tienen razón (…) 

 

Fidel

Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el «Granma», ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a seiscientos treinta y siete atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.

Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo.

Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.

Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.

Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.

 

 

 

 

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Jack

Al Dorso 08.10.2016.
Jack no es un tipo común. Pocos lo conocen en persona, aunque tiene su trascendencia en los medios de comunicación. Su apodo se lo ganó por su meticulosidad en lo que hace. Cada vez que escucha vibrar en los labios sus letras, siente que se lo reconoce. 

 

Jack

Al Dorso (08.10.2016)

Jack no es un tipo común. Pocos lo conocen en persona, aunque tiene su trascendencia en los medios de comunicación. Su apodo se lo ganó por su meticulosidad en lo que hace. Cada vez que escucha vibrar en los labios sus letras, siente que se lo reconoce.

Como todas las noches salió de su casa. Poco sabía el destino final y el objetivo a encontrar. Pero se sentía confiado. Jack presumía de su inteligencia y astucia. Y si con excepcionalidad su ego entraba en conflicto, las publicaciones diarias de reconocimiento  a sus métodos borraban todo vestigio de duda.

En la mano derecha llevaba la caja con los instrumentos necesarios. Aunque poco pesaba, los pasos de Jack eran cansinos. En cada rozamiento de rodillas, una mueca. Pensaba, dibujaba en su mente como superarse.

Caminó hasta una zona poco poblada de la ciudad. Se detuvo unos instantes para mirar en todas las direcciones. Y, al verla, todo su cuerpo se acomodó en su dirección. Los sentidos llevaban su nombre desconocido. Esperó unos instantes y emprendió su búsqueda. Su método era no ser visto, atacar por la espalda y sorpresivamente. Degollar, estrangular y manipular el cuerpo. Fue con resultado perfecto. La acomodó en el suelo. Abrió su caja de herramientas. Se colocó una especie de guantes. Y tomó la tijera. Poco tiempo le insumió dejarla desnuda. Concentrado en los movimientos que hacía con el bisturí, siguiendo con su mirada cada uno de los pasos de un baile entre los órganos, inició un proceso de vaciamiento. Era admirable con que detalle y dedicación era retirado cada uno de los órganos. Los miraba como las 7 maravillas del mundo. Los olía. Los tocaba. Escuchaba hasta el límite de lo posible. Y los abandonaba en una bolsa de su propiedad.

Terminado el trabajo, se retiraba sin dejar rastros.

 

 

 

 

Unas de las tantas noches su disciplina se trastocó. Al mirar el cuerpo semi vacío y las partes en la bolsa; se preguntó en la posibilidad de reconfigurar el cuerpo. Reconstruirlo sin dejar marcas. Se lo propuso, lo pensó unos minutos y emprendió la empresa. Dado que el tiempo de trabajo era extenso, trasladó el objeto para manipularlo en un depósito. En dos días y medio la labor estaba finalizada. Se sentía exhausto. Los ojos le lloraban, las manos le temblaban, la boca estaba empastada de tanta sequedad. Pero estaba feliz.  Nadie había logrado tamaña cirugía.

Su adrenalítica alegría lo motivó a presentarse como voluntario en la morgue. Al tiempo, sus avances en la reconstrucción de los cuerpos y el conocimiento en detalle de las suturas entre los órganos, le permitieron ganar prestigio internacional. Institutos del mundo lo reclamaban.

Claro que su trabajo científico no fue en desmedro, ni alteró sus salidas nocturnas. Es más, potenciaban los estudios formales.

Cinco años fueron suficientes para ser candidato. La prensa lo aplaudía, el negocio lo alentaba, la sociedad lo endiosaba, sus colegas lo respetaban. Cuando la presidente emitió su nombre ni se inmutó. Había ganado el premio de máximo prestigio de la ciencia. Era Nobel de medicina. Pero él se mantuvo inerte. Pensativo. Una sólo inquietud lo invadía,  el premio le arrebataba sus salidas nocturnas.

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¿Golpe de Estado en Brasil?

Al Dorso 02.04.2016.
Entrevista al economista Nildo Ouriques, profesor de la Universidad federal de Santa Catarina (Brasil) sobre la delicada situación institucional de Dilma Roussef. ¿Existe un golpe de Estado en Brasil? ¿Qué sectores de la burguesía respalda al Gobierno y quiénes intentan derrocarlo?

 

 

¿Golpe de Estado en Brasil?

Entrevista al economista Nildo Ouriques, profesor de la Universidad federal de Santa Catarina (Brasil) sobre la delicada situación institucional de Dilma Roussef. ¿Existe un golpe de Estado en Brasil? ¿Qué sectores de la burguesía respalda al Gobierno y quiénes intentan derrocarlo?

Entrevista radial 02.04.2016

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