Rolando Astarita 24.11.2015.
Frente al referéndum, el FIT y otras organizaciones de izquierda llamaron a votar en blanco (lo mismo hice en notas publicadas en el blog). El argumento central de la izquierda fue que el voto en blanco era importante para no hacerle el juego a la derecha (…)
Voto en blanco, ¿qué balance?
Rolando Astarita (24.11.2015)
Frente al referéndum, el FIT y otras organizaciones de izquierda llamaron a votar en blanco (lo mismo hice en notas publicadas en el blog). El argumento central de la izquierda fue que el voto en blanco era importante para no hacerle el juego a la derecha; y que representaba un pronunciamiento contra una salida a la crisis en manos del gran capital y sus partidos, y a favor del desarrollo de una alternativa política propia de los trabajadores.
Pues bien, el resultado del domingo dice que el voto en blanco fue mínimo. También fueron mínimas otras formas de repudio a las alternativas que se presentaban, tales como el voto nulo o la abstención.
Ya a raíz de los resultados de la elección anterior planteé que para los socialistas el dato más relevante era que el 92,6% de los votos, a nivel de todo el país, había ido para los cuatro primeros partidos burgueses (aquí). A la vista del resultado del último domingo, el balance es aún más sombrío. El porcentaje de votos en blancos fue menor incluso que los votos que obtuvo el FIT en agosto.
Con lo anterior no estoy diciendo que la izquierda debería haber recomendado votar a Scioli, o a Macri. La realidad es que el voto “positivo” hoy es capitalizado políticamente por los partidos burgueses. En palabras de Sabatella, “en la confrontación entre los dos modelos, la mitad de Argentina se pronunció a favor de nuestra propuesta”. En el mismo sentido, los representantes de Cambiemos dicen que el resultado del ballotage significa un aval de los electores a su programa. La única alternativa coherente de la izquierda entonces era el voto en blanco (o el voto nulo). La izquierda marxista no puede quedar pegada a estos programas burgueses que, por otra parte, son muy similares.
Sin embargo, la cuestión a dilucidar es por qué la inmensa mayoría de la población desoyó el llamado de la izquierda. Mi respuesta, que la he adelantado en la nota citada (y en notas anteriores), es que el ideario socialista está quebrado en la conciencia de las masas. Y esto adquiere su máxima expresión en el ballotage, y en el hecho de que incluso gente que había votado al FIT, o a otros partidos de izquierda, finalmente parece haber dado su apoyo a alguno de los dos candidatos principales.
Por supuesto, mi explicación de la situación en que se encuentra el socialismo es solo una hipótesis y estoy abierto a escuchar otras explicaciones. Pero no podemos desconocer la dificultad. Y esta no se supera diciendo “nos veremos en las próximas luchas”. Estas “salidas” no son salidas. El problema es ideológico y político. Por eso hay que ponerlo en la agenda de discusión de la izquierda. Hay que mirar las dificultades de frente, sin empañarlas con frases consoladoras.

