Al Dorso 28.05.2016.
Apenas se vio un dedo de una de sus manos, la angustia fue primicia. El primer testigo del descubrimiento fue un muchacho que se permitió una pregunta fuera de la lógica performativa.
MONTAÑA DE MUERTOS
Al Dorso (28.05.2016)
Apenas se vio un dedo de una de sus manos, la angustia fue primicia. El primer testigo del descubrimiento fue un muchacho que se permitió una pregunta fuera de la lógica performativa.
El dedo comenzó un espiral de inquietud para no parar hasta ver el cuerpo entero. Al quedar de plano completo, poco cambió la perspectiva. La montaña tenía 50 metros. Quizás un poco más. Uno arriba del otro hacía de la torre un continuo de carne y hueso. Una cadena de responsabilidades.
Lo primero que se hizo fue volver a taparlo. El descubrimiento fue un hecho fortuito que nada tenía que ver con la vida debajo de un árbol, viendo pasar las nubes. Y es claro, nadie estaba dispuesto a enfrentar a los hedonistas contrasistémicos que quieren seguir escarbando. Además era de color rojo (según trascendió), poco común en la zona. Lo pintoresco del caso provocó una marea de levantamanos para emitir una pregunta.
No funcionó. Al poco tiempo el dedo volvió a la realidad. La vida se volvió pendiente de ello y no era agradable. Se cortó el dedo. Para que esperar mayores reacciones. Arriba se construyó una hermosa parada de colectivos. Pintada con brillantes colores y techo transparentes. Al principio algunos comentaban la situación. A las pocas semanas se ofendían por que los colores no representaban a la ciudad. Al mes pocos aguantaban lo que se había gastado en construirlo.
La segunda pasada de pintura puso una mano de piedad. Los colores eran aceptables. La mayoría cedió al nuevo motivo estético. Además era más luminoso y se podía estirar más fácilmente la mano.
Al año el dedo volvió a acudir para romper el degradé. No se esperó reacción. Se colocó un conito con la bandera nacional arriba. No hubo motivo a comentario alguno. Y el tiempo hizo lo suyo. La descomposición de alguno de ellos reducía el riesgo de que un inoportuno saliera a la superficie. Además siempre se tenía disponible un pincel y un balde de pintura.


