Esteban Mercatante 09.05.2015.
La economía argentina conoció desde 2003 uno de los períodos de crecimiento económico a tasas elevadas más duradero de los que haya registro en su historia. Esto tuvo lugar después de haber atravesado desde 1998 una depresión, también sin precedentes, que produjo una devastadora emergencia social y culminó en 2001 con el colapso de la convertibilidad.
Economía Argentina en su laberinto
Por Esteban Mercatante (09.05.2015)
La economía argentina conoció desde 2003 uno de los períodos de crecimiento económico a tasas elevadas más duradero de los que haya registro en su historia. Esto tuvo lugar después de haber atravesado desde 1998 una depresión, también sin precedentes, que produjo una devastadora emergencia social y culminó en 2001 con el colapso de la convertibilidad. El crecimiento se prolongaría hasta 2011, interrumpido durante 2008 y 2009 por el impacto de la crisis internacional que desató el hundimiento de la burbuja inmobiliaria norteamericana.
Desde entonces la economía oscila entre el débil crecimiento y el estancamiento. El inicio de la recuperación económica posconvertibilidad coincide en el tiempo con la asunción de Néstor Kirchner como nuevo presidente, después del mandato provisional de el estallido económico, político y social de diciembre de 2001 es un punto de referencia ineludible para comprender el período de gobiernos kirchneristas, y no solamente porque la magnitud del hundimiento previo y la reestructuración salvaje que produjo la salida de la convertibilidad fueron determinantes para el crecimiento posterior. El rechazo a las políticas antiobreras y antipopulares con las que la clase capitalista quería descargar la crisis sobre las espaldas del pueblo trabajador–que se venía manifestando de forma creciente en las acciones de protesta de trabajadores ocupados y desocupados, y en las puebladas que recorrieron todo el país– culminó con la caída de De la Rúa como resultado de movilizaciones de masas.Este hecho signó la economía y la política del período posterior. De forma paradojal, la resistencia obrera y popular que actuó como freno para las políticas de ajuste y austeridad en los marcos de la convertibilidad, terminó jugando a favor de que la disputa entre sectores burgueses se saldara con un ajuste devaluatorio.Al mismo tiempo se produjo un cambio en la relación de fuerzas entre las clases. Cuando asumió Néstor Kirchner en mayo de 2003, el régimen político continuaba desprestigiado; reverberaba el “que se vayan todos” que cientos de miles habían voceado en las calles un año y medio antes.
En estas circunstancias, Kirchner apostó desde el primermomento de su mandato a recomponer la hegemonía presentando sus políticas con un signo distinto. Pretendió en sus gestos distanciarse de la orientación privatista, aperturista y liberalizadora que había sido iniciada durante el Proceso de Reorganización Nacional, continuada y profundizada durante los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa. Desde su discurso inaugural, el 25 de mayo de
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1Eduardo Duhalde asumió en enero de 2002 con mandato de la Asamblea Legislativa. Inicialmente su mandato iba a prolongarse hasta diciembre de 2003, cuando concluía el período por el que había sido electo De la Rúa. Sin embargo, después de la masacre de Avellaneda, en la que fueron asesinados por la policía los militantes piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, Duhalde se vio forzado a adelantar las elecciones, desistiendo de cualquier intento de candidatearse para continuar en el cargo.
2003, anunció que el suyo no sería un gobierno de las “corporaciones, lo que no impidió que tuvieran formidables negocios durante los años kirchneristas, en muchos casos con ayuda estatal. Otro rasgo distintivo deeste período sería el intento de mostrar una posición soberana, marcando el contraste de esta postura con el entreguismo de los mandatarios que lo precedieron. Tomando distancia de la política celebratoria de lo privado y la riqueza individual,estarían en el centro del discurso oficial la “redistribución” progresiva del ingreso y la acción pública para poner límites al mercado.
Entre lo dicho y lo hecho durante estos doce años media una gran distancia. La política de los gobiernos kirchneristasestuvo lejos delaorientación disruptiva que se le otorga desde la intelectualidad afín al oficialismo. El propio objetivo de base fue profundamente conservador, la reconciliación de los vastos sectores obreros y populares con el régimen que cuestionaban en las calles:la restauración que llevó a cabo el kirchnerismo fue ante todo la del poder de la burguesía. Que en algunos momentos haya aplicado medidas puntuales criticadas por importantes exponentes de la clase dominanteno debe velar este contenido que animó la política oficial.
El contrapunto con el pasado neoliberal y sus nostálgicos sería durante los tres mandatos kirchneristas un recurso político central para legitimarse, apuntando contra la oposición política patronal, buscando acomodarla siempre a su derecha. Toda crítica por izquierda también aparecería presentada como funcional a esta oposición de derecha, un recurso que con el tiempo y el agotamiento del ciclo político se fue gastando.
Lo que ocurrió en la Argentina durante los comienzos de milenio estuvo en sintonía con tendencias que recorrían América Latina. Desde la segunda mitad de los años noventa había ido in crescendo la resistencia obrera y popular contra las políticas de sesgo neoliberal.
Levantamientos y puebladas habían llegado incluso a ponerles freno momentáneo, y habían empujado la crisis de algunos de los regímenes políticos más comprometidos con las mismas.
La llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, en 1999, marcaría el inicio de un recambio hacia gobiernos que podríamos definir como “posneoliberales”, que se extendería por Argentina, Brasil, Ecuador, Uruguay, Bolivia y otros países de la región. Este nuevo ciclo políticoiniciado con el cambio desiglo se vería favorecido por dos circunstancias claves, que marcan un agudo contraste con las décadas previas. La primera, el inicio en 2003 de lo que ha sido definido como un superciclo para las commodities –granos, minerales, combustibles– que benefició a buena parte de las economías definidas desde los organismos financieros internacionales como “emergentes”. La segunda, la concentración del imperialismo norteamericano en Medio Oriente después de los atentados del 11-S de 2001, que distrajeron en cierta medida su atención de los asuntos de la región. Los ensayos de distanciamiento del manual neoliberal, bajo el impulso del descontento popular con estas políticas, fueron facilitados por estas circunstancias. Losgobiernos autodefinidos como “progresistas” o “populares” apostaron por ciertas medidas de redistribución y ampliación de derechos, pero siempre en los marcos establecidos por el régimen político existente.En los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde la crisis era más aguda, hubo cambios más profundos en el régimen político, aunque sosteniendo las mismas bases económicas dependientes. En los últimos años, también, un cierto cambio en la situación internacional y la acumulación de dificultades vinculadas a las contradicciones características de estas economías dependientes junto a los ordenamientos económicos que impusieron estos gobiernos, muestra a buena parte de la región compartiendo algunos síntomas de agotamiento, aunque los ritmos son dispares.
La economía posconvertibilidad registró uno de los períodos de alto crecimiento más prolongados de la historia reciente argentina. Sin embargo, desde 2012 viene mostrando un desempeño muy distinto, oscilando entre el estancamiento y la caída. Es de notar que este desenvolvimiento empezó a ocurrir cuando todavía no se observaba el cambio en las condiciones internacionales favorables, que empezó a palparserecién desde fines de 2013, e incluso se producemientras otras economías de la región siguieron mostrando índices de crecimiento no desdeñables.
Desde usinas ideológicas impulsoras de la mayor apertura económica y liberalización, la explicación de este deterioro está en las medidas aplicadas por el gobierno que habrían conducido a otra década perdida desperdiciando inmejorables condiciones internacionales.
Podemos leer estas opiniones con mayor claridad en laseditoriales ycolumnas de opinión de La nación; pensemos sino en Orlando Ferreres o José Luis Espert, economistas rabiosamente neoliberales que escriben habitualmente en el diario de los herederos de Bartolomé Mitre.
Según esta lectura,el kirchnerismo habría establecido un gobierno “populista”, malogrando las mejores condiciones para el capitalismo argentino en muchísimo tiempo, creando un Estado desproporcionado, concentrado en priorizar la distribución en vez de la producción2. El daño a la producción agraria por impuestos que para esta línea de pensamiento llegan a niveles confiscatorios, sería uno de los grandes ejemplos de esta mirada. La inflación crónica, la explosión del déficit fiscal, la vuelta de las dificultades en la disponibilidad de dólares que empujaron al cepo y el estancamiento de la economía en los últimos años, serían algunos de los peores resultados. Pero no solo desde estas posiciones recalcitrantes recibe críticas el kirchnerismo. También las encontramosentrequienes integraron o apoyaron en algún momento de la década al gobierno. Roberto Lavagna, que desde 2002 hasta 2005 condujo el Ministerio de Economía y desde entonces se ubica en la oposición, opinaba tiempo atrás que “en términos de bienestar, hay una década perdida” 3. En un libro de reciente aparición, los economistas Roberto Frenkel y Mario Damill –entusiastas durante los primeros años del “modelo”– sostienen que en la etapa posdevaluación “Argentina perdió una oportunidad extraordinaria de colocar la economía del país en un sendero sostenible de crecimiento No se puede perder lo que no se tuvo. Abrazada tanto por el oficialismo como por la oposición, la idea de que la Argentina estaba ante una oportunidad histórica única fue un espejismo, cuya base fue un ciclo internacional excepcionalmente favorable que se está agotando. Durante los años de prosperidad el kirchnerismo alimentó la idea de que estaba realizando transformaciones estructurales y, a la vez, de que su política era una de mayor autonomía respecto de los dictados de las potencias imperialistas.En realidad, estaba aprovechando los mayores márgenes de maniobra que daba la situación favorable sin impulsar cambios en las condiciones fundamentales de atraso y dependencia. La reemergencia de las dificultades para la economía nacional en un plano crítico como es la disponibilidad de dólares a partir de 2012, remite de forma directa a la continuidad de los rasgos de atraso y dependencia que según el kirchnerismo iban camino a superarse. El regreso de la “restricción externa”, es decir, la traba para el crecimiento que surge de la escasez de dólares, es un tópico muy tratado por investigadores afines al oficialismo. Sin embargo, una coincidencia de estos análisis es escamotear la manera en que el gobierno kirchnerista creó las base para el retorno de la misma. Su rol en perpetuar la condición semicolonial5 es algo que a lo sumo se admite de
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2Estas ideas podemos encontrarlas en el libro Los platos rotos, de Francisco Olivera y Diego Cabot, no por casualidad periodistas ambos de La nación.
3 RobertoLavagna, exposición en el XV Encuentro Anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), 3/7/2013.
4 Mario Damill y Roberto Frenkel, “La economía bajo los Kirchner: una historia de dos lustros”,en Carlos Gervasoni y Enrique Peruzzotti (editores), ¿Década ganada?, Buenos Aires, Debate, 2015, p. 152.
5 Hablamos de una formación semiconial para caracterizar un país que tiene una economía atrasada y dependiente del capital extranjero y se encuentra sometida políticamente en mayor o menor grado a las
forma lacónica. Por ejemplo, Alfredo Zaiatcuando se refiere a la cesión de soberanía jurídica en las emisiones de bonos muestra una gran incomodidad en admitir: “Este costo inmenso, simbólico, político y económico, fue aceptado por distintos gobiernos, hasta en los canjes de deuda 2005 y 2010”6. Otras lecturas desde el oficialismo reconocen que las decisiones del kirchnerismo “no ocurrieron en el marco de un plan de transformación estructural de largo El kirchnerismo presentó como objetivo la conformación de un “capitalismo en serio”, y desde sus primeros tiempos definió como necesario el impulso de una nueva burguesía nacional. En los hechos, esto apenas logró plasmarse en el ascenso de algunos grupos empresarios hasta los primeros puestos de la cúpula económica, apoyados en muchos casos en favores estatales o en negocios vinculados a la obra pública. En estas condiciones, no sorprende que la economía argentina haya vuelto a toparse con los límites que le impone su estructura económica y la expoliación imperialista.Entró en una situación de estancamiento económico ante la cuál se han hecho cada vez más fuertes los reclamos por una reformulación del esquema económico más de fondo;exigencia que viene dando lugar a contrapuntos cada vez más marcados entre el gobierno y sectores empresarios. Si el período que va entre 1976 y 2002 estuvo signado por el impulso de transformaciones estructurales, que tuvieron un alto costo social en términos de empleo, nivel de vida y prestación de servicios sociales por parte del Estado y concluyó con el zarpazo que significó la devaluación de la moneda;desde 2003 en adelante los trabajadores y sectores populares experimentaron una recuperación, partiendo del bajo piso establecido por el feroz ajuste que acompañó la salida de la convertibilidad. Como veremos, esta recomposición responde ante todo al cambio en la dinámica del empleo y los ingresos, resultadode las nuevas condiciones creadas para la acumulación capitalista a partir de 2002. El corte de la tendencia continua a la degradación de las condiciones de vida de la clase obrera, que signaron al período previo y que el gobierno busca atribuir a las políticas implementadas desde 2003, fue algo que sólo pudo lograrse mediante duras luchas, apoyadas sobre el crecimiento del empleo que amplió los márgenes de la fuerza de trabajo para negociar sus condiciones de explotación. Fue la clase
obrera la que logró con duras medidas de fuerza empezar a poner en cuestión la avanzada de
la clase capitalista contra las remuneraciones y condiciones de trabajo. La política del gobierno se acomodó a estas condiciones, y las acompañó con políticas dirigidas a los sectores de menores ingresos; al mismo tiempo buscó compatibilizar las concesiones a la clase trabajadora con las demandas del empresariado. Es esta última la motivación de fondo que encontramos en los cambios que se irán produciendo en la política económica y de ingresos durante los gobiernos kirchneristas. Estas irían desde la regulación de precios y tarifas, con su contraparte de subsidios de diverso tipo a los empresarios, hasta las transferencias estatales tendientes a elevar el nivel de vida de los sectores de menores ingresos.
En el marco de estas relaciones de fuerza entre las clases se puede observar entre 2003 y 2011 una tendencia a la mejoría en la situación de empleo, pobrezay distribución del ingreso, aunque en ningún caso retrotrayendo la situación más allá de la que mostraban estos indicadores a comienzos de los años noventa. A partir de 2012 la tendencia es hacia un nuevo deterioro. Al mismo tiempo que desde el gobierno se dio aire a esta mejoría, se buscó también fijarle un techo, compatible con el mantenimiento de la rentabilidad empresaria en los niveles
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potencias imperialistas.
6Alfredo Zaiat, Amenazados. El miedo en la economía, Buenos Aires, Planeta, 2015, p. 169.
7 Claudio Scaletta, “¿Y dónde están los surfistas?”, Cash, suplemento económico de Página/12, 7/6/2015.
elevados que esta logró a partir de 2002. La consecuencia es que hoy, al cabo de lo que se presenta como una década “ganada”, la mitad de los ocupados perciben a comienzos de 2015 ingresos equivalentes a menos de la mitad de la canasta básica.
El panorama, al término de los tres mandatos kirchneristas, es uno de marcados contrastes.
Por un lado, encontramos a los que efectivamente tuvieron su “década ganada”, los empresarios que la “juntaron con pala”, como ha repetido la presidenta Cristina Fernández una y otra vez. Por otro lado, los trabajadores y sectores populares que durante estos años revirtieron la tendencia al deterioro de sus condiciones devida y recuperaron algo de lo perdido; peroque no lograron de conjunto pasar del “infierno” al “paraíso”, por tomar la metáfora de Néstor Kirchner, y ahora se encuentran ante la perspectiva de un nuevo purgatorio con los candidatos de la profundización del ajuste.
El objetivo de este libro es desarrollar una mirada marxista de la economía argentina durante el kirchnerismo. Es decir, una caracterización de las condiciones materiales, relaciones de clase y lineamientos de política económica que caracterizaron al período que siguió a la salida de la
convertibilidad, las contradicciones que ha desarrollado y las perspectivas a futuro. Lo hacemos estableciendo un contrapunto con las principales lecturas que disputan el balance del período kirchnerista: los que defienden a rajatabla los mitos que ha construido el kirchnerismo sobre lo que ha dado en llamar el “modelo de crecimiento con inclusión social”, y las posturas críticas que se hacen desde una reivindicación del libre mercado, de las políticas aperturistas y liberalizadoras amigables con los empresarios. La confrontación entre ambas visiones se remonta casi al comienzo del período kirchnerista, pretendiendo excluir del teatro de conflicto cualquier visión alternativa. Y sin embargo, podemos observar una unidad profunda en aspectos fundamentales. Como veremos a lo largo de este libro, ambas posturas aceptan como incuestionables las condiciones de dependencia y opresión imperialista que caracterizan a la economía semicolonial argentina, con diferencias que son más de forma que de contenido.
Nuestro análisis y nuestra crítica del período kirchnerista poco tienen que ver con estos planteos. La acumulación de desequilibrios de la economía argentina y el malestar creciente en sectores del movimiento obrero son resultado de los límites para la política económica que marcan las restricciones impuestas por numerosos compromisos contraídos a lo largo de las últimas décadas, que fueron puntillosamente respetados durante los gobiernos kirchneristas a despecho de los discursos que pretendieron lo contrario. El intento de manejar los desequilibrios emergentes durante estos años y administrar mediante la intervención estatal la contradicción entre las aspiraciones y exigencias de los trabajadores y los sectores populares, se chocó con estos límites, que mostraron la baja “tolerancia” del capitalismo atrasado y dependiente argentino para responder a las mismas.
El (bajo) techo puesto por el kirchnerismo para la mejora en las condiciones de vida de los trabajadores y sectores populares, sólo podría superarse cortando de raíz la expoliación imperialista, avanzando firmemente sobre la renta parasitaria y la especulación. Pero es justamente esta orientación lo que vino a abortar desde el comienzo el proyecto kirchnerista de un “capitalismo en serio”, impulsando la ilusión de que en su seno podrían conciliarse los intereses contradictorios que desgarran a esta sociedad basada en la explotación. El auge y ocaso del “modelo”, pone en evidencia que solobajo condiciones extraordinariamente favorables y de breve duración, puede sostenerse esta cuadratura del círculo. El final que estos doce años de gobiernos kirchneristas deja es un capitalismo tan seriamente semicolonial y dependiente como antes. Y no podía ser de otra manera, ya que cambiar este orden de cosassoloes posible mediante una ruptura con el imperialismo y con el orden capitalista.
La crítica de la economía política del período kirchnerista que realizamos en este libro es una apuesta a contribuir al desarrollo de esta alternativa, quesolo puede surgir si cobra fuerza material en millones de trabajadores la idea de que es necesario fortalecer una alternativa política independiente para luchar por transformar de raíz este orden social basado en la ganancia, expropiando a los expropiadores capitalistas y reorganizando colectivamente el conjunto de la producción en función de las necesidades sociales.